La Emergencia del centro asistencial tiene un baño operativo pero sin agua constante. En las habitaciones los familiares compran cloro o desinfectante para asumir la limpieza de los espacios. Testimonios aseguran que el agua que llega está sucia y ha ocasionado enfermedades en la piel a pacientes.

Caracas. Sofía* pasó una semana con su mamá recién operada en el Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño. En la sala de cirugía IV del piso 10, donde estaban, el agua llegaba interdiario a las 10:00 p. m. y durante 20 minutos. Era la única oportunidad para los familiares de llenar un tobo grande.

“Eso nos daba chance de llenar un tobo tipo de basura. Lo utilizábamos la mayoría para bajar la poceta. Había quienes lo usaban para bañarse porque no tenían cómo comprar agua, pero yo la verdad, tampoco es que utilizaba mucho eso. La utilizaba era para hacer pipí porque aparte el agua estaba contaminada”.

La escasez de agua obligó a Sofía y a los otros acompañantes de la habitación a convertirse en personal de limpieza y a cargar envases de cinco litros, para que sus familiares pudieran hacer sus necesidades.

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Foto referencial: Crónica Uno / Miguel González

La joven ideó una estrategia. Su hermano llegaba al hospital para cuidar a su madre un par de horas, mientras ella aprovechaba para ir a su casa a bañarse y hacer sus necesidades básicas.

En su casa cargaba agua que llevaba al hospital, en envases de cinco litros, para que su mamá se bañara. Ambas se cepillaban con agua potable que compraban.

“Los pipotes estaban negros porque el agua estaba muy sucia. De verdad, nosotras no veíamos ni el día ni la hora de salir de ahí. Además del agua el colchón donde dormía con mi mamá era una gomaespuma que ni plástico tenía. Uno tuvo la posibilidad de comprar muchas cosas, pero había personas que no podían”.

La situación en el Pérez Carreño no es un hecho aislado. La Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) reveló en su informe semianual de 2024 que siete de cada 10 centros de salud en Venezuela tuvieron un suministro de agua intermitente debido a las fallas de los servicios públicos.

La investigación detalla que 47 % de los hospitales monitoreados reciben el servicio de agua a través de cisternas, un mecanismo costoso e insuficiente.

“Se están dedicando recursos adicionales para poder tener agua en el hospital, ya que la distribución por tubería no es suficientemente regular para poder abastecer los centros de salud”, dice la ENH.

Agua contaminada

Una de las pacientes de la habitación donde se encontraba la mamá de Sofía presentó una reacción cutánea justo después de bañarse con el agua del hospital.

Los familiares deben llevar botellas de litro o cinco litro de agua para poderse asear./ Foto referencial: Crónica Uno

“A una paciente de al lado le dio una alergia y llamaron a la doctora. La doctora sospechó de escabiosis por el agua. Es que el olor del agua era horrible”, relata Sofía.

Ante la sospecha de sarna la rutina de higiene personal de madre e hija acordaron que solo usarían el agua del hospital para bajar el inodoro. También utilizaban alcohol y gel antibacterial cada vez que iban al baño.

El aseo de su mamá, una necesidad esencial para evitar infecciones postoperatorias, se limitó a días intermedios y no se lavó el cabello hasta que regresó a su casa con el alta médica.

“Ella se bañaba del cuello para abajo y con el agua que yo llevaba de mi casa, porque desde que yo escuché lo de la escabiosis me dio miedo”,

detalla Sofía.

Pacientes limpian y desinfectan

La limpieza de la habitación y el baño también era escasa, por falta de personal y porque la misma ausencia del servicio de agua limitaba la tarea de desinfectar los lugares.

La mayoría de los baños no tienen agua por tubería. | Foto del área de Emergencia del hospital Pérez Carreño | Crónica Uno

“La persona que viene a limpiar, creo que venía como cada tres días. La verdad es que no le agarré el ritmo”,

dice Sofía.

Cansados de la suciedad y el hedor los acompañantes de los pacientes tomaron la iniciativa de higienizar el espacio por su cuenta. Compraron cloro y desinfectante, y tuvieron que pedirle prestado al personal de mantenimiento una escoba y un coleto. Aunque aclara que los doctores nunca les pidieron artículos de limpieza como colaboración.

Las condiciones físicas del baño complicaban aún más la situación de los pacientes: el tobo para el agua de la poceta estaba justo en el desagüe de la ducha, lo que obligaba a bañarse fuera y dejar el piso encharcado.

“Dejamos como que todo eso empantanado y teníamos que limpiarlo nosotros mismos. Lo hacíamos para que nuestras pacientes pudieran tener un baño medianamente mejor porque la situación era horrible y daba asco”, 

describe Sofía.
Foto referencial: Crónica Uno / Miguel González

El colapso en otras áreas

La situación no es exclusiva del piso 10. Al entrar a Emergencia el aire golpea con una mezcla de desinfectante débil, sudor y un aroma a medicamento mezclado con orina y vómito.

Solo un baño estaba en funcionamiento y se ubicaba en el área de observación, pero sin agua. Crónica Uno observó que los inodoros tenían orina concentrada ‒una muestra que permaneció ahí por horas‒, los lavamanos solo eran un adorno y las papeleras estaban rebozadas.

La sala tiene aproximadamente 20 camillas, todas ocupadas, dispuestas 10 a cada lado del pasillo. Al final se escucha las las máquinas y el “bip” que marca el latido de los pacientes conectados a aparatos.

Alrededor de cada cama hay botellas de agua de 1.5 litros que llevan los pacientes. Una imagen que demuestra la dependencia de la autogestión incluso en las áreas más sensibles del hospital.

Se necesita más que infraestructura

En abril de 2022 el gobierno de Nicolás Maduro anunció la “inauguración” de un pozo de agua profunda en el hospital Pérez Carreño, con capacidad para producir ocho litros por segundo (690.000 litros diarios). Un anuncio similar se hizo para el hospital Oncológico Luis Razetti.

Sin embargo, Crónica Uno hizo un recorrido el 16 de octubre y obtuvo testimonios de pacientes que indicaron que el pozo del centro asistencial presuntamente no está operativo, por lo que el suministro de agua potable no es continuo.

“El sistema de distribución y de bombeo de muchos hospitales está dañado. Aún teniendo agua en los tanques o en pozos, el servicio no es continuo. Lo importante no es que haya agua, sino que haya suministro todo el día para asegurar la atención”,

detalló el especialista en Salud Pública consultado por Crónica Uno, quien prefirió anonimato por medidas de seguridad.

El experto recordó que hace más de siete años se construyeron pozos en los 12 hospitales más importantes de la ciudad, pero la mayoría dejaron de funcionar en los últimos seis años. “Se llevaron los equipos, los tableros y no funcionaron como debían”.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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