Esta parroquia, una de las 32 del área metropolitana de Caracas, hoy llega a sus 400 años de fundada. Lo que se conoce de Petare son los partes policiales, las tendencias en las redes sociales cada vez que ocurre un enfrentamiento. Pero adentro, en el barrio, hay otro mundo. Gente emprendedora, pujante, con arraigo y luchadora por el gentilicio de ser petareños.

Caracas, “Yo soy de Petare, lugar que es zona roja. Voy a hablate claro, no voy a caete a coba. Todos los días matan, todos los días roban. Si eres asesino y tienes plata te condecoran… Aquí hay más de quinientos barrios. Con miles de prostitutas, millones de sicarios. Hay en banda violadores, con muchos psicópatas también…”.

Esa es parte de la letra la canción “Petare, barrio de Pakistán”, del rapero Prieto Gang, que hoy en día tiene más de 12 millones de visitas en la red social Youtube.

Cuando se menciona la palabra Petare, todo es rojo y alarmas, y canciones como las de Pietro Gang hacen de esa zona –que llegó a ser en la época de Colonia el puente comercial entre Caracas y el oriente del país– el patio trasero de la capital.

Luego, por años se ha dicho que Petare es el barrio más grande de Latinoamérica y que está entre las 10 parroquias más violenta del país. Pertenece a Sucre que es el segundo municipio más violento del Área Metropolitana de Caracas (AMC), según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) con una tasa de 87 muertes por cada 100.000 habitantes.

En el año 2019 la parroquia Petare fue considerada como la más violenta del municipio y del AMC. 16 % de los homicidios del año pasado ocurrieron en esa zona, que ha sido tendencia en Twitter por las constantes balaceras protagonizadas por la banda de “el Wilexis”, formada por más de 200 hombres.

Petare
Foto: Tairy Gamboa

Pero hablar aquí de esa violencia, es quitarle el protagonismo a los 400 años de la fundación de Petare, que se celebran este 17 de febrero, donde vive gente valiosa, pujante, que le echa un camión a la vida y que no tiene afán de ser visible o de ser tendencia en las redes solo porque viven en Petare.

Freddy Alvarado, técnico radiólogo: Me fui a La Guaira y regresé. Aquí me casé con una colega y cumplimos el sueño de tener nuestro propio consultorio. No soy médico, pero la gente confía cuando le digo que puede tener una lesión o cualquier otro diagnóstico. Los refiero a los hospitales. Aquí me he desarrollado profesional y personalmente. Petare tiene mucho para dar.

Foto: Tairy Gamboa

La Agricultura, 1° de Mayo, El Carpintero, barrio El Nazareno, El Morro, Balkara, Maca, La Línea, El Carmen, El Obelisco, La Machaca, Las Brisas, El Chorrito, San Blas, La Invasión, El Hueco, El Encantado, Las Praderas, El Mirador del Este, El Tanque, Pablo VI, Buena Vista, San Miguel, 19 de Abril, El Torre, San José, 12 de Octubre, Pumarrosa, Angarita, Cuñumero, El Araguaney, Barrio Bolívar, Antonio José de Sucre, La Bombilla, José Félix Ribas, 5 de Julio y 24 de Julio, son los barrios famosos de Petare, donde hay una población, según la última actualización del Instituto Nacional de Estadística de 2016, de 1.187.081 habitantes.

Se cuentan entre ellos a la señora Nancy y a Nairobi, su hija; a las hermanas Campos; a Berta, la abuela de Edgar José Martínez, del quinteto basquetbolista Guaiqueríes de Margarita, y a muchos otros que usted conocerá líneas abajo y que no creen en mitos, en cuentos de camino, en historias de fantasmas. Más bien dicen: Yo soy Petare.

“Petare es todo”
Petare
Foto: Tairy Gamboa

Nancy Josefina Mata abre la puerta de su casa cuando apenas faltan 10 minutos para las 8:00 a. m. La reja tiene el seguro puesto y ni siquiera ha montado el primer café del día. Cuando muestra su rostro, lo primero que se asoma es una sonrisa de oreja a oreja y unos buenos días que salen del estómago aún vacío.

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Ella personifica la alegría, como buena oriental. “A mal tiempo, buena cara”, es el refrán que va con su personalidad. Su papá, Domingo Mata, fue fundador del barrio San José y lo dice con orgullo, pese a que su casa por mucho tiempo era la única que se veía doblada, montada en una colina.

“Me daba pena con mis amiguitas, pero me divertí mucho. Mi papá nos trajo aquí desde Cariaco, tenía nueve años, aquí todo esto era rural y él poco a poco fue transformado el rancho que compró por 500 bolívares. Recuerdo que le ponía un candado a la puerta, pesaba más que las paredes y el techo de zinc”, ríe con total despreocupación al recordar esa anécdota.

Con los años, el barrio fue cambiando, las escaleras de barro fueron sustituidas por cemento, también la calle, llegaron los postes de luz y el agua por tubería.

Así, en medio de todo, la gente vivía feliz. “Aquí no todo era bueno, pero tampoco todo era malo, se hacían las fiestas de Carnaval, el Nazareno en Semana Santa, se celebraba el patrono San José. La solidaridad siempre estaba en todas las puertas. ‘Vecina, yo tengo’, esa frase no faltaba”.

Con la crisis social y económica todo eso ha cambiado. Pero no es en Petare que sucede esa transformación, es en toda Venezuela, donde la gente sobrevive. Nancy es el vivo ejemplo, compró una tetita de café que preparó en una hornilla eléctrica que le prestó una amiga. Una hornilla que es el residuo de una olla arrocera y que tiene montada sobre un bloque gris, la usa cuando no tiene gas. 300.000 le cuesta cuando la compra a la gente del Clap y entre 7 y 9 dólares cuando lo hace en las ventas clandestinas, muy poco sucede esto último.

Nancy, quien no deja de sonreír, tiene una hija, Nairobi, que pronto va a cumplir 15 años, y quien camina con un tutorial en su pierna izquierda desde hace un año, cuando la operaron para corregir una desviación en la cadera. “Para quitárselo necesito 1400 dólares. Obviamente no tengo ni para la bombona, pero aquí voy, soy estilista, doy masajes, se hacer muchas cosas”.

Salvino Duque, odontólogo: “Vivo en El Cerrito y de ahí no me voy. Tengo 45 años siendo un servidor aquí. Ayudo a la tercera edad con sus tratamientos, participo en jornadas asistenciales. Me siento muy orgulloso de ser petareño”.

Foto: Tairy Gamboa

Trabajó como estilista cinco años en Venevisión y nueve en Radio Caracas, hasta su cierre. Ahora su lugar de trabajo es su casa. “Fui a un banco a pedir un crédito para mejorarla y ampliar la peluquería y me dijeron que para Petare no daban préstamos”, así nos ven desde afuera. Pero yo quiero decir que somos más que el Wilexis. Somos gente emprendedora y trabajadora”.

Nairobi la secunda con cada palabra y pide a los demás tener más empatía: “Amo Petare”.

Nancy no tuvo recelos en mostrar el techo de su casa que cede por una filtración y repite soltando una carcajada: mi papá se la estaba comiendo cuando hizo la casa, se creía todo un albañil.

A ella la conocen como “la peluquera” y es parte de la Gente Buena de Petare. Hospitalaria y con sazón. “Y es eso lo que tenemos, que somos abiertos, colaboradores, familiares…”.

Petare
Foto: Tairy Gamboa

El barrio San José en la entrada tiene una capilla donde se resguarda al patrono San José. La hizo Jesús Antonio Campos, que en paz descanse. Él fue promotor deportivo, cultural y recreativo de la comunidad.

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Foto: Tairy Gamboa

Sus hijas, Doris y Marbis, que viven cerca de 50 escalones más debajo de la vía desde donde se ve a Nancy en la ventana, son personas humildes y con un amor profundo por Petare.

“Para mí es todo. Yo me fui cuando tenía 20 años para España, luego regresé y me mudé a Santa Elena de Uairén, pero aquí estoy. Nací y crecí aquí. No tengo una referencia fea de mi parroquia. Me gustaría seguir con el legado de mi papá. Todavía su polideportivo está. Sé que hay muchos muchachos por mal camino, si estuviera en mis manos ayudarlos y rescatarlos como lo hizo mi papá –quien dio muy bueno valores a sus hijos–, no lo dudaría”.

Doris siente un apego enorme por la comunidad, tanto que por momentos sus ojos se llenan de lágrimas, y es más por la desatención gubernamental en la que se encuentran. Todos los servicios básicos fallan en la zona, precariedad que sienten más pues tiene un caso de salud que necesita apoyo. La niña de Marbis, quien sufrió meningitis, requiere rehabilitación, exámenes, vitaminas, pañales. Doris es enfermera, Marbis es docente. Ambas piensan seguir en Petare, sus raíces están profundas. Desde su casa se ve parte del barrio José Félix Ribas, donde las bandas delictivas tienen su accionar, pero eso no las intimida ni las motiva a salir del barrio.

Foto: Tairy Gamboa

Yerson Latán Martínez, de 34 años de edad, habla con ellas, las abraza y les dice que todo va a mejorar. Los niños de la casa le dicen hermano. Y es que él está en una congregación cristiana. Canta, ha compuesto cerca de ocho canciones para la iglesia, toca la guitarra y es un activista comunitario. Se interesa por todos. “Cuando uno viene de la calle, uno entiende el sufrimiento de los otros”.

De su pasado le nace el trabajo humanista y si por él hubiese sido, hace que todas las puertas del barrio San José se abrieran para que se vieran los rostros de los buenos petareños.

A Berta Sicilia Herrera la conocimos por su empeño de seguir pateando el barrio. Una señora corpulenta, de esas morenas barloventeñas, que desde hace 30 años se hizo petareña. Vivió en la zona 2 de José Félix Ribas, luego en Agricultura hasta que llegó a San José y en donde crió a tres hijos. Ahora su cuenta llega a 23 nietos y 12 bisnietos, todos nacidos en la zona.

“Me enorgullece que sean buenos muchachos. Uno de mis nietos juega para Guaiqueríes de Margarita, Edgar José Martínez. Es una referencia aquí en el barrio, cuando sale en la televisión todos por aquí están pendientes. Él vive con nosotros, cuando tiene temporada se va a Margarita”.

Petare
Foto: Tairy Gamboa

Berta escucha el sonido de las balas producto de los enfrentamientos entre bandas, pero prefiere recordar los carnavales, a los buenos vecinos, el buen clima de la parroquia. “Soy petareña y mirandina”.

Igual que lo hizo con las hermanas Campos, Yerson abraza a la señora Berta. Ella le devuelve el gesto, aunque su mirada no coincide con él. Perdió la vista, desde hace dos años, porque no consiguió más nunca unas gotas para controlar el glaucoma y ahora padece discapacidad visual.

De nuevo, hay que agarrar aire para subir más de 50 escalones desiguales y sortear la caca de los perros. De ahí, Yerson guía el camino para el encuentro con Belkis Valladares, una odontóloga que consiguió labrar camino en esta parroquia.

Antes de llegar a su consultorio, ubicado en pleno centro de Petare, Yerson cuenta que su infancia fue triste, la forma de crianza de su mamá, quien lo castigaba por todo, lo empujó a salir de la casa. Estudió hasta tercer año y ya en su juventud, luego de aprender de las andanzas de la calle comprendió que ese no era su destino: había otra cosa para mí, y la estoy experimentando ahora.

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Foto: Tairy Gamboa

Toda su vida ha estado en el sector Los Aguacaticos, parte alta de Petare, y aunque no tiene destreza para saber la ubicación de todas las comunidades, por todos lados tiene amigos, como es el caso de Belkis, a quien encontramos pelando unas verduras.

Atiende con la misma amabilidad. Se limpia las manos y nos dirige a su consultorio, justo al lado del primer negocio donde vende empanadas. A los 12 años se la trajeron de Guanare, estado Portuguesa y desde entonces es nativa del José Félix Ribas. “Qué agradezco a Petare, que aquí pude estudiar, fui a la UCV y me quedé aquí como profesional. Pude montar mi negocio y mis dos hijos están conmigo aquí. Son técnicos dentales. Me gusta aquí porque la gente es muy alegre, Petare es como una mina, y su gente trabaja con voluntad. Es un centro de comercios por donde se mire, ese es su potencial”.

Foto: Tairy Gamboa

Lo mismo siente Miguel Azuaje, un fotógrafo de la zona, que llegó hace 40 años desde Boconó, estado Trujillo. “Esta tierra es mi vida. Cuando viajo a los Andes, a los dos o tres días quiero regresarme aquí. Extraño el bullicio, las motos. Aquí converge lo rural, con la ciudad, lo colonial con la actualidad. Cuando veo esas estructuras históricas pienso en el pasado, en todo lo que se labró en estos suelos”.

Foto: Tairy Gamboa

Petare fue montañas de cacao, luego de café. Ahora está minado de casas de ladrillos rojos sin frisar que se mezclan con algunos edificios. Durante los últimos 15 años, el gobierno de turno quiso hacerla pujante, con la construcción del Cable Tren que llegó solo a tres estaciones y del Metro Cable que solo llegó a Mariche. Incluso, llegaron a ofrecer escaleras mecánicas para los barrios más altos y nada se materializó.

Hoy en día, la gente en Petare vive del día a día. Esa es la cuna del comercio informal. Venta de comida, obreros, electricistas, trabajadoras domésticas, mototaxistas, peluqueras se alzan con el grueso de la oferta laboral.

vecinos barrio Petare
Foto: Tairy Gamboa

Oswaldo Valdino lo dice: esta es tierra de talentos. “Aquí la movida artística y cultural es enorme. Soy de San Blas y de ahí no me voy”.

Es de profesión tatuador y ha ganado premios nacionales con su arte, que según dijo pasará a sus hijos, así como su papá lo dejó en él.

tatuajes Petare
Foto: Tairy Gamboa

Petare es un museo abierto. En San Blas hay murales, afiches, con formas geométricas y coloridas que dan equilibrio a las construcciones no planificadas en un boceto de ingeniería.

También la zona de las Fechas Patrias hace honor al constructor nato que dio paso a escaleras asimétricas, a casas de cinco pisos con balcones sobresalientes.

“Y es que esta parroquia es eso, es cultura, es historia y es la actualidad”, dice Francia Coa, bioanalista que tiene más de 15 años trabajando en Petare. “Cuando tengo que viajar o tomar vacaciones no consigo un colega que quiera venir hasta aquí. Tengo que cerrar el negocio y lo que no ve la gente es que aquí todos nos apoyamos, aquí todos somos solidarios. Si vienen a robarme, todos en esta calle me van a apoyar. Eso es lo que tenemos la gente que hace vida aquí, que hay vida, aunque nos tengan olvidados, aunque sea la parte roja de Venezuela”.

bioanalista Petare
Foto: Tairy Gamboa
Petare 400 años
Foto: Tairy Gamboa

Víctor Cortés, barbero: “Llegué de Colombia en 1975 al José Félix Ribas y lo que puedo decir es que hay algo aquí, el calor, el sentir de la gente que hace esto único. Tengo amigos que me dicen que me vaya de aquí, pero no, aquí está todo lo que tengo”.

Vecinos Petare
Foto: Tairy Gamboa

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