Expertos como Carlos Calatrava, exdirector de la Escuela de Educación de la UCAB, y Fernando Pereira, fundador de Cecodap, coinciden en la necesidad de resignificar las tareas, para que vuelva a ser un complemento efectivo y no un intento fallido de subsanar las fallas estructurales del sistema educativo.

Caracas. Para Elena Durán, representante de dos niños que cursan estudios de primaria, la esencia de las tareas en el sistema educativo venezolano desaparece. Lo que debería ser un sencillo repaso, con ejercicios de Matemáticas, caligrafía, manualidades o lecturas controladas, se transformó en investigaciones exhaustivas o proyectos desproporcionados.

Esta sobrecarga no es un simple exceso para esta madre, sino una transferencia de responsabilidades. Considera que se debe a la falta de tiempo en el aula por ausencias de docentes o actos, lo que lleva a los maestros a enviar la clase completa como “tarea”.

“Mis hijos estudian en una institución pública y les envían guías de actividades, maquetas y proyectos al cierre de mes, que muchas veces no los realizan ellos o con los que realmente no están aprendiendo. Antes sí eran repaso y tareas de calidad”.

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Se anunció una regulación de tareas en el sistema educativo. | Foto: Maryerlin Villanueva

El Ministerio de Educación informó sobre un nuevo decreto para regular las tareas escolares en el país, con el objetivo de que sean “más útiles”, claras y tengan tiempos definidos de ejecución para respetar el descanso de niños, niñas y adolescentes.

El decreto, que se anunció el 3 de diciembre, aún no tiene una fecha precisa. El ministro Héctor Rodríguez indicó que también se incluye la necesidad de un plan de formación docente y una reflexión sobre los métodos de evaluación.

La escolarización, cuenta Elena, demanda un costo económico y una dedicación de tiempo que recae directamente en las familias, ya que estas se ven obligadas a organizar reuniones, comprar materiales y elaborar maquetas.

De acuerdo con el análisis de expertos consultados por Crónica Uno, la medida evidencia el profundo deterioro del sistema educativo venezolano y la urgencia de reenfocar el proceso de enseñanza en función del bienestar estudiantil.

La normativa, que según la información oficial busca aliviar la sobrecarga que genera estrés en alumnos y familias, es vista por los especialistas como un paso hacia la “resignificación” de las tareas, pero no como la solución definitiva a las carencias estructurales que padece la educación en Venezuela.

Reenfocar las tareas

Carlos Calatrava, educador y exdirector de la Escuela de Educación de la UCAB, explica que la propuesta no es eliminar la tarea, sino cambiar su significado para que vuelva a ser un complemento efectivo.

“Lo propuesto no es la eliminación de las tareas, sino la valoración de la forma tradicional en la que se asignan. El consenso radica en cambiar el significado actual de las tareas, a fin de volverlas a entender y aplicar como un complemento efectivo a las estrategias de enseñanza”.

Según Calatrava, lo consensuado es el mantenimiento de las tareas, pero con un sentido más vinculado con el desarrollo de competencias y las evidencias concretas de aprendizaje.

Expertos aseguran que deben existir una reforma del sistema educativo. |Foto: Manuel Díaz

Añade que para esto el sistema educativo requiere de una importante adecuación y dotación de recursos para el cumplimiento de verdaderas secuencias complementarias con criterio de mediación pedagógica, la actualización profesional de los docentes que cumplen sus funciones en los niveles obligatorios –primaria y media—, así como el mejoramiento de las estrategias de vinculación de las familias con la escuela.

“Las tareas escolares implican el verdadero trabajo en equipo entre estudiantes, padres y equipos directivos”.

No sustituyen las carencias

Fernando Pereira, educador y defensor de los derechos de la niñez y la adolescencia, insiste en que la regulación debe entenderse como parte de una revisión integral, ya que las tareas no logran subsanar las fallas que arrastra el sistema educativo venezolano.

”Es una ilusión pensar que porque los niños o los adolescentes dediquen más tiempo en casa a hacer ejercicios o determinadas asignaciones, eso va a suplir la falta de profesores o del tiempo de clase. Deberíamos insistir en que la educación para desarrollarse depende justamente de contar con las condiciones idóneas”.

El educador menciona como prueba la pandemia de COVID-19, un momento en el que muchos centros educativos optaron por un envío masivo de asignaciones y trabajos a los estudiantes, pero al regresar a las aulas se demostró la ineficacia de esta medida.

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Foto: Gleybert Asencio (archivo)

El experto reconoce que es normal que las familias, ante la precariedad del sistema, se aferren a la idea de que a través de las tareas los estudiantes van a desarrollar las competencias. No obstante, las evidencias demuestran que, a pesar de las horas dedicadas fuera del aula, esa práctica “en modo alguno sustituyó el rol que debe tener la educación con los docentes, el aula y las estrategias pedagógicas”.

Pereira subraya que la solución a la crisis educativa pasa por garantizar las condiciones óptimas —docentes presentes, aulas funcionales y estrategias adecuadas— y no por delegar en las tareas domésticas la responsabilidad de formación que recae en el sistema.

A más de un responsable

Pereira advierte que las tareas se vuelven un generador de estrés y conflicto cuando son excesivas y desproporcionadas, cuando restan horas de sueño y descanso, al desconocer el desarrollo evolutivo del estudiante, su ritmo de aprendizaje o sus necesidades cognitivas y al exigir el uso de materiales que el niño o niña no puede costear o conseguir.

Sin embargo, el educador dice que atribuir a las tareas la “única causa” de la violencia familiar es una “salida simplista” que ignora los multifactoriales estresantes de la realidad venezolana. La tarea, en esos escenarios de crisis, puede ser solo un elemento del problema mayor.

Por su parte, Calatrava distribuye la responsabilidad de la falta de pertinencia de las tareas en tres grupos de adultos: Padres helicópteros, quienes se enfocan obsesivamente en el resultado y la calificación, controlando cada actividad del hijo, lo que frustra la autonomía y el desarrollo integral. Educadores tradicionalistas, maestros que persisten en la repetición y el sentido punitivo o castigador de la asignación, sin creatividad ni actualización didáctica. Y por último, equipos directivos.

Ambos expertos coinciden en que este debate global exige cambios que involucren una reflexión y actualización de todos los actores en el proceso educativo.

Tareas que estimulan al estudiante

Según Calatrava, las tareas deben estar asociadas a las estrategias de enseñanza ya implementadas y los desempeños específicos propuestos por el educador. Cuando las tareas son simples “reproducciones de actividades de aula o de refuerzo mecánico” y carecen de un propósito claro de profundización, limitan el potencial del aprendiz.

El tres de septiembre pasado, el ministro de Educación autorizó la incorporación de estudiantes que ejercerán como preparadores. Foto: Manuel Díaz

Por su parte, Pereira afirma que el reto para los docentes es diseñar tareas que sean atrayentes, lúdicas y que estimulen la creatividad y la inteligencia social y emocional.

“En un mundo con inteligencia artificial y sobreexposición a la información, las asignaciones deben buscar que los estudiantes piensen, elaboren ideas y disciernan, en lugar de realizar trabajos mecánicos”.

Ambos expertos coinciden que el debate de fondo no está en el número de horas que los niños dediquen a las tareas, sino en todos los factores que inciden en la calidad educativa: la formación docente, la actualización curricular, las condiciones materiales de las escuelas y la existencia de oportunidades culturales y deportivas fuera del aula.

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