Conductores aseguran que la reubicación de líneas de transporte en los terminales, lejos de mitigar la congestión urbana, complica el abordaje en rutas cortas e interurbanas. Los pasajeros aseguran que la medida los obliga a caminar largas distancias y afrontar impredecibles colas para llegar a sus destinos.
Caracas. Para ganarse la vida y alimentar a sus tres hijos, Felicia Rivas, de 38 años de edad, trabaja como contadora los cinco días de la semana. Emprende una odisea de casi 14 kilómetros desde su casa ubicada en Propatria, al oeste de la ciudad, hasta Las Minas de Baruta, en el estado Miranda.
Como no le gusta abordar el Metro por el caos y la suciedad, depende de las camionetas para llegar puntual a la oficina.
Hasta hace pocos días su rutina consistía en tomar el primer autobús, en la parada cercana a su casa, para movilizarse hasta el terminal de Nuevo Circo. Allí, luego de hacer cola por algunos minutos, subía a la camioneta que cubría el trayecto desde El Hatillo hasta Baruta. Eso le permitía llegar a su trabajo a las 8:30 a. m. sin contratiempos.

Sin embargo, desde que reubicaron la línea de transporte desde Nuevo Circo al terminal de paso rápido Ruta 421 en Plaza Venezuela, sus mañanas se volvieron una odisea. En la parada cercana a su casa son casi inexistentes los autobuses que podrían trasladarla directo al terminal y los pocos que hay no se dan abasto para la cantidad de pasajeros.
Cuando no logra irse colgada en la puerta, busca otras alternativas. Aborda una camioneta que la lleva hasta La Hoyada y de allí se dirige al terminal de Plaza Venezuela. O a veces paga un mototaxi.
“Esto me complica mucho las cosas por tiempo, distancia y costos. Ahora gasto el doble en pasaje, 160 bolívares diarios que me parecen excesivos y que a la semana son casi 800 bolívares. La gente como yo es la más afectada con estos cambios porque no toman en cuenta sus necesidades”.

La historia de Felicia es la otros caraqueños que lidian a diario con las dificultades de movilizarse en la ciudad y que con el más reciente reordenamiento de las paradas en los terminales de autobuses, han visto alterada su cotidianidad.
El Impacto en las rutas suburbanas
A través de un recorrido por los terminales, Crónica Uno constató que, lejos de su objetivo de mitigar el caos, esta medida complica el abordaje en rutas cortas e interurbanas.
Pasajeros y conductores aseguran que la reubicación de líneas de transporte obliga a los usuarios a caminar largas distancias, afrontar impredecibles colas y, en muchos casos, a pagar un doble pasaje en transporte informal solo para llegar a sus destinos.

El terminal de pasajeros de Nuevo Circo, ubicado en La Hoyada, aglutina las rutas urbanas e interurbanas que conectan la capital con el estado Miranda.
Sin embargo, desde el 7 de octubre pasado, las líneas de autobuses que cubrían el trayecto Los Teques, Baruta, El Hatillo y Altagracia dejaron de prestar servicio y fueron reubicadas en el nuevo terminal de paso rápido Ruta 421 de Plaza Venezuela y en el terminal La Bandera.
La orden emitida por el Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT), sorprendió a los conductores y afectó a los pasajeros. Nelsón*, un chófer con más de 25 años de experiencia, explicó que la medida fue inconsulta con el gremio de transportistas.

“De un momento a otro se nos dijo que venía un reordenamiento. Muchos estamos perdiendo dinero porque los usuarios buscan las camionetas piratas. Quienes tenían toda la vida viniendo a este terminal para irse a Los Teques o Baruta ahora deben irse a Plaza Venezuela. Allá las colas son más largas, hay más saturación de pasajeros y en las tardes es un caos”, comentó.
Aunado a la pérdida económica los transportistas manifiestan inquietud ante los rumores de una posible desarticulación del terminal Nuevo Circo, abierto al público como una solución temporal al colapso urbano en 1962.
José*, un representante del gremio, aseguró que los chóferes temen al cierre del terminal, que, según fuentes extraoficiales, podría finiquitarse este mismo año. Sin embargo, esta información no ha sido confirmada de manera oficial.
“Supuestamente están en conversaciones para el reordenamiento de todas las líneas que aquí operan. Algunas serán ubicadas en el terminal de oriente y otras en el terminal de La Bandera porque quieren cerrar este terminal. Al parecer, el terreno será usado en la construcción de una Misión Vivienda. De todos modos, esperamos las decisiones que se tomen”.

El caos no distingue rutas
El impacto del reordenamiento logístico en los terminales caraqueños trasciende la movilidad interna de la capital. La medida no solo complica la vida de los usuarios de las rutas urbanas, sino que ha golpeado a los pasajeros de las rutas interurbanas.
En agosto pasado la directiva del Instituto Autónomo de Transporte y Vialidad de Caracas (Intravialca), adscrito a la Alcaldía del Municipio Libertador, anunció la incorporación de las líneas que van de Caracas hacia ciudades dormitorio como Guarenas, Guatire, La Guaira, El Junquito y los Valles del Tuy al terminal La Bandera.
Luis Linares, de 45 años de edad, pasajero de las rutas suburbanas, tiene 20 años vendiendo café y repuestos de carro y moto en Guatire, de donde es oriundo. Cada semana compra mercancía en Catia y se traslada de vuelta a su ciudad natal para venderla en su pequeño negocio.

“Antes yo salía de Nuevo Circo, cargaba mi mercancía y me montaba. Era un solo viaje, directo. Pero con este reordenamiento tengo que irme a La Bandera. No es mucho, pero cuando llevas dos o tres bultos pesados de mercancía, la caminata extra dentro del terminal se vuelve un infierno. El Gobierno dice que están ordenando, pero solo están traspasando el caos y el costo al ciudadano de a pie”.
Un funcionario de Intravialca explicó que con la incorporación de las nuevas rutas de transporte hay un total de 90 líneas que prestan servicio para atender la alta demanda, que supera los 40.000 pasajeros diarios. Sin embargo, admitió que tienen dificultades para manejar el incremento en el volumen de usuarios.
“Las principales quejas son por las largas colas y la aglomeración de gente en hora pico. Creemos que es un proceso de adaptación normal. Los pasajeros nunca están conformes, siempre hay quien resulta afectado, pero es cuestión de acostumbrarse”, señaló.

En el nuevo terminal de paso rápido Ruta 421, las líneas que cubren El Hatillo, Baruta y La Trinidad fueron ubicadas en el andén 6, desde el 11 de octubre pasado.
Jaime*, un conductor de esa ruta, aseguró que el reordenamiento produjo una merma en la cantidad de pasajeros. Muchos no están enterados de la reubicación y algunos prefieren abordar los autobuses de las líneas que aun operan en Chacaíto.
“Antes teníamos una ruta consolidada, ahora a duras penas sale una unidad con cinco o seis pasajeros cada 25 o 30 minutos. Los usuarios se quejan por la demora, pero es que no llenamos los autobuses. Cuando mucho, logro hacer 6000 bolívares diarios desde el reordenamiento. Espero que la situación se normalice porque, como gremio, estamos perdiendo”, expresó.
La experiencia de los usuarios y la frustración de los transportistas demuestran que el reordenamiento de terminales genera más costos y caos que soluciones. Ante esta situación los usuarios insisten en un reajuste de las políticas para una mejora en la movilidad urbana.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
Lea también:
Feligresía aragüeña mantiene viva la esperanza de ver a la madre María de San José canonizada


Los comentarios están cerrados.