La intervención de EE. UU. plantea una ruta de transición que enfrenta obstáculos internos y el silencio de la presidencia encargada. Expertos explican que la liberalización política y la restitución de garantías son pasos indispensables.
Caracas. La Presidencia de la República cambió de manos tras una incursión militar estadounidense, pero en Venezuela aún no hay una transición formal. Así los señalan expertos que, además, aclaran que las transiciones “no son eventos, sino procesos”, a menudo largos y con algún nivel de conflictividad.
Lograr una “transición segura” en el país es una meta de los Estados Unidos (EE. UU.), según declaró el presidente norteamericano Donald Trump el 3 de enero, luego de confirmar la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores. El mandatario dijo, además, que “manejaría” Venezuela hasta lograrlo.
Luego, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, precisó las fases a transitar para cumplir este objetivo. Y La encargada de negocios para Venezuela, Laura Dogu, las ratificó este lunes 2 de febrero: estabilización, recuperación económica y reconciliación, y transición.
Sin embargo, Delcy Rodríguez, quien ahora es presidenta encargada, no ha hecho mención de este proceso. En sus discursos, desde hace un mes, asegura que el establecimiento de una agenda de trabajo con EE. UU., busca alcanzar la paz del país, y el retorno de Maduro y Flores a su patria.

¿Por qué aún no se puede hablar de transición?
Para que un país esté “en transición”, según el abogado Benigno Alarcón, debe ocurrir un cambio en la coalición gobernante y un cambio de régimen, lo que implica la reorganización de las instituciones, un cambio “en las reglas de juego” y la existencia de un Estado de derecho legítimo.
“Inclusive, si hubiese un cambio de gente que nos gobierna y lo otro no se da, no estamos en transición. Si no vean a Egipto: hubo un cambio de gobierno, pero no una transición democrática, al final hubo continuidad de (Hosni) Mubarak”,
puso como ejemplo.
El profesor universitario y experto en derecho internacional explicó que, también, estos procesos de transición necesitan que los costos de mantener el poder por la fuerza superen los costos de tolerar una transformación política.

Para el politólogo John Magdaleno, Venezuela experimenta las consecuencias de una intervención militar extranjera, que resultó en la instalación de un “tutelaje norteamericano”.
Expuso que para que una transición a la democracia se inicie, los gobernantes autoritarios deben reconocer y restituir las garantías que han violado. Lo cual, considera, aún no ha sucedido.
Un ejemplo de esta situación es que autoridades del chavismo siguen sin reconocer la existencia de presos políticos. Cuando hablan de las excarcelaciones se refieren a personas privadas de libertad por cometer delitos.
Magdaleno planteó que el régimen autocrático venezolano «está vivo aún, no ha colapsado» y opinó que no cree que colapse «en lo inmediato».

¿Qué debe ocurrir para iniciar el proceso?
Durante un foro realizado en la Universidad Central de Venezuela, el 29 de enero, Alarcón y Magdaleno coincidieron en que para hablar de una transición es necesario ver cambios con evidencias verificables.
Señalaron que debe iniciarse un proceso de liberalización política, que implica la restitución de garantías que permitan a individuos y grupos ejercer la disidencia y participar en los asuntos públicos.
También es necesario el respeto de la libertad de pensamiento, opinión, expresión, reunión, asociación y prensa, así como la inviolabilidad del hogar y las comunicaciones privadas, y la liberación de presos políticos sin restricciones, es decir, con libertad plena.
Y con todos esos elementos presentes, se puede pensar entonces en la realización de elecciones libres.

En este punto, Alarcón opinó que “no se puede dar la espalda al proceso del 28 de julio del 2024. Es un reconocimiento que merece el país, ese es un gobierno que tiene legitimidad”.
Añadió que, más allá de la simpatía política, el reconocimiento de la elección de 2024 es una necesidad estratégica basada en el tiempo.
Organizar nuevos comicios bajo estándares internacionales tomaría entre nueve meses y un año, un lapso de tiempo riesgoso donde factores externos —como unos resultados desfavorables para Trump en las elecciones de medio término— podrían diluir la presión actual sobre el régimen.
Riesgos de una “reversión autoritaria”
Benigno Alarcón fue enfático en que la presión que ejerce actualmente los EE. UU. sobre Venezuela es finita, condicionada y depende de los resultados.

Mencionó que el principal riesgo de no lograr la transición efectiva y que se dé una reconfiguración del autoritarismo en el país es la fatiga y normalización, si esta fase se prolonga sin avances verificables.
“Las transiciones reales suelen ser largas y en muchos casos son reversibles, en una tasa muy alta terminan revertiéndose”,
dijo, al tiempo que hizo referencia a estudios del politólogo sueco Staffan I. Lindberg y mencionó casos como el de Nicaragua y Túnez.
Magdaleno, por su parte, advirtió que la inestabilidad de un régimen no democrático no necesariamente conduce al establecimiento de la democracia, a menos que intervengan otros factores, como la restitución de los derechos fundamentales.
El politólogo citó la investigación de Albert Estéban y Juan Linz. Mencionó que de 19 episodios de “liberaciones externas” —transiciones a la democracia promovidas por intervenciones militares extranjeras—, 17 tuvieron lugar debido a un conflicto armado previo.
De los 383 episodios de democratización analizados, 145 (cuatro de cada 10) resultaron exitosos en la instalación de una democracia, mientras que seis de cada diez fueron fallidos.
Magdaleno explicó que la tasa de “reversión autoritaria” es superior en las transiciones que inician con intervención extranjera en comparación con las transiciones negociadas, aunque no afirmó que esto vaya a ocurrir en Venezuela.
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