En el centro de Caracas, los vendedores en su mayoría están sin tapabocas, tirados en el suelo, haciendo contacto directo con los compradores que tocan las mercancías, y algunos hasta se las prueban a la intemperie.

Caracas. Altos precios y coronavirus no detienen a los compulsivos citadinos. Hay gente que sin temor dice: “Ya se acabó el virus”. Hay familias que salen con sus muchachos y colman las plazas. Se les ve en el transporte público sin tapabocas, tocando todo a su paso: tubos, asientos, ventanas; no usan gel alcoholado para protegerse de la COVID-19. Ya no hay restricciones. En Caracas todo rueda libre, la pandemia no asusta.

A toda hora del día el centro de la ciudad y las zonas alrededor de áreas comerciales, como Sabana Grande, Catia y Chacao, lucen una procesión de personas que con bolsas tropiezan sin cesar unas con otras. 

El anuncio de Nicolás Maduro, quien administra el país, de llamar a una flexibilización total durante el mes de diciembre fue como el aviso que dan en el hipódromo para dar salida a los caballos: ¡parrrrtidaaaaa!

Tras nueve meses de parcial confinamiento, eso fue como el alta médica para hacer todo lo que se había detenido en el tiempo: fiestas, eventos deportivos, encuentros en los trabajos y para hacer lo propio de la Navidad, la compra de los estrenos. 

Caracas, en el centro, colapsó de inmediato. Los dueños de las tiendas llenaron sus anaqueles de ropa (durante la cuarentena muchas cambiaron al ramo de los alimentos), de lámparas de neón, de perfumes splash, bisuterías, maquillajes. Hay de todo y para todos los gustos: ropa por docena, por unidad, y los precios en dólares.

Los buhoneros –que a principios de mes protestaron porque la Policía Nacional Bolivariana no quería dejarlos en las calles– están a sus anchas. Hay “manteleros” por todos los alrededores de La Hoyada, en el bulevar La Marrón, en Sabana Grande y Chacaíto. Cholas, sostenes, zapatos, juguetes, monos, chuchería, no hay nada que no se oferte en combo. 

Los vendedores en su mayoría están sin tapabocas, tirados en el suelo, haciendo contacto directo con los compradores que tocan las mercancías, y algunos hasta se las prueban a la intemperie.

En el bulevar La Marrón hay largas colas frente a las tiendas de una red nacional que vende telas. Uno pegado al otro, sin distanciamiento social. 

se acabó el virus
Foto: Luis Morillo

A pocos pasos de la estación del Metro La Hoyada también hay colas que pasan la media cuadra para comprar hallacas con pernil. Todo rodeado de basura.

Y hay otra que se hace para entrar en lo que llaman el huequito de La Hoyada, un minicentro comercial, en su mayoría de chinos, donde venden bisutería, maquillaje y productos de peluquería.

A todo ese panorama se suma el hecho de que las calles están colmadas de carros. Las trancas regresaron, aun con la escasez de gasolina. Para llegar al centro desde la avenida Nueva Granada hay tráfico, al igual que en la autopista Francisco Fajardo en dirección a Plaza Venezuela.

Foto: Luis Morillo

Hay muy pocos puntos de control y no hay accesos cerrados. Tampoco hay control para el cierre de los locales. A las 10:00 a. m. hay tanta gente como a las 2:00 p. m. en las paradas del transporte público.

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Foto: Luis Morillo
¿El virus en segundo plano?

En medio de todo este caos no se observan campañas de prevención ni en la vía pública ni a través de los medios del Estado. 

Hay por las redes recomendaciones particulares de médicos que están viendo un repunte de casos en sus hospitales y de organizaciones no gubernamentales que envían alertas del comportamiento del virus. Ese mismo que los transeúntes desafían y que al 21 de diciembre había enfermado a 110.531 personas en el país.

Ahora la enfermedad COVID-19 está en un segundo plano por decisión gubernamental. Un análisis detallado de los casos confirmados (informados) entre el 30 de noviembre y el 18 de diciembre pone en evidencia, de acuerdo con el doctor José Félix Oletta, miembro de Alianza por la Salud, la discrepancia entre el número de casos sintomáticos que aumentan en todos sus tipos 97,7 % (leves, moderados y graves) y los asintomáticos, que se reducen -35,5 %.

Foto: Luis Morillo

“La explicación plausible es que no se están realizando pruebas PCR en personas asintomáticas, y este sesgo de muestreo deja fuera más de 50 % de casos activos de la enfermedad. 

“Es una evidente falla de vigilancia epidemiológica que no permite reflejar la realidad de la epidemia y su tendencia evolutiva, con los datos oficiales”, sostuvo.

Además, dijo, se suman otros errores, como la reducción total del número de muestras, el retardo en el reporte de las pruebas realizadas, el empleo de pruebas rápidas de identificación de anticuerpos no recomendadas para el diagnóstico, y desde hace dos meses la escasísima realización de pruebas rápidas antigénicas (1600 pruebas realizadas de 330.000 disponibles, equivalente a 0,48 %) del total de inventario entregado por Organización Panamericana de la Salud al Ministerio para la Salud para dotar al menos 25 hospitales a escala nacional.

Según el doctor, durante la última semana que corrió se hicieron 29.639 pruebas, y en promedio el número diario de todos los tipos de pruebas durante este mes es de 4234, lo que supone un subregistro de casos y poca vigilancia epidemiológica, a pesar de que el país entero está en una etapa de flexibilización total.

En medio de toda esta deficiencia sanitaria, hay carta abierta para la circulación de personas, de un municipio a otro, de un estado a otro. “En enero se retomará la cuarentena”, llegó a decir Maduro. Por eso, para algunos en la calle, el virus está controlado. “Ya no existe”, como se le escuchó decir a una señora que caminaba apurada con otra mujer por las escaleras de la plaza La Hoyada, y por donde se redujo el espacio para los transeúntes por la cantidad de vendedores informales.

¿Se acabó el virus? ¡Amanecerá y veremos!

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Foto: Luis Morillo

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