Justicia y conservación: el camino de Daniela Rojas hacia el premio Archie Carr
La joven de 36 años está cursando un doctorado. Foto Daniela Rojas

Aunque la bióloga venezolana aplicó por primera vez en el 2016 con una investigación en las costas venezolanas, fue un estudio social realizado en Panamá, el que la consagró como ganadora del Archie Carr, el reconocimiento más prestigioso para estudiantes dedicados a la conservación de tortugas.

Caracas.  Era 6 de marzo cuando el título de su investigación retumbó en los altavoces. En ese instante Daniela Rojas Cañizales conversaba con sus colegas, cuando llegó la sorpresa: se convirtió en la primera venezolana en conquistar el premio Archie Carr, otorgado por la Sociedad Internacional de Tortugas Marinas.

Ocurrió durante el 44° Simposio Internacional de Tortugas Marinas, en Hawái, a donde asistió la bióloga zuliana. Anteriormente postuló sus investigaciones, pero los intentos fueron fallidos.

Este galardón, máxima distinción global para jóvenes científicos en el área, reconoce una trayectoria de perseverancia que inició Daniela en las aulas de la Universidad del Zulia (LUZ) y que hoy trasciende las fronteras nacionales. Su enfoque no solo se limita a la biología, sino que involucra a las comunidades costeras en la preservación de estas especies amenazadas por el tráfico ilegal.

Justicia y conservación: el camino de Daniela Rojas hacia el premio Archie Carr
Su interés por las tortugas comenzó con la película Buscando a Nemo. Foto cortesía Daniela Rojas.

Su pasión por la fauna marina nació de la curiosidad y se consolidó a través del trabajo de campo en el Golfo del país, mucho antes de alcanzar este hito en la conservación internacional.

Donde todo comenzó

Lejos de lo que podría pensarse la afición de Daniela hacia las tortugas no se gestó en la infancia. Su interés por estos animales y la vida marina nació de forma poco convencional en vísperas de su ingreso a la universidad, luego de ver Buscando a Nemo.

Aunque esta película despertó en ella la chispa de la fascinación, cuando inició biología en LUZ entró sin un norte claro. En un entorno académico donde la mayoría de sus compañeros se decantaban por el laboratorio o la microbiología, ella desafió todos los paradigmas al seguir su instinto.

“No me veía metida en un laboratorio, estaba perdida. Hasta que en la universidad me topé con un grupo de trabajo en tortugas marinas del Golfo de Venezuela. Allí tuve mi primer acercamiento con Eva, mi primera tortuga, y entonces supe que eso era lo mío, lo que de verdad quería hacer”,

contó a Crónica Uno.

Bajo la mentoría del profesor Héctor Barrios entendió que su camino estaba fuera de las cuatro paredes de un centro de investigación. Así fue como se entregó al trabajo de campo en las costas venezolanas. Entre aciertos y errores, labró su futuro hacia otras latitudes.

Daniela emigró de Venezuela en 2015, poco después de presentar su tesis de pregrado el Día Mundial de las Tortugas Marinas. Pasó ocho años en Costa Rica, donde coordinó proyectos y supervisó playas de anidación. Luego se estableció en Estados Unidos para cursar su maestría y doctorado en la Universidad de Florida.

Un enfoque social para la conservación

Aunque aplicó por primera vez al premio Archie Carr en el año 2016, con una investigación hecha en las costas venezolanas, fue un estudio social realizado en Bocas del Toro, en Panamá, el que finalmente la consagró como ganadora, el 6 de marzo.

El Premio Archie Carr, otorgado por la Sociedad Internacional de Tortugas Marinas (ISTS), honra la memoria y el legado de Archie Carr, biólogo pionero que transformó la comprensión sobre las rutas migratorias de estos animales. Su importancia trasciende el ámbito académico, ya que valida trabajos que logran un equilibrio entre el rigor científico y el impacto social en las comunidades costeras.

Para sacar adelante esa investigación Daniela se involucró con las comunidades para comprender las percepciones sobre el uso ilegal de las tortugas. Su objetivo se centró en averiguar por qué las personas mantienen estas prácticas y cómo las leyes ambientales tienden a ignorar las tradiciones y economías locales.

“En el trabajo que presentamos aplicamos un protocolo de justicia criminal para ver cómo se mueve el mercado de esta especie con el tráfico. Pensamos que también podría ser aplicable en la Guajira venezolana, donde también hemos hecho otras investigaciones”.

Derribar etiquetas

Daniela reflexionó sobre los retos que enfrenta la diáspora venezolana y las creencias limitantes de quienes se forman en el país. Aunque nunca obtuvo las notas más altas en clase, recalcó que la constancia y su red de apoyo la impulsaron para no desistir en sus objetivos. Para ella, el galardón Archie Carr rompe los estereotipos y es una validación de las ciencias sociales, a menudo menospreciadas frente a las ciencias exactas.

“En la universidad no fui la mejor estudiante, ni la más brillante, tampoco tuve las mejores notas. Yo lo único que tuve fue perseverancia porque sé que a mí lo que me gusta son las tortugas”.

A sus 36 años, Daniela continúa su formación doctoral y proyecta sus investigaciones hacia el Caribe, con la meta de comparar los mercados legales e ilegales de tortugas. Su mensaje para los jóvenes que se sienten desmotivados es claro: más hace el que quiere que el que puede.

La bióloga insistió en la importancia de aferrarse a las ideas propias y rodearse de personas que impulsen esos sueños, por muy locos o pequeños que parezcan.

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