“A veces mando a mi hija al liceo sin desayuno”

Josefina Salazar a veces sale de su casa sin tomar siquiera café. Por lo menos dos veces a la semana no tiene nada en la nevera para asegurar las tres papas diarias de su familia

Mabel Sarmiento Garmendia/@mabelsarmiento

Caracas. “A veces mando a mi hija al liceo sin desayuno. Salimos sin siquiera tomar café. A mí no me alcanza la pensión. ¿Qué son 6.000 bolívares al mes? Hace tiempo que no compro carne o pollo”, fue lo primero que respondió Josefina Salazar, de 62 años, cuando se le preguntó qué come su familia.

“La única entrada de dinero en mí casa es la mía y ya me cansé, no puedo seguir haciendo colas. Me da tristeza con la niña. Me pongo a caminar para no llegar a la casa, aquí donde me ves estoy mareada. Menos mal que mi hijo me dijo que cuando saliera de clases fuéramos a comer a su casa. No puedo asegurarle la tres comidas. Además tengo que comprar medicinas para mi esposo”.

La señora Josefina se redondea con la pensión y planchándole a los vecinos, pero aseguró -poniendo cara de angustia- que su situación económica va de mal en peor.

“Compro Bs. 100 de queso y lo rallo para rendirlo, antes hacía tortillas y perico con mortadela, pero ya ni el medio cartón de huevo lo puedo llevar”.

Maritza Landaeta, coordinadora de Investigación y Docencia de la Fundación Bengoa, asociación civil dedicada al estudiar el tema de la alimentación y nutrición, aseguró que el venezolano come lo más económico y los alimentos que al mismo tiempo aporten solo calorías, como cereales, grasas y carbohidratos. “Cuando no consiguen harina comen tubérculos, como una manera de compensar las fuentes de calorías”.

Landaeta citó el informe presentado en 2014 por la UCAB, la UCV y la USB, denominado Encuesta de Condiciones de Vida de los Venezolanos (el cual contó con el apoyo de la Fundación Bengoa), que refleja que el consumo de alimentos, es decir lo que la gente compra para comer, se redujo 50%.

Como ejemplo puso la arepa. Dijo que antes una persona se comía tres al día y ahora solo una. Otras fuentes de proteína como la carne, el pollo y el pescado (principalmente la sardina) también se cocinan menos.

“La gente los sustituye por grasas y azúcares. Igual en la dieta actual hay poca variedad de frutas, incluso las de estación que son las más económicas no se están llevando”, explicó Landaeta.

Ser mamá en tiempos de crisis

Josefina tiene tres hijos, pero solo la menor depende de ella. La puso a estudiar en un liceo público y no puede darle gustos como unos zapatos de marca o sacarla un domingo al cine. “Hace tiempo que no salimos, pero menos mal que es una niña tranquila y no me exige nada”, contó.

La realidad de Josefin es una historia común en estos tiempos de crisis y escasez, según la investigadora Landaeta.

“La madre venezolana para tener el mínimo de alimentos en su mesa pasa mucho trabajo. Hace milagros para comprar la comida, pues el salario mínimo no cubre la canasta básica”.

Y hay más: Josefina al principio de su testimonio dijo que desde hace tiempo no compra carne y pollo. Luego añadió más alimentos a la lista: granos, papas, tomate y que de vez en cuando hace una sopa deshidratada que venden en sobre.

En casa de Josefina ya no recuerdan desde hace cuánto tiempo no toman leche.  La investigadora de la Fundación Bengoa dijo que es peligroso la ausencia de lácteos, porque los niños no están absorbiendo vitaminas como el calcio y el hierro, que se transporta en la hemoglobina y son fundamentales para llevar oxígeno al cerebro y protección a los tejidos.

Platos como un pasticho o el tradicional pabellón (la comida típica de Venezuela) tampoco los volvió a presentar en su mesa. “Dichosos aquellos que se pueden comer unas caraotas bien aliñadas”, añadió.

Para Maritza Landaeta el pabellón criollo “ya no es nuestro, porque se hace con puras cosas importadas. Prácticamente es un lujo, como lo es perico que es una fuente de proteínas, y ahora es inalcanzable”.

Foto: Cristian Hernández


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