Chamos de todas las edades se bañan en ropa interior en espacios públicos. Saltan, hacen piruetas y hasta lavan sus ropas en las fuentes. Usan las estatuas para realizar los clavados y emplean los espacios cercanos como urinarios.

Caracas. La gente pasa y los ve. Muchos se detienen perplejos, pues son niñas y niños, casi en su pubertad, bañándose en ropa interior en un espacio público.

Cada vez es más común entre los caraqueños ver a una muchachada metida de cabeza en las fuentes de agua de las principales plazas capitalinas.

El pasado 6 de octubre por las redes sociales rodó un video del cantante Miguel Ignacio “Nacho” Mendoza echándose un chapuzón en la fuente central del parque Los Caobos.

La escena se volvió popular en la opinión pública, claro. Pero lo cierto del caso es que ese es uno de los espacios de los que ahora se apoderaron los muchachos de bajos recursos, que —por no ser famosos— no se hacen virales en las redes.

Después de clases estudiantes de básica y bachillerato van a la fuente de Plaza Los Caobos para pasar el rato.

Esto es muy divertido. Tienes que venir un fin de semana. Esto está repleto. Los más chiquitos se bañan abajo y nosotros en el pozo de arriba, comentó uno de los chamos que sin pena alguna se exhibía ante los transeúntes con un interior azul.

¿Tú mamá sabe que estás aquí?

“No”, dijo, pelando los ojos negros. “Del liceo me vengo directo para acá. A veces me meto es en la de la plaza O’leary”.

El chico de 13 años y estudiante de segundo año de bachillerato sabe los nombres de las plazas que frecuenta. Incluso mantiene un récord de los horarios y los días más frecuentados. Lleva un mes recreándose de esta forma.

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La fuente Monumental Venezuela del parque Los Caobos es una de las obras más resaltantes del arquitecto catalán Ernesto Maragall. Está constituida por varias figuras humanas que representan las distintas regiones del país: Los Llanos, Los Andes, El Orinoco, El Caribe y El Ávila.

Los bañistas, que sueltan carcajadas, se suben a las estatuas —cubiertas de moho— y desde las cabezas se lanzan en clavados al pozo que, según sus cálculos, mide un poco más de un metro y, además, no está sucio. No temen a los hongos, ni a las alergias producto de la insalubridad que genera el poco tratamiento que se le da al agua.

La acción la repiten una y otra vez, perfeccionado la forma. Ninguno de los que estaba ahí en horas del mediodía de este miércoles 17 de octubre —durante el recorrido de Crónica.Uno— tenía en su haber clases de natación. Sin embargo, entre ellos se corregían las posturas. “Lo hago yo, ve desde donde me lanzo”, decían cuando el lente de la cámara los seguía.

Muy pocos visitantes tenía el parque a esa hora. Los que estaban se sentaban complacientes y perplejos a escuchar las carcajadas de los tres chamos que salieron del liceo Teresa Carreño ubicado por La Concordia, directo a Los Caobos.

Están divirtiéndose, sabemos que las fuentes no fueron creadas para eso. Son peligrosas y deben tener conexiones eléctricas, pero es mejor que estén ahí que en el barrio haciendo cosas malas. Velos, están felices, dijo un transeúnte.

Dicen que el agua no les causará daño.

Cerca de dos horas al día pasan metidos en las aguas de la fuente. Salen arrugados y coloreados por el sol. Sus morrales rojos entregados por el Gobierno, se quedan a un costado de la obra. Todos juntos y con el uniforme adentro, hasta que llega la policía y entonces salen en estampida —aún en ropa íntima— por todo el parque.

Otros que no se inhiben son los que nadan a sus anchas en la fuente de Plaza Venezuela, ícono de la capital. Cuando el sol está más caliente salen de las Misiones Vivienda cercanas y se meten bajo los chorros de agua.

Se ven desde niños que apenas están dejando los pañales hasta adolescentes con los copetes pintados de amarillo.

Lavan las ropas y las extienden en la grama para que se sequen mientras ellos “disfrutan”, sin saber que cuando se meten a la fuente causan daños a la estructura.

Los obreros de Pdvsa-La Estancia contaron que hacen el mantenimiento a los motores y los filtros. “Hemos encontrado hasta las franelas que dejan los chamos y que se cuelan por las rejillas. Aquí debería haber policías que custodien los espacios, pues reparar eso es muy costoso”.

Las juntas de goma del piso de esa obra arquetectónica ya no están. Según los trabajadores, las están despegando los muchachos. Se están llevando piezas del sistema hidráulico que fueron reparadas en julio pasado, a propósito del Aniversario 450 de Caracas, y que garantizan los siete efectos acuáticos que se encuentran en la pileta superior e inferior, con una salida de agua de aproximadamente 160 chorros.

Ese monumento, que cuenta con 800 reflectores, ahora es piscina gratis, y sirve  además de lavandería no solo para los indigentes, sino para las personas que llegan con bolsas de ropa para lavarlas ahí e incluso meten a las mascotas.

También nos hemos enterado de que entre los que se bañan en la fuente están algunos integrantes de la banda que asesinó a los dos guardias en Sabana Grande. ¿Entonces cómo les decimos que se salgan? Uno los ve y solo les dice que tengan cuidado. Más allá de eso tiene que ser un policía quien se encargue de la seguridad. Menos mal que no se han dado cuenta de que las bases de los bombillos son de cobre. Ya no quedara nada, dijo uno de los maquinistas de las bombas.

En la plaza O’Leary la situación no es diferente. Los muchachos dicen que gozan un montón; mientras van dejando desperdicios en las fuentes, heces, y deteriorando los pedestales de las estatuas.

Lavan sus ropas y se asean en las fuentes.

Crónica.Uno constató que mientras ellos juegan entre las aguas no hay vigilancia patrimonial.

A principios de 2016, la Alcaldía de Caracas anunció que estaba formado más de 90 Guardias Patrimoniales, precisamente para el cuidado y preservación de estos espacios.

La realidad actual: no hay ni la sombra de estos funcionarios en los alrededores de las plazas y monumentos.

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Fotos: Luis Miguel Cáceres.



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