El servicio de transporte es intermitente. La inseguridad ha llegado hasta los salones de clase. Prácticas en los laboratorios se ven interrumpidas por la falta de reactivos.

Caracas. Los espacios de la sede en Sartenejas (Baruta) de la Universidad Simón Bolívar (USB), por lo general quedan muy alejados de las casas de sus estudiantes. La mayoría de los chamos depende del transporte que ofrece la universidad para llevarlos y traerlos a los puntos establecidos en la ruta, pero según el testimonio de los alumnos, hay temporadas en las que el servicio es intermitente.

Para llegar a “La Simón” hay dos vías. Una por la autopista Regional del Centro, y otra por la autopista de Prados del Este. Dos arterias viales muy transitadas y que dificultan la llegada a la universidad incluso para los que viven en Caracas, sobre todo desde que el trimestre pasado las rutas interurbanas —Guarenas, Guatire, La Guaira y Charallave— fueron suspendidas por falta de unidades, de manera que los alumnos tienen que hacer una alta inversión en el costo de sus pasajes solo para llegar a su casa de estudios y recibir clases.

El Ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, ha enviado recursos para contratar unidades, pero no ha sido suficiente. Por ejemplo, las paradas de Chacaíto y Bellas Artes, que son las que más usamos, antes tenían unidades de transporte hasta las 12:00 m. pero actualmente, solo hay autobuses hasta las 9:00 a. m. porque no hay dinero para contratarlos por más tiempo, detalló Gabriel Valdez, presidente adjunto de la Federación de Centros de Estudiantes de la USB, y estudiante de Ingeniería en Producción.

Alumnos de la Universidad Simón Bolívar hacen cola mientras esperan la salida de las unidades de transporte.

Cualquier alumno que tenga clases después de las 9:00 a. m. tiene que trasladarse hasta otras dos paradas más cercanas a la USB, una ubicada en La Trinidad y la otra en la salida de la estación Coche, de la Línea 3 del Metro de Caracas. Allí los buscan las pocas unidades que aún funcionan y los transportan hasta el campus.

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Según Valdez, ha habido contratistas que tienen más de 20 años ofreciendo el servicio de transporte e incluso durante varios trimestres han trabajado a pérdida porque los recursos para el pago no llegan a las arcas de la USB con regularidad.

A pesar de que hay trimestres en que las fallas en el sistema de transporte usebista son notables, los estudiantes hacen malabares para cumplir con el su régimen académico. Con todo, una vez dentro de las instalaciones de su casa de estudios enfrentan otras dificultades que les hacen preguntarse si lograrán terminar su carrera.

La inseguridad que invade a Caracas —y que la ha convertido en una de las ciudades más violentas del mundo— también la experimentan dentro de la USB.

Los vigilantes revisan las maletas de los carros que salen de la universidad. Al entrar, les preguntan a los visitantes hacia dónde se dirigen. Si son estudiantes, deben mostrar el carnet, y a los motorizado les tienen prohibido el paso. Contó el jefe del cuerpo de seguridad que en las últimas semanas frustraron un intento de secuestro dentro del campus en el que estaban involucrados un par de motorizados y por eso tomaron esa medida.

Los alumnos evitan llevar a la universidad artículos valiosos porque la universidad no está exenta de inseguridad.

En 2013 podíamos dejar nuestros bolsos en la fila del transporte sin preocuparnos, pero ahora los estudiantes evitamos traer laptops, tablets, video beam, porque aquí han sucedido muchos robos, incluso a mano armada, han abierto carros, se roban baterías y cauchos; y sé de una profesora que mientras daba clases entraron a robar a su salón. Antes decían que aquí era una burbuja, pero ya no se puede decir eso. Nos pega la inseguridad y hasta el hambre, dijo resignado el estudiante de Ingeniería en Producción.

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La sede de Sartenejas fue creada en 1967, y en sus 50 años de funcionamiento, ha sido de dos años para acá que los alumnos que deben realizar prácticas en los laboratorios, según la carrera que cursen, han visto cómo los recursos, materiales e insumos que necesitan han desaparecido de sus espacios.

El principal problema son los reactivos. Los implementos y otros materiales, la mayoría están desactualizados y otros dañados, pero de alguna manera se resuelve. Los reactivos son importados y casi nunca hay para realizar las prácticas, sostuvo el joven.

Las ediciones de los libros que se encuentran en la biblioteca son antiguas. Se trata de publicaciones que en otros países han sido reeditadas y actualizadas, y para solventar este inconveniente, la dirigencia estudiantil ha hecho alianzas y contactos con egresados de La Simón que están fuera del país y pueden conseguir y donar los libros a la que fue su casa de estudios.

En el año 2016, la USB solicitó Bs. 8.533.000.000 como parte del presupuesto para su funcionamiento de ese año, pero solo recibió Bs. 1.311.000.000.

Hasta la vegetación, una constante en casi todos los espacios del campus, se ve afectada por la falta de presupuesto. Hay algunos jardines con mucha maleza, los jardineros no se dan abasto para podar y recoger las ramas y hojas que caen de los árboles; incluso El Laberinto Cromovegetal del maestro Carlos Cruz Diez, evidencia el descuido.

Este jardín fue creado por Carlos Cruz Diez y se le nota el descuido.

Para mantener ‘El Cromo’ [como le dicen los alumnos] hacen falta más de seis jardineros, y siempre vemos uno solo que trabaja. A veces, hacemos jornadas nosotros mismos, y lo arreglamos por nuestra cuenta. Podamos y regamos las plantas, detalló el alumno.

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Cruz Diez definió esta obra como “un jardín concebido como una estructura plástica donde los colores en lugar de estar aplicados con pigmentos en emulsión, son generados por plantas y flores que se van modificando en el transcurso del tiempo”. Varias de las plantas están sembradas en macetas, lo que permite moverlas de lugar y a su vez mover los colores del Laberinto.

Valdez está convencido de todo el talento que su universidad puede aportar a la sociedad y al país. Junto con sus compañeros, lucha por mantener su casa de estudios, ya que “es uno de los pocos espacios donde todavía podemos ser libres”.

Sabe las deficiencias que en los últimos años han tenido que enfrentar todos los que hacen vida en esa casa de estudios, una de las más prestigiosas de Venezuela dado que su oferta académica tiene un fuerte énfasis en la investigación científica y tecnológica.

Esta crisis nos golpea fuerte, pero nos hace aún más fuertes. En otros países las dirigencias estudiantiles están pendientes de organizar eventos, fiestas de fin de año, pero aquí luchamos cada trimestre para mantener el comedor, el servicio de transporte, cómo conseguir 10 ediciones nuevas de libros. Estudiamos con lo que se puede. Mantenemos una lucha por no bajar la calidad educativa. Con poco hacemos grandes cosas, reflexionó el futuro ingeniero en producción.

En “verano” solo hay abierto uno de los dos comedores. Solo ofrecen almuerzo con raciones muy pequeñas.

Fotos: Luis Miguel Cáceres.



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