La organización no gubernamental Convite hizo un estudio entre junio y septiembre de este año y encontró que en una población de 700 viejitos hay disminución del peso corporal entre 1 y 2 kilos al mes. La causa: no están comiendo proteínas.  

Caracas. “A nosotros [los viejitos] esta crisis nos pega mucho más. No podemos estar haciendo colas, la pensión no alcanza y en la casa la comida que hay es preferiblemente para los nietos. Ya le arrimé tres huequitos a la correa. Y el problema es que si comemos, no podemos comprar medicinas. Por eso es que cada día más nos estamos enfermando y muriendo”.

Aquiles Núñez es un pensionado a quien los 27.091 bolívares que recibe al mes le duran en el bolsillo lo mismo que un suspiro. Y aunque él vive con su familia, contó que no está comiendo las tres papas al día porque no consigue todos los alimentos.

“Lo que podemos comprar haciendo colas lo administramos como si estuviéramos en guerra. Ahora está pasando que las raciones que comemos son cada vez más chiquitas. En mi casa no hay azúcar, no hay leche, no hay arroz y ya no se compran carnes ni vegetales. En Petare podemos conseguir una harina hasta en 4.000 bolívares y realmente no podemos pagar esos precios”.

Con angustia narró que este año ha visto cómo se ha deteriorado su condición física, pues tiene seis meses que no se toma el rivotril, un fármaco con acción depresora del sistema nervioso central y propiedades ansiolíticas y anticonvulsivante, el cual debe administrarse al pie de la letra.

Tampoco encuentra las pastillas para la tensión que toma desde hace 30 años. “Todos mis hijos trabajan, mi esposa cuida al nieto y yo tengo que salir a buscar la comida. Pero esto no es fácil, no puedo estar mucho tiempo parado en una cola y la mayoría de las veces no consigo nada”, expresó.

Además de no tener sus medicinas, el no alimentarse las tres veces al día —y no poder siquiera comerse una gelatina de merienda o un vaso de leche—, le hizo perder 24 kilos en estos últimos siete meses.

“Pesaba 84 kilos y ahora estoy en 61. Esto es preocupante”, dijo agarrándose el pantalón por la cintura y mostrando lo floja que ya le queda la ropa.

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A Núñez lo abordamos cuando estaba en la plaza Altagracia, diagonal al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). Junto con él una veintena más de abuelitos comentaba la misma situación.

Ellos se reúnen ahí cuando van a tratar asuntos de los pensionados, pero como la situación cada vez es más crítica, cada uno trata de desahogar sus penas en ese rincón del centro caraqueño.

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Muchos no comen proteínas y por eso pierden más peso.

1 a 2 kilos mensuales

La prolongada crisis económica lleva a los venezolanos a sufrir una elevada inflación que pulveriza sus salarios y una severa escasez de comida y medicinas generada por la baja producción.

Yngrid Candela, nutricionista e investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), explicó que en los últimos meses se ha agudizado el problema de la seguridad alimentaria en la población venezolana, no solo en los niños sino también en los adultos, que resultan ser más vulnerables aún.

Determinó que la situación va a continuar porque hay menos comida disponible y lo poco que está llegando —principalmente a las comunidades rurales— son las bolsas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap): “Los adultos pueden pasar el día comiendo yuca o solo arroz y por eso están perdiendo peso aceleradamente. Esta situación nunca antes la habíamos visto en las encuestas de consumo”.

La especialista citó un caso de una comunidad rural en Las Tejerías, estado Aragua, en la cual hay una población de adultos mayores que está pasando hambre: “No tienen acceso a las instituciones formales, no tienen dinero para alimentarse y a las bodegas cercanas no les llegan los productos. Así que están en una dependencia absoluta y con una inseguridad alimentaria tremenda que, además, agrava su respuesta inmunológica”.

Luis Francisco Cabezas, director de Abuelos de Miranda de la gobernación de este estado, dio una cifra alarmante: los abuelos están perdiendo entre 1 y 2 kilos al mes.

Y aunque la estadística la arrojó un estudio hecho entre junio y septiembre a 700 abuelos atendidos por casas de abrigo en el estado Miranda, Cabezas relató que esa es una tendencia en la población general, pues las personas de la tercera edad no están comiendo proteínas, sino puros carbohidratos.

“Genéticamente ellos pierden masa muscular luego de los 60 años, pero ahora a esa deficiencia hay que sumarle las crisis de salud que enfrentan producto de la escasez de alimentos y medicinas”, dijo.

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Según Cavidea, para el mes de julio, el consumo de alimentos por persona era de 13 kilos al menos. En 2011 estaba en 35 kilos.  

Cabezas manifestó que hicieron una inspección en un centro de ancianos ubicado en Mamera, municipio Libertador, y ahí encontraron en situación de delgadez a muchos de los abuelitos porque no consumen proteínas.

“A su crítica situación se suma el hecho de que hay más de 900.000 adultos mayores fuera de la seguridad social, lo cual les impide acceder a una pensión, que si bien no alcanza para garantizar la canasta básica alimenticia, les puede ayuda para comprar alimentos”, mencionó Cabezas.

Según el Centro de Documentación y Análisis Social de los Trabajadores (Cenda), la canasta alimentaria de septiembre de 2016 se ubicó en 299.271 bolívares, aumentando en 12 meses 670 %. Se requieren 13 salarios mínimos para los gastos básicos de alimentación.

Sin comedores

Frente a la crisis alimentaria no hay políticas públicas.

Edgar Silva, coordinador Nacional del Comité de Derechos Humanos para la defensa de los pensionados, jubilados, adultos mayores y con algún tipo de discapacidad; denunció que los abuelitos están más vulnerables debido al cierre de los comedores dependientes del Instituto Nacional de Nutrición (INN).

Uno de los centros de más antigüedad, el de Crucecitas en la avenida Fuerzas Armadas —llamado Olga Luzardo—, está cerrado desde hace dos años por remodelación.

La obra tenía prevista un tiempo de ejecución de seis meses con una inversión de 14,3 millones de bolívares. Sin embargo, aún continúa sin ser culminada, afectando a centenares de abuelitos que a diario se beneficiaban por lo menos con una comida al día.

“Ahora en tiempos de escasez es necesaria esa casa para la atención de la tercera edad. Hay mucha demanda y los comedores más bien cierran sus cupos. El de Catia tampoco está funcionando a cabalidad. No se ha tomado en cuenta que el sector de los adultos aumenta de forma progresiva”, comentó Silva, quien recalcó que la situación del adulto mayor es cada vez más precaria en cuanto al acceso a la salud, medicamentos y seguro social.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de 60 o más años para el 2010 era de 2.519.751 personas. Actualmente, hay una población aproximada de 2.976.079 adultos (1.369.832 hombres y 1.606.247 mujeres). Y se estima, según una proyección del sociólogo Humberto Pestana, que para 2030 los venezolanos de la tercera edad aumentarán en 120,62 % y serán 5.558.973 habitantes.

A pan y agua

El desabastecimiento y los altos precios golpean a Juan Díaz, de 82 años, quien vive solo y cuya pensión le resulta pan y agua, “pues eso es lo único que como al día. El dinero de la pensión se me va en pagar un alquiler. Por eso es que no puedo comprar comida. Tampoco las medicinas. Tengo unas hernias que me matan del dolor, pero no puedo comprar los remedios”.

El señor Juan, quien trabajó en el antiguo Instituto Municipal de Aseo Urbano (IMAU), anda solo por las calles de Caracas. Con una bolsita, que alterna de una mano a la otra, se camina todo el centro de la ciudad.  

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El señor Juan, con las dolencias de unas hernias, hace todos los días colas para comprar el pan.

En el día hace una cola en una panadería cercana a la pensión donde duerme y si consigue canilla o campesino con eso engaña al estómago. “Antes iba al comedor de Crucecita, pero lo cerraron y en el de Catia a veces no hay cupos. Así que no me queda otra sino remojar el pan en un vaso de agua”, dijo.

Cansado no solo por los años sino por el dolor que le causan las hernias, contó que igual hace sus colas: “Para la tercera edad se acabó eso de la zona preferencial. Más bien a uno lo maltratan en esos sitios. Creen que uno está pidiendo”.

La realidad es más dramática. Hay fallecidos por desnutrición: En el ancianato Madre Teresa de Calcuta de la parroquia Antímano de Caracas, se registró hasta el 15 de mayo del año en curso, el fallecimiento de 21 personas por diversas razones, pero todas asociadas a desnutrición y falta de medicamentos.

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Más padecimientos

De comida y medicina no es lo único de lo que adolecen las personas de la tercera edad. Juan Díaz, a quien además mucha gente en la plaza Altagracia reconoció como el “limpiabotas de las Torres de El Silencio”, no tiene jabón para bañarse ni para lavar la ropa. “¿Cómo hago? Solo con agua”, acotó.

Y eso es lo mismo que sucede en el asilo La Providencia, ubicado en San Martín, donde proliferan las enfermedades de la piel, como consecuencia de la escasez de artículos de limpieza.

Por los pasillos de esta casa abrigo hay carteles dando detalles de la escabiosis, como para que no quede dudas de que esta enfermedad es un huésped adicional.

La hermana Corinta Medina mencionó que de un cupo de 90 abuelitos han bajado la asistencia a 68, precisamente porque no tienen comida, ni jabón para asearlos.

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En las casas hogar hacen maromas para mantener aseados a los abuelitos. A veces solo se bañan con agua.

Este es un hogar que tiene una existencia de 125 años, “y nunca antes habíamos atravesado por una crisis como esta. Aquí tocan la puerta todos los días, pero cómo hacemos si no tenemos para alimentar a los que ya están. Cada vez les damos raciones más pequeñas. No podemos sostenernos, tenemos 15 empleados y no gozamos de donaciones continuas. No queremos cerrar las puertas pero es muy difícil mantener la casa hogar”.

Menos centros

La falta de comida y la larga lista de problemas está promoviendo el cierre de casas hogares. Luis Francisco Cabezas, quien también preside Convite, organización no gubernamental fundada en 2006 con el objeto de promover los derechos sociales de todas las personas —en especial las mayores—, dijo que los ancianatos o casas de abrigo para el adulto mayor se están fusionando: dos o tres dependencias se unen para paliar la crisis.

“Sucede mucho con las instituciones religiosas, las cuales al no poder sostenerse y para no cerrar los cupos se manejan en una sola administración”, subrayó.

Tan es así que la hermana Medina contó que ellas distribuyen a otras casas los pocos alimentos que llegan.

Incluso Cabezas denunció que el Instituto Nacional de Servicios Sociales (Inass) ha cerrado centros como las geronto-granjas, “privando así de sitos de cuidado a personas mayores de alta vulnerabilidad social”.

Según un estudio de Convite realizado a mediados de año, el adulto mayor sufre frecuentemente de hipertensión y diabetes. Siendo el índice de escasez de medicamentos para el tratamiento de la hipertensión arterial de 98,3 %; y para controlar la diabetes tipo 2, de 75,0 %.

“Nuestros abuelos están solos en sus casas y no tienen la misma habilidad para conseguir los alimentos. Si tienen una arepa prefieren dársela al hijo o al nieto”, puntualizó Cabezas.

Fotos: Mabel Sarmiento Garmendia


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