En Tanaguarena y Macuto, trabajadores playeros de La Guaira funden cobre y trasladan enseres entre los escombros para llevar alimento a sus hogares, un mes después del sismo. A pesar del acoso policial y la ausencia de apoyo oficial, mantienen la esperanza en la reactivación turística. Sin subsidios estatales, su última carta es el retorno de los visitantes, antes de que migrar se convierta en su única salida.

Caracas. De servir a los turistas a recolectar chatarra para sobrevivir. Tras el impacto del doblete sísmico del 24 de junio pasado y el desplome del turismo en La Guaira, Robinson* y León* son parte de los trabajadores playeros que hoy se ven obligados a buscar cobre y aluminio en ruinas para alimentar a sus familias.

Con ahorros agotados, sin subsidios oficiales y entre denuncias de abusos policiales, trabajadores del sector turismo claman por el regreso de los visitantes caraqueños antes de verse forzados a migrar.

A un mes del histórico doblete sísmico ocurrido, dos potentes eventos telúricos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron con violencia la costa centro-norte del país, la actividad económica y turística del litoral central atraviesa un periodo de paralización crítica.

“Desde los 9 años trabajo como mesonero en la playa, no sé hacer otra cosa que servir a los turistas. En este momento la estamos pasando mal, el turismo se acabó y, para poder sobrevivir, muchos estamos recolectando chatarra para venderla y llevar algo de dinero a la casa”, relató a Crónica Uno Robinson en Tanaguarena, un sector turístico y residencial de La Guaira gravemente afectado por las sacudidas.

A sus 23 años, Robinson ya es padre de una niña. Su esposa, también trabajadora del sector, atraviesa la semana 30 de embarazo, una coyuntura que los empuja a reinventarse para garantizar la manutención familiar.

“Lo primero que quiero aclarar es que no somos ladrones. Vamos a los edificios ya demolidos a buscar cobre, hierro o aluminio. Mucha gente nos ha denunciado por presunto robo pero la policía sabe que no cometemos ningún delito”, aclaró.

La catástrofe sísmica ha dejado hasta la fecha, según las autoridades interinas, un saldo devastador de casi 5400 personas fallecidas, alrededor de 17.000 heridos y miles de ciudadanos reportados como desaparecidos. No obstante, de este dato no hay una cifra oficial.

Además de ocasionar el colapso total de al menos 190 edificaciones y dejar 856 estructuras gravemente comprometidas y debilitadas a lo largo de la franja costera y otras zonas afectadas en Caracas, Miranda, Falcón y Carabobo.

Entre el humo de cobre y el mar

A raíz de la tragedia, cientos de trabajadores de la zona han visto interrumpidos sus ingresos habituales ante la drástica caída en la llegada de visitantes procedentes de Caracas y otra regiones.

Mientras contaba su historia en los alrededores de Playa Escondida, Robinson fundía cobre a orillas del mar. De esta forma lo reducía a pequeños fragmentos para poder transportarlos en un bolso. El trabajador acomodó el material reciclado en un morral con sumo cuidado. Así intenta evitar que las patrullas policiales se lo decomisen durante los operativos en la zona.

“Cuando los militares o los policías nos ven con material de reciclaje, de inmediato nos lo quitan. Lo más grave es que después uno los ve vendiendo lo recolectado para quedarse con el dinero”,

denunció.

En medio de un ambiente extremo de subsistencia y abandono estatal, lamentó los funcionarios de seguridad “tienen un sueldo, tres comidas al día y beneficios; aun así, prefieren quitárselo a quien no tiene nada”.

Ante los señalamientos de presuntos decomisos irregulares y venta informal de chatarra por parte de efectivos de la Policía del estado La Guaira y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), los organismos de seguridad locales han evitado referirse al tema.

Solo una denuncia con video, en el que se veía a funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas intentando apropiarse de dólares en efectivo hallados entre los escombros, logró captar la atención oficial y derivó en la posterior detención de los implicados.

Foto: Juan Carlos Salas

Sin ahorros ni auxilio oficial

El joven aseguró que agotó sus reservas y reveló que ninguna institución les ha brindado asistencia económica. Sin empleo y sin redes de contención, el futuro se les vuelve cada vez más incierto.

“Gracias a Dios a mi casa no le pasó nada. Pero todo el dinero guardado lo gasté en pañales, ropa, teteros, controles prenatales y la lista de insumos que nos pidieron en la maternidad para el parto. Tenía la esperanza de recuperarme en esta temporada vacacional, pero ya no será así”, añadió.

Insistió en que están agremiados en la Cámara Turística Playera, pero ni la Alcaldía, ni la Gobernación ni el Ministerio de Turismo les han ofrecido subsidio o auxilio financiero.

“Nadie ha venido a hablar con nosotros para saber cómo estamos o qué necesitamos. No hay ayuda de nada. Lo que sí valoro es que he recibido llamadas de clientes de Caracas; algunos me han hecho pagos móviles para apoyarme y se los agradezco con el alma, pero no es suficiente”, destacó.

De acuerdo con voceros gremiales de la Cámara Turística Playera de La Guaira, organización que agrupa a más de 3000 trabajadores de la costa guaireña, el sector ha solicitado mesas de trabajo con la Dirección Municipal de Turismo para evaluar esquemas de contingencia e incentivos financieros para las concesiones playeras golpeadas por la inasistencia de temporadistas.

Foto: Juan Carlos Salas

“La gente no viene por miedo”

Para León, trabajador turístico que se desempeña como toldero, quien alquila sombrillas y sillas a los visitantes, en las playas de Macuto, las secuelas operativas de los terremotos se extenderán hasta el próximo año.

“Ahorita estamos recolectando chatarra para ver si sacamos algo con el reciclaje. También he ayudado a la gente que viene a rescatar sus pertenencias para subirlas a Caracas y evitar saqueos, pero se gana muy poco. Lo que a nosotros nos sostiene es el turismo, y la gente no está viniendo a la playa por el temor natural a réplicas o a otro sismo”,

contó.

Al ser consultado sobre un posible cierre oficial de los balnearios, aclaró que las autoridades no han decretado ninguna medida en ese sentido. No obstante, el temor a que ocurra mantiene en vilo a los trabajadores, que ya apenas subsisten con lo que rescatan de los escombros.

“Las playas de La Guaira están abiertas. Habrá alguna puntual cerrada porque la usan de campamento o para estacionar maquinaria pesada, pero ni el gobernador ni el alcalde han ordenado el cierre. Incluso hay vecinos de la zona que bajan a bañarse para despejar la mente de lo ocurrido”, afirmó.

Foto: Juan Carlos Salas

El dilema de migrar

Al igual que Robinson, León reclamo que, un mes después de la contingencia, el sector no ha recibido subsidios. La ausencia de ayudas los obliga a rebuscarse entre cascotes mientras el turismo, su única fuente de ingreso, no repunta.

Pese a los compromisos institucionales asumidos por la Gobernación del estado La Guaira para atender a las familias afectadas por la emergencia sísmica, los trabajadores del área advirtieron que, de no concretarse un apoyo pronto, se verán forzados a migrar hacia otros estados como Miranda o Falcón, zonas con alta actividad pesquera y turística.

“A los trabajadores turísticos nos tienen abandonados. Hace unos días vino el gobernador a Macuto. Pero de noche y rodeado de unos de seguridad que impidieron que la gente se le acercara”, recriminó.

Robinson señaló que la única noticia que llegó del gobierno fue el ofrecimiento de una ayuda semestral. Sin embargo, hasta la fecha no se ha concretado ni siquiera el primer paso: un censo que identifique a quienes perdieron sus empleos o sus viviendas.

“Escuché que el Gobierno prometió una ayuda económica por seis meses para los afectados, pero eso quedó en anuncio; ni siquiera nos han censado para saber quién quedó desempleado o perdió su vivienda”, expuso.

En su caso, si la ayuda no llega antes de finalizar julio, evaluará trasladarse a otros estados costeros en busca de empleo. Entre sus primeras opciones están la cercana Higuerote, en el estado Miranda, o Falcón. “Tendrá que ser temporal, hasta que se reactive el turismo en La Guaira, porque uno siempre regresa a donde es feliz y esta es mi tierra”.

Foto: Juan Carlos Salas

Sombrillas vacías, esperanza intacta

Ambos prestadores de servicio exhortaron a los visitantes a no dar la espalda al litoral central. Asimismo, expresaron dudas sobre la celeridad gubernamental en la fase de reconstrucción.

La playa, antes sinónimo de vida y fiesta, hoy es escenario de despojo y silencio, y ellos, de sus últimos testigos, al menos en la golpeada zona, en la que decenas personas aún buscan a sus familiares entre los escombros.

“El turismo proveniente de Caracas y zonas vecinas es lo que va a levantar a La Guaira. Ahorita hay mucha devastación, pero una vez que la maquinaria se retire, los visitantes pueden venir; compren su pescado frito, sus tostones, sus cervezas y ayúdennos ofreciéndonos trabajo, que es lo que hace falta”,

reflexionó León.

A pesar del entorno adverso Robinson resaltó sin rodeos: el guaireño es sinónimo de constancia y resiliencia. “Esta tragedia nos va a fortalecer. Ya con la vaguada este pueblo demostró de qué está hecho. Ahora lo que necesita es el impulso inicial para volver a trabajar y salir adelante”.

Aunque la remoción de escombros avanza en los sectores costeros de La Guaira, la reactivación económica local sigue sujeta a la recuperación de infraestructuras y al retorno paulatino de los temporadistas.

Por ahora, el gremio playero sostiene sus hogares en una frágil transición entre el reciclaje informal y la espera de que las promesas institucionales se conviertan en acciones concretas.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

Lea también:

Balance oficial revela que cifra de fallecidos tras los terremotos ascendió a 4734 personas