Desde mediados de 2025, la falta de agua y luz afecta a los vecinos del edificio Malak, pero el problema empeoró tras los terremotos. Las fallas recurrentes se extienden hasta por 15 días e impiden tareas básicas como ducharse, limpiar, cocinar, trabajar o lavar la ropa.
Caracas. Una manguera tendida desde la conserjería hacia los apartamentos es la única vía para que los habitantes del edificio Malak, en el bulevar de Sabana Grande, un concurrido corredor peatonal del centro-este de Caracas, puedan abastecerse de agua.
La falta continua de electricidad inutilizó las bombas del inmueble e impidió que el recurso suba por las tuberías, obligando a jóvenes y adultos mayores a cargar tobos por las escaleras a oscuras para cubrir sus necesidades elementales.
Varias veces a la semana la escena se repite vivienda por vivienda, en penumbras. Esta precariedad les impide realizar tareas tan básicas como ducharse con regadera, limpiar el hogar o lavar la ropa.
De acuerdo con datos de la última encuesta Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), un estudio académico elaborado por la Universidad Católica Andrés Bello para medir el impacto socioeconómico en los hogares venezolanos, aunque el 29 % de los hogares en 23 estados del país recibe suministro de agua a diario, apenas el 19 % dispone del servicio de forma continua.
A oscuras y sin ascensores
En Sabana Grande, al menos 30 familias que habitan en el edificio Malak enfrentan el colapso total de los servicios básicos. Según testimonios de residentes y vecinos de la zona, la crisis se agravó desde el pasado 23 de agosto, cuando quedaron a oscuras de forma ininterrumpida durante 11 días debido a una avería en la red.
Sin energía eléctrica, los ascensores quedan fuera de servicio. Esta situación fuerza a adultos mayores, personas con discapacidad y niños con diversas patologías a ser trasladados a cuestas por las escaleras a oscuras. A esto se suma la imposibilidad de conservar alimentos, el sofocante calor y el paulatino deterioro en la salud de sus habitantes.
Aunque los problemas de servicios en el edificio iniciaron en el año 2025, un vecino de la edificación, quien prefirió resguardar su identidad, indicó que la inestabilidad de la luz causó la avería de una de las dos bombas que surten de agua potable al inmueble. Debido a los altos costos no han podido sustituirla.
“En una oportunidad anterior, en el edificio estuvimos 11 días seguidos sin electricidad. Tras una reparación de Corpoelec que duró solo siete días, las fluctuaciones reaparecieron hasta que quedamos nuevamente a oscuras. Ahora tenemos dos semanas sin luz otra vez”,
dijo uno de los habitantes del lugar, quien prefirió no identificarse por temor a represalias*.

Averías constantes y falta de respuesta
La versión del personal de la estatal eléctrica apunta a la escasez de insumos, mientras los reclamos de la comunidad no reciben una atención efectiva. La falla de mayor duración se mantiene de manera ininterrumpida desde el 23 de agosto de 2026.
Otro residente*, bajo condición de anonimato, detalló que el inmueble acumula meses sufriendo un servicio deficiente e inestable. Hasta esta publicación, Corpoelec no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre el caso ni ha ofrecido una vocería formal para detallar el cronograma de reparación o la disponibilidad real de los repuestos requeridos.
Respecto a los argumentos de la estatal eléctrica, el afectado señaló que en un inicio Corpoelec atribuyó el fallo a un cable tostado que requería reemplazo. Una vez cambiado ese tramo matriz, los técnicos indicaron que la avería correspondía a un transformador quemado, un equipo clave para regular la tensión del voltaje antes de que llegue a las viviendas.

Según indagaciones de los propios vecinos con personal técnico, la causa de fondo responde a las conexiones ilegales a la red eléctrica por parte de locales y comerciantes informales.
Comercio informal y sobrecarga de la red
El bulevar de Sabana Grande es un eje peatonal y comercial de aproximadamente 1,5 kilómetros de extensión. Concentra una alta densidad de actividad económica donde coexisten centros comerciales, locales a pie de calle y comerciantes ambulantes, conocidos localmente como buhoneros.
Pese a los planes de reordenamiento y las normativas municipales, el comercio informal ocupa amplios espacios del bulevar y gana terreno a diario. Estimaciones académicas y datos de organismos de investigación, como la Encovi de la UCAB, señalan que más del 60 % de la población trabaja en la economía informal.
Por su parte, los representantes del comercio informal y las autoridades de la Alcaldía del Municipio Libertador no han ofrecido declaraciones respecto a los planes de fiscalización ni a los seccionamientos de red para evitar la proliferación de tomas ilegales.

Los vecinos insistieron en que estas tomas clandestinas generan una sobrecarga en las fases, las líneas conductoras que distribuyen la corriente en el sistema público, que termina por averiar los equipos del sector. A la fecha, la respuesta de Corpoelec se limita a que la comunidad debe esperar la llegada de nuevos materiales para reponer el servicio.
“Los buhoneros principalmente hacen tomas ilegales y se conectan a los cables. Eso afecta la red principal y empeora las fluctuaciones. Hemos denunciado, pero aquí no hay ningún control. Los comerciantes hacen lo que les da la gana porque saben que no se aplica la ley”, expresó otro de los vecinos, quien pidió resguardar su identidad.
Frente a la inacción de la empresa eléctrica estatal, la comunidad del edificio Malak acude a los medios de comunicación para visibilizar sus demandas. Los afectados califican la situación de inhumana y exigen a las autoridades soluciones definitivas que devuelvan la habitabilidad al conjunto residencial.
Asimismo, señalan que evalúan llevar sus exigencias mediante peticiones formales ante los organismos públicos e instituciones de protección ciudadana para exigir el restablecimiento de las condiciones mínimas de vida en el inmueble.

