Perdigones en la cara de Rufo no lograron cambiar la historia de la falta de gas en Táchira

perdigones en la cara de rufo

Aunque en algunas comunidades sí se hace despacho de gas con regularidad, en otras pasan meses para que les llenen un cilindro. Personas con problemas de salud y de avanzada edad son los que más sufren, pues sus dolencias se agudizan con el estrés y el humo de la leña. El uso de cocinas eléctricas está descartado.


San Cristóbal. Que un adolescente de 16 años de edad que protestaba por la falta de gas doméstico haya sido agredido por la policía estadal y que como consecuencia de esa agresión con perdigones haya quedado ciego, no ha provocado que los responsables del despacho de las bombonas del carburante en San Cristóbal, estado Táchira, actúen con mayor eficiencia para evitar que sucesos de esta naturaleza se repitan.

El despacho de gas sigue en la lista de dolores de cabeza de los tachirenses. No hay servicio que sea eficiente en el territorio andino. De acuerdo con datos del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), 95 % de los sancristobalenses usan cilindros de gas doméstico para cocinar, por lo que el carburante es de primera necesidad.

Días, semanas y hasta meses deben aguardar por una bombona. Sin importar edad, clase social o ubicación geográfica de su vivienda ya la intermitencia en la entrega del gas golpea a todos.

Una forma de presionar por la falta de gas es el cierre de calles y avenidas. Con sus cilindros a cuestas, los vecinos de un determinado sector acuerdan cerrar la vía principal más cercana y retrasan la circulación de vehículos para llamar atención, a ver si en algún momento les atienden.

Una de las vías que más cierran es la autopista San Cristóbal-La Fría, a la altura de la panadería El Viajero. Ese punto siempre ha sido álgido, pues durante las protestas de 2014 y 2017 era un foco activo. Hoy en día, es un lugar estratégico para quienes desean ser escuchados, pues por esa vía ingresan las gandolas de gasolina, por lo que, si se cierra, no hay combustible en la entidad.

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Siempre hay protestas por gas y alguna autoridad media para que se abra el paso. El 1º de julio no fue diferente. Al final de la tarde, un grupo pequeño de habitantes del sector cerró la vía cuando un grupo de funcionarios de Politáchira llegó disparando gases lacrimógenos y perdigones. Justamente en ese hecho, el adolescente Rufo Chacón fue impactado a quemarropa con un cartucho de perdigones, por lo que perdió los dos ojos.

Pese al temor de que esto vuelva a ocurrir, las personas salen con sus bombonas, pues no tienen manera de cocinar con cocinas eléctricas, ya que el Táchira es uno de los estados con mayor cantidad de apagones por día. Esto obliga a la preparación de alimentos con leña, lo que representa un riesgo para la salud de quien enciende los fogones, por la inhalación de humo.

El fogón

Ana de Hurtado es habitante de La Romera y este lunes se encontraba esperando, bajo el abrasador sol del mediodía, el despacho de las bombonas que Pdvsa Gas se llevó desde hace quince días. Con desespero en el rostro asegura que, con su edad avanzada, debe encender fogones para comer ante la falta de gas.

Encima de la placa de su vivienda, tiene acondicionado un pequeño lugar, donde enciende el fogón cuando consigue algunos trozos de madera, la cual escasea.

perdigones en la cara de rufo
Es difícil encontrar leña. Foto: Ana Barrera

En el fogón yo preparo algunas cositas para medio comer. Arroz, arepas, lentejas, porque no hay más. Ya con esto tengo un mes, cuando se me acabaron todas las bombonas incluyendo una pequeña que me prestaron”, dijo Hurtado.

Precisamente por respirar el humo de la leña, doña Ana tiene problemas respiratorios.

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Sobre sus hombros tiene la responsabilidad de prepararle la comida a su esposo, que está incapacitado. Ha sobrevivido a tres infartos y es muy poco lo que puede hacer. “Esto para él es muy estresante”, agrega.

Precisamente, por su condición de discapacidad, fue hacia la planta de llenado a fin de exponer su caso. Ciertamente lo atendieron, tomaron sus datos y le dijeron que le resolverían. Sin embargo ya lleva más de 18 días esperando por esa respuesta prometida. “Para él no hay una atención ni nada”.

Dentro de su vivienda, doña Ana tiene una cocina eléctrica muy artesanal. Tiene la conexión hacia el tomacorriente y la resistencia. Pero en lugar de ser metálica, como las cocinillas eléctricas convencionales, está forrada con arcilla. Asegura que se la compró para ayudar a un muchacho de escasos recursos que las hacía. “Yo pensé que era desechable, pero me salió buena”, agregó.

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Doña Ana tiene problemas respiratorios. Foto: Ana Barrera

De acuerdo con el OVSP, 67 % de los sancristobalenses debe trasladarse fuera de su comunidad para adquirir una bombona, tal y como ocurre con quienes tiene cilindros de 10 kilos. Deben madrugar y llegar al Coliseo de Táriba, donde hacen una larga fila para anotarse y al otro día, con suerte, les despachan. Quienes han hecho uso de ese servicio lo hacen bajo el sol, lluvia, calor y frío, más los malos tratos de los que se han quejado en reiteradas ocasiones.

Unas cuadras más abajo de donde estaba doña Ana, se encontraban otros vecinos trancando el paso con cilindros. Liliana Mayorca, vocera del consejo comunal San Judas Tadeo, informó que ya llevan dos meses a la espera de una jornada de gas. “Son unas 50 familias afectadas por la falta de gas. Siempre hablamos con el encargado de la distribución y la respuesta es que ya vienen y ya nos cansamos y decidimos salir a las calles”.

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Asegura sentirse cansada ante la ausencia de respuestas oportunas. Sin embargo, saben que quien tiene pesos colombianos sí logra su despacho, pues por un cilindro de 18 kilos, cobran entre 30.000 y 40.000 pesos, lo que equivale a casi 100.000 bolívares. “Sabemos que sí hay gas, porque a los restaurantes y negocios sí les llega, pero a la comunidad, no”, señaló Mayorca.

En Barinas

No solo en Táchira se padece por la falta de gas. En la región llanera de Barinas la situación es similar. Ahora quienes llevan el despacho del gas son los encargados del Clap en la comunidad. Ellos hacen el censo de la cantidad y peso de los cilindros. Cuando recaban la información completa, los beneficiarios deben depositar a la cuenta del jefe de calle y consignar el recibo. Un camión de Gas Comunal se lleva los cilindros vacíos y en aproximadamente un mes llevan las bombonas.

Pero se han registrado extravíos de cilindros. En la urbanización Cinqueña III, más de 30 unidades se perdieron y ni el jefe de calle ni en la planta de llenado dan respuesta, por lo que en otros sectores ya se caldearon los ánimos y ha habido encontronazos entre vecinos y los dirigentes comunales.


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