El plazo para recoger el papel moneda coincidió en Puerto Ordaz con las colas para la gasolina y el pan, y con fallas de internet que colapsaron los puntos de venta: una combinación que embotelló la cotidianidad.

Ciudad Guayana. En el quiosco de Elena Ariza, durante la tarde del miércoles, quedó sintetizado el meollo de los billetes de 100 bolívares que, 24 horas después, no deberán circular en Venezuela.

Hasta el martes en la noche, su esposo estuvo en una cola del Banco de Venezuela para depositar los billetes marrones de las ganancias del día. Fue por eso que, a pesar de que aún quedan 24 horas de las 72 que fijó el gobierno de Nicolás Maduro para el cese de la circulación, tomó una decisión: no los aceptará más.

“Lo de anoche [martes] no fue lo único. Esta mañana yo hice una segunda cola y mi esposo anda trastornado porque eso es, prácticamente, cerrar. La gente se queja mucho: nadie me había insultado como me insultan ahora”, expresó.

En ese momento, un muchacho llegó al quiosco: “¿Cuánto es que le debo?”. Preguntaba por una vieja deuda. Pero Ariza optó por prorrogarla: “Prefiero que me pagues después porque no puedo aceptarte esos billetes”. Fue parte de lo que se vive en estas 72 horas, las 72 horas negras de Ciudad Guayana, según Ariza.

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Tiro por la culata

Las 72 horas para la recolección de los billetes de 100 bolívares ha coincidido en la región con los robos de cables a Cantv, lo cual ha debilitado las conexiones telefónicas y de internet y, por tanto, los puntos de venta.

Los guayaneses entonces se las vieron, si no negras, al menos marrones, como los billetes que dentro de poco serán recuerdo. ¿Servirá de algo la medida? El taxista Jhonny Cermeño lo piensa mientras hace una cola para gasolina —otro de los panoramas añadidos en estos días— y concluye, en breve, que no.

“Esa no es una buena medida. No entiendo para qué hacen eso. ¿Sabes por qué? Porque ve la economía: no sirve y no lo está haciendo bien Maduro”, concluyó.

Todo en estos días se resume con una palabra: cola. Para comprar pan. Para depositar una caja de billetes de alta denominación. Para abastecerse de gasolina, como Cermeño y otros. Para vivir.

Pero Ciudad Guayana no ha sido el único centro del embotellamiento citadino.

En Ciudad Bolívar, las colas se desbordaron. En Upata, los bancos solo aceptaron depósitos de 100 mil bolívares para cuentas personales. En el sur, indígenas denunciando que los guardias nacionales les robaron sus billetes. Todo, por cierto, para combatir mafias.

“Es que las medidas fueron para bien, pero a Maduro le salió el tiro por la culata”, dijo un trabajador de Venprecar mientras en el quiosco de Ariza pedía que le regalaran una bolsa para esconder 13 mil bolívares que retiró del banco…en billetes de 10.

Foto: Marcos Valverde



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