61 años y sigue vivo el recuerdo de la tragedia de La Llovizna
Foto Evelio Lucero

El 23 de agosto de 1964, el colapso de un puente en La Llovizna convirtió en tragedia una convención de maestros en Puerto Ordaz. Cerca de 40 educadores murieron y Venezuela guardó duelo, un recuerdo que aún marca la memoria del país.

Puerto Ordaz. Era la mañana del 23 de agosto de 1964 cuando se inauguró la XIV Convención Nacional de la Federación Venezolana de Maestros, en el salón Cuyuní de la Planta Siderúrgica del Orinoco (Sidor). Entre los actos previstos estaba la visita al salto La Llovizna, en el parque del mismo nombre.

Docentes de distintos rincones del país acudieron al encuentro. Al llegar al lugar quedaron maravillados por la imponencia del paisaje. La emoción y la imprudencia del momento los llevó a ignorar la advertencia de no exceder el número de personas permitido en el puente colgante.

Rafael Alfonso Mendoza, hijo de Rafael Mendoza —conocido como el “arquitecto de La Llovizna”— recuerda lo que su padre relataba de aquella jornada.

“Se había programado con Rafael Alfonso Ravard (entonces presidente de la CVG) la visita de maestros a La Llovizna, la cual terminó en tragedia. Se construyó un puente colgante. La descarga de agua del Caroní y que venía de la represa de Guri, casi todo pasaba por La Llovizna. Tenía un drenaje natural y se adentraba a la Llovizna. Había un torrente que pasaba por debajo del puente. Incluso había un aviso para que las personas pasaran de uno en uno”.

No solo sobrepasaron el peso máximo. Testigos aseguran que incluso saltaron sobre la estructura, como si fuera un juego. Ese exceso hizo que el puente cediera y provocara la tragedia en la que decenas de maestros murieron.

El reconocido fotógrafo Evelio Lucero integraba entonces la Guardia Permanente de los Bomberos de Caracas. Aquel día recibió la noticia de un accidente en el estado Bolívar, específicamente en la recién fundada Puerto Ordaz.

Puerto Ordaz no se conocía. Yo había oído hablar de El Callao y de Ciudad Bolívar, pero no de Puerto Ordaz. Recuerdo que el sargento Ferrer, mi inmediato superior, dijo: fulano, fulano y fulano, se van con el capitán Porfirio Naveda a Puerto Ordaz. Él era un falconiano, excelente nadador y buzo, era incluso el instructor de nado de los Bomberos”, cuenta Lucero.

—Yo quiero ir –intervino Lucero.

—Usted no es nadador –le respondió su superior.

“Yo siempre le he tenido miedo al agua. Pero me puse con el fastidio de que yo quería ir como fotógrafo. Hasta que me mandaron para que dejara el fastidio. Vinimos en un avión, no recuerdo si era de las Fuerzas Aéreas. Aterrizamos en Macagua”, rememora.

Venezuela de luto 

Cuando llegaron al lugar, la escena era desoladora. Algunos lloraban, otros gritaban.

“El puente no se cayó, lo derribaron porque excedieron el peso. Eso era como para ocho personas y había como 30 personas. Se habla de 37 cadáveres, de 40, de 50. Con exactitud no sabemos cuántos fueron, pero sí cerca de los 40. Ambulancias iban y venían. Los cadáveres los llevaron a San Félix y Venezuela se vistió de luto en honor a los maestros”,

señala Lucero.

“Hay cosas que no sé porque cuando llegamos ya tenía un rato que había pasado el accidente. Se cuenta que hubo cadáveres que los encontraron por los Castillos de Guayana (estado Delta Amacuro, a unos 45 minutos de Ciudad Guayana)”, agrega Lucero.

Aquel día estuvo el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa. El cronista Américo Fernández, en sus Crónicas Angostureñas, reseña que se salvó porque al momento de desplomarse el puente se hallaba en uno de los estribos, porque un colega lo llamó para tomarse una foto.

Entre los asistentes estaba el maestro José Gonzalo Méndez, acompañado de su hijo. El joven resbaló y cayó al agua; su padre se lanzó para rescatarlo, pero ambos murieron. Hoy, dos colegios en Puerto Ordaz llevan su nombre en homenaje a este educador.

Evelio Lucero conoce una anécdota adicional que le contaron después. “Hubo una profesora de Guanare, llamada Celina Monagas, ella se salvó. Al día siguiente se fue para Portuguesa, y llegando a Guanare el carro se estrelló contra una mata y murió”.

61 años y sigue vivo el recuerdo de la tragedia de La Llovizna
Evelio Lucero, quien pertenecía a la guardia permanente de Bomberos de Caracas, fue quien tomó registro fotográfico aquel 23 de agosto de 1964

El entonces presidente Raúl Leoni decretó tres días de duelo. El parque permaneció cerrado durante dos años, hasta que se levantó un nuevo puente.

Rafael Alberto Mendoza recuerda que a su padre se le intentó responsabilizar por la tragedia y fue interpelado en el Congreso Nacional. Hubo quienes lo defendieron y ratificaron que los maestros habían ignorado las advertencias, sobrepasando el límite de peso.

Dos años después reabrió el parque La Llovizna. Frente al salto, en una piedra, se colocó una placa en honor a los caídos de ese 23 de agosto de 1964, y los nombres de cada uno de ellos. Años después la quitaron y no se supo más de aquella placa. Más recientemente pusieron otra.

Mendoza asegura que el proyecto de su padre, a quien describe como un aventurero, buscaba unir La Llovizna con el parque Cachamay, también diseñado por él. La idea era trasladar, de forma planificada, el puente de hierro que aún se encuentra sobre el río Cuyuní, en el municipio Sifontes. Esa estructura había sido construida por Gustave Eiffel, creador de la Torre Eiffel, y serviría para enlazar ambos parques.

El maestro José Gonzalo Méndez y su hijo estuvieron entre las víctimas de la tragedia de La Llovizna
El maestro José Gonzalo Méndez y su hijo estuvieron entre las víctimas de la tragedia de La Llovizna

La historia de la familia Cortés

En un artículo publicado por el cronista de Carora Luis Cortés Riera, reseña el testimonio de su padre Expedito Cortés, uno de los sobrevivientes. Su madre Claver Riera de Cortés escuchaba un proyecto de radio Telefunken germano. No daban noticias de él, a quien se tenía como desaparecido. Al día siguiente recibieron un telegrama con la buena noticia de que estaba con vida.

Según su relato, alguien le comentó de un suculento almuerzo al otro lado del puente colgante.

“Eché adelante para ganar tiempo al grupo que venía detrás de mí. Al sacar el pie derecho y silenciosamente el puente deja caer su preciosa carga humana (…) nos fuimos río abajo unos colegas educadores y guardaparques a salvar a los educadores que, golpeados por las piedras, eran arrastrados por la inmensa y fragorosa corriente fluvial”, contó entonces su progenitor.

A esa historia añadió: “un educador llanero, gran nadador, salva a dos educadores semi inconscientes y los trae a la orilla del inmenso afluente del Padre Orinoco”.

Hoy, el parque La Llovizna continúa siendo uno de los principales atractivos turísticos de Ciudad Guayana. Sin embargo, la memoria de lo ocurrido aquel 23 de agosto de 1964 sigue presente.

“Han pasado 61 años y sigue el mal recuerdo de esa tragedia”,

afirma Lucero, quien ese mismo año se fue a vivir a Puerto Ordaz.

Bajo la bruma que levanta la caída de agua, permanece intacto el recuerdo de aquel día. Puerto Ordaz, símbolo de progreso en los años sesenta, cargó desde temprano con la paradoja de una modernidad atravesada por la tragedia.

Entre los nombres de los caídos que figuran en reseñas históricas están: Irene Fernández, sobrina de la primera dama Doña Menca de Leoni; doctor Cruz del Valle Rodríguez, José Luis Guzmán, Teresita Coronell, Evangelista Natera, Ana María Contreras, Carmen Teresa Rosales y Carlos Arturo González.

También aparecen Consuelo Navas, Cecilia de Segura, Adolfo Navas, Ciro Maldonado, Consuelo Chacín, Cruz Antonio Velazco, José Gonzalo Méndez, Josefa Molina, Lermith Hernández, María de los Santos Higuera, María Teresa Coronel, Napoleón Ramírez, Nélida Núñez, Nohemí Higuera, Pascual Ignacio, Rafael Vera, Ramón Arturo Reinoso, Simón Andrés Peña y Víctor Gómez.

El testimonio silente de los maestros sigue vivo en cada visita escolar al parque, en las placas que desaparecieron y reaparecieron, y en el eco de una ciudad que nunca terminó de saldar esa deuda con su historia.

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