Eurydis Acosta se vistió de madama, por primera vez, a los cinco años. Su madre, costurera, le probaba los vestidos que cosía. Este rol es sagrado dentro de los Carnavales de El Callao para todos los Acosta.

Bolívar. Solo los callaoenses entienden el significado de los Carnavales de El Callao, más allá de cuatro días de celebración. Todos sus elementos tienen una historia que recuerda a sus ancestros, como las madamas, o denuncias, como las que hicieron nacer las primeras comparsas. Es una tradición que pasa con orgullo de generación a generación.

El traje de madama, por ejemplo, no es solo color y elegancia: es historia. Así lo siente Eurydis Acosta, quien desde hace 45 años deja en alto la tradición callaoense.

A los cinco años, vistió por primera vez un traje de madama. A esa edad era un “disfraz” para la celebración de las comparsas. Luego, a los 15 años comenzó a salir formalmente como madama y asumió con orgullo un rol que, para ella, es sagrado dentro de los Carnavales de El Callao.

Carnavales de El Callao
El Callao | Foto: Cortesía

“Nuestro traje de madama representa una satisfacción, por lo menos personal, y yo me imagino como todas las madamas del municipio de El Callao: cuando nos vestimos con este traje nos sentimos orgullosos de nuestros ancestros, de esa mezcolanza, de todos esos inmigrantes que llegaron en la búsqueda del oro”, expresa con emoción la mujer, quien tiene 50 años de edad.

Hija de una costurera, recuerda que fue modelo de su madre para cada diseño de fantasía y cada traje de madama.

“Yo era su modelo y quedé allí, y así de generación en generación: mis tres hijas y ahora mis tres nietas”, cuenta.

Su última nieta, de ocho meses, también vestirá de madama en estos Carnavales 2026.

Para ella, es un legado que trasciende el espectáculo. “Yo invito a todos esos turistas que van nada más por el bochinche a que conozcan quién es El Callao, que vayan a las casas de las familias que vivimos el día a día la cultura, la parte social, deportiva. Que no vean nada más lo superficial, que vean más allá. Van a encontrar y se van a enriquecer mucho más de lo que es el gentilicio callaoense”.

Primeras madamas

Las primeras madamas que llegaron a El Callao fueron traídas desde Las Antillas para las labores domésticas.

De acuerdo con la cronista Frayma Orsini, antiguamente las madamas salían vestidas de “mamarracho”. La cara iba tapada con una máscara y un cedazo con telas metálicas. De hecho, hay una canción de calipso de Family Ground, llamada “Mamarracho”.

“Se metían a las casas (las madamas), hacían un simulacro como si iban a barrer, y les daban dinero. Pero cuenta la leyenda que se metían en casas específicas porque había mujeres que les pagaban para ver si el hombre estaba metido en casa de la segunda (amante)”, relata Orsini.

Una identidad

El mismo sentimiento de Eurydis recorre la vida de Israel Brown, cultor con más de cinco décadas de historia en el Carnaval, y abuelo de Eurydis.

“Para mí es una enfermedad, lo tengo en la sangre, ya se me pasó a los tuétanos. No puedo dejar de tocar Carnaval porque es nuestra identidad”, expresa.

Desde los nueve años acompañaba a su madre en las comparsas. Aprendió en casa el significado profundo de cada tambor, de cada canto en inglés criollo heredado de los trinitarios, de cada plato preparado para compartir.

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Abuelo y nieta conservan la herencia de sus ancestros y el compromiso de mantener la tradición del origen de los Carnavales de El Callao

“Eso viene desde el hogar. Mi madre hablaba inglés, nos contaba de dónde veníamos. Ella lavaba los trajes de madama y en la cocina nos enseñaba todo. Yo se lo he transmitido a mis hijos y ya tengo una nieta que desde los cinco meses está con su traje, para que no se pierda la tradición”,

relata con orgullo.

Israel recuerda que hubo tiempos difíciles, cuando los trajes se hacían con sacos de harina porque no llegaban telas al pueblo, pero aún así, no se apagó el espíritu festivo.

“No llegaban esas grandes telas a El Callao, pero de alguna manera celebrábamos. Nos dábamos el gusto de comer bacalao, que llegaba por barco y era un plato tradicional. No podemos dejar de ser Carnaval, nunca. Esta cultura, que es la más bella, nunca se acaba”.

Carnavales de El Callao
Foto: Mintur

40.000 turistas para El Callao

El alcalde del municipio, Coromoto Lugo, sostiene que esa identidad es el motor que mueve cada edición. “Todo está preparado, la mesa está servida para recibir 40.000 turistas. Tenemos garantizadas las condiciones mínimas para que disfruten de los Carnavales del Callao”.

Detalló que más de 5000 personas participan activamente en las comparsas. En la medianoche del domingo se hizo, por primera vez, un desfile de más de 800 medio pinto. Además, cada agrupación de calipso recibe entre 880 y 900 litros de combustible para los seis días de celebración.

Lugo también admitió los desafíos estructurales del municipio: menos de 600 camas hoteleras, servicios públicos que requieren inversión y una economía marcada por la actividad minera.

“El Callao va a seguir viviendo de su cultura y de su oro, pero es necesario impulsar políticas que mejoren la calidad de vida y potencien el turismo”, afirmó.

Con más de 180 años de historia y conocido como la tierra de la Negra Isidora, El Callao ha hecho del calipso su bandera y del Carnaval su mayor expresión colectiva, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

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