Desde ropa usada, herramientas y hasta tubos traídos de casa, son los artículos que ofertan hombres y mujeres de la tercera edad en calles de las avenidas Baralt y Fuerzas Armadas para generar un ingreso extra, porque la pensión no les alcanza.

Caracas.  A Jesús Torrealba, quien era pescadero, la necesidad de más ingresos para cubrir las necesidades básicas lo ha llevado al rebusque. Tiene 70 años y comenta que lo que percibe por la pensión —22.576 bolívares— no le da para adquirir alimentos y medicinas.

Su solución, ante lo que describió como “situación país”, fue recolectar los artículos que no utiliza en casa para ponerlos a la venta a precio de ganga en una de las esquinas de la avenida Fuerzas Armadas.

Tubos, herramientas de plomería, espátulas, repuestos, enchufes. Cada artículo, con sus precios marcados, los oferta sobre una bolsa negra puesta en el piso de la congestionada zona. Su esposa lo ayuda, mientras remata en 100 bolívares las películas DVD que quedaron en casa.

“Es la primera vez que lo hago, pero la necesidad nos llevó a esto. Es una manera de resolver. Un día vimos que la plata no alcanzaba y recogí todo lo que no usaba en casa, vi este espacio aquí y nos pusimos. Hasta ahora no hemos tenido problemas”, relató Torrealba, de cabello canoso y tímida sonrisa.

Su caso no es el único: como él hay más personas que, por necesidad, se apuestan en la acera con cualquier cantidad de objetos, desde ropa usada hasta cepillos dentales, destornilladores y secadores para el cabello. Todo tiene potencial para sacar algo de dinero.

Muchos son los transeúntes que se paran a echar un ojo y preguntar el precio, sin comprar. Al día, Torrealba y su esposa pueden ganar apenas 300 bolívares.

“No es mucho, pero nos alcanza para comprar la auyama, y los aliños. A los 70 años nadie te da trabajo, es la primera vez que hago esto, pero lo hacemos por la necesidad”, explicó.

Ante la crisis económica actual, la presencia de comerciantes informales se hace cada vez más común en las aceras de la capital Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
Jesús Torrealba, junto a su esposa, vende desde repuestos hasta películas

Aunque la venta informal en plena avenida no es permitida, cada vez son más quienes ven en ella una manera de palear una crisis económica que alcanza niveles de inflación de tres dígitos. Pero la oferta en muchas zonas es de artículos viejos y va desde ropa hasta herramientas.

Más allá de la avenida Fuerzas Armadas, la historia de Torrealba se repite en la avenida intercomunal de El Valle, a una cuadra del Hospital Periférico de Coche.

Son cinco “puestos” en la acera, que se comparte entre varias personas, incluyendo a los de la tercera edad, quienes ponen a la venta cualquier tipo de artículos de ropa, timbres, correas, carteras, tubos de PVC, tornillos. Pocas pasan de los Bs. 500, menos una plancha para el cabello, que llega a los Bs. 1.000.

Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
Junjto con otros grupos de personas, Oropeza pone a la venta la ropa usada que tiene en casa

Carmen —nombre ficticio por seguridad—, armó su puesto en enero por “necesidad”, según sus palabras. Con 73 años, la plata no le rinde. Vendía ropa que adquiría en el mercado de El Cementerio, pero los costos aumentaron y las ganancias bajaron. Ahora, la ropa que vende es usada, traída de casa.

“Toda la ropa es usada. Tengo alguien que me la vende y luego la traigo para acá. Los pantaloncitos de bebé los tengo en 200 bolívares, las camisas igual. A veces se regatea”, relató.

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En los puestos, cada uno tiene su espacio. Nadie se entromete con las cosas del compañero de al lado. Y a pesar de que los precios son una ganga, son pocos los que compran.

“No es mucho lo que uno gana”, dijo, al tiempo que mostraba a un cliente los artículos a la venta. “Esto es ropa usada y no todo el mundo lo compra”.

Jesús Torrealba, junto a su esposa, vende desde repuestos hasta películas Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
Cualquier cosa es buena si se le puede sacar un poco de dinero

Todo es un regateo

La venta de artículos usados es una práctica que se extiende a lo largo de la avenida Baralt. Allí la oferta es más amplia: un par de zapatos se consiguen en 500 bolívares; las camisas en 200 bolívares y los repuestos en 400 bolívares. Aunque todo se puede negociar por otros montos y no falta quien pregunte por los costos, escasean los compradores.

En esta avenida los vendedores, que son de cualquier edad, ofrecen su mercancía dentro de una maleta o en bolsas, pues al grito de «agua» —término con el cual se refieren a los cuerpos policiales— cargan con los artículos a sus espaldas y desaparecen tan rápido como llegaron.

Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
En la avenida Baralt hay más presencia de comerciantes informales de cualquier edad

Fotos: Mariana Mendoza


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