Desde hace 30 años, el médico veterinario Alexander Blanco dirige el Programa de Conservación del Águila Harpía (Harpia harpyja) en Venezuela. En el estado Bolívar, la mayor concentración de nidos de esta especie se encuentra en la Sierra de Imataca.
Puerto Ordaz. El estado Bolívar es uno de los principales hábitats de la águila harpía (Harpia harpyja) en Venezuela, una especie protegida gracias a programas de conservación, educación ambiental y restricciones contra la caza furtiva.
La Reserva Forestal Imataca tiene una de las densidades poblacionales más altas de esta ave, dentro de su rango de distribución histórico en Latinoamérica.
De acuerdo con el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, se clasifican como vulnerables, debido a que enfrentan amenazas de deforestación, degradación ambiental, minería, tráfico de fauna y cacería ilegal.
Precisamente, la tenencia ilegal en cautiverio de un águila harpía en un un lujoso hotel de Guasipati, municipio Roscio, generó una fuerte reacción en las redes sociales. El caso fue dado a conocer a través de un video publicitario de una creadora de contenido. En respuesta a las denuncias, el Ministerio Público asignó a la Fiscalía 3 del estado Bolívar la tarea de investigar la situación.
Estas denuncias han contribuido a crear conciencia sobre la tenencia de animales no domésticos, especialmente aquellos en peligro de extinción. En el caso de esta ave, Venezuela cuenta con el Programa de Conservación del Águila Harpía, liderado por el médico veterinario Alexander Blanco.
Señala que esta especie es la más grande de América y la tercera más grande del mundo. Su distribución histórica va desde el sur de México hasta el norte de Argentina.
Águila harpía en Venezuela
En Venezuela, el hábitat del águila harpía se extiende por dos áreas clave. La primera zona incluye las cordilleras centrales de los estados Aragua, Carabobo, el Distrito Capital, Cojedes, Portuguesa y la Sierra de Perijá.
Sin embargo, se ha encontrado una mayor cantidad de nidos de águila harpía en los estados Bolívar y Amazonas, particularmente en la Sierra de Imataca.
“Es un animal que puede medir entre los 95 a los 98 centímetros de altura. Las hembras son más grandes que los machos, estas pueden tener una envergadura entre 2.80 metros a 2.90 metros, y los machos pueden tener una envergadura de 2.20 a 2.30 metros. En peso, la hembra por ser más grande llega a los 9 kilos en promedio y los machos pesan entre 4 a 5 kilos”, describe Blanco.
Otra de las características físicas del águila harpía es su pecho, muslos y alas cubiertos de plumas blancas, junto con un collar de color negro y una cara grisácea. Destaca también una especie de corona de plumas que se erige en su cabeza, así como garras amarillas que pueden medir hasta 12 centímetros de longitud, casi o más grandes como las de un oso pardo.
Aves longevas
En cuanto a su alimentación, hace aproximadamente 10 años se creía que esta ave era exclusivamente arborícola, alimentándose de animales que habitan en los árboles del bosque, como perezosos, monos, guacamayas y tucanes. Sin embargo, en años recientes se ha descubierto que también caza animales terrestres, como cachicamos y venados.
“Es un animal muy versátil, pero al mismo tiempo es muy frágil debido a las alteraciones ambientales como la fragmentación del bosque, el cambio climático, lo cual incide en la sobrevivencia de la especie. Además, tiene un ciclo reproductivo muy largo entre un pichón y otro pichón. Son casi cinco años entre un pichón y otro”, explica Blanco.
No obstante, las águilas harpías son conocidas por su longevidad. Alexander Blanco menciona un caso notable en el zoológico de Dortmund, Alemania, donde un águila harpía vivió hasta los 60 años en cautiverio. En el zoológico de Las Delicias en Maracay, también se documentaron dos águilas que alcanzaron edades de 46 y 48 años, respectivamente.
“Eso es en cautiverio. Ahora, en Guyana hay un nido de arpías cuyas águilas tienen 50 años en ese mismo lugar”, destacó.
En sus 30 años de trabajo con esta especie, el veterinario Alexander Blanco indica que Venezuela cuenta con aproximadamente 15.5 millones de hectáreas de bosque. Dentro de estas áreas, se estima que podrían existir alrededor de 1500 parejas de águilas harpías.
“A pesar de que somos el país que hemos reportado mayor número de águilas o de un mayor número de parejas y de nidos, todavía no hemos llegado ni siquiera al 2% del total que puede haber en el país”, aclara. Sólo en la Reserva Forestal de Imataca se monitorean 94 nidos.

Programa de conservación
En relación con el Programa de Conservación del águila arpía (o harpía, ya que ambas grafías son aceptadas), Alexander Blanco detalla que se basa en cuatro elementos fundamentales:
- Conservación Directa: Con iniciativas que buscan proteger no solo al águila arpía, sino también su hábitat y ecosistemas asociados.
- Investigación: Evaluaciones biológicas, ecológicas y biomédicas para entender mejor la especie y su entorno.
- Educación Ambiental: Difusión de conocimientos a comunidades, particularmente rurales, para crear conciencia sobre la importancia de la especie y disminuir temores infundados sobre ella.
- Divulgación: Uso de diversos medios para informar y educar al público sobre la conservación y el valor del águila arpía.
Este programa de conservación ha sido pionero y se ha convertido en modelo internacional, involucrando a comunidades locales en la protección de la especie, lo que a su vez ha resultado en un aumento de la población de águilas en Venezuela.
Los sanitaristas del bosque
Por otra parte, el águila harpía desempeña un papel fundamental en el ecosistema. Junto con el jaguar, es uno de los dos grandes superdepredadores del bosque. Según explica Alexander Blanco, esto significa que se encuentra en la cúspide de las cadenas tróficas, ya que no tiene depredadores naturales que actúen como controladores ni representan una amenaza para su existencia en la naturaleza.
“¿Cuál es su función? Que son controladores de los animales enfermos y animales débiles, y mantienen las poblaciones de los animales que ellos consumen. Yo les digo que son unos detectives del paisaje o son sanitaristas del bosque. Generalmente consumen los animales debilitados, enfermos, que tienen algún problema y que son los más vulnerables para la caza. Y al ser cazados, también controlan y evita que puedan transmitir enfermedades a otros congéneres de su propia especie o de otras especies”.
Una parte fundamental del trabajo que hacen desde hace más de 30 años es proteger a la especie de la caza ilegal y el tráfico.
“El principal problema son los intereses económicos. O también por ser una especie tan llamativa, emblemática, exótica en el sentido de lo que representa como especie. No existe diferencia si tú sacas una arpía de su hábitat natural viva o muerta. Un animal que extraes de la vida silvestre, es relativamente un animal muerto para la naturaleza. Si está vivo y lo tienes en cautiverio, es un animal que puede perder todas las sus habilidades naturales para su sobrevivencia”, detalló
Sin embargo, han llegado a rehabilitar más de 25 águilas para su regreso a la naturaleza. Aunque es un componente que hay que hacerlo a largo plazo y no una liberación inmediata.
“Generalmente los animales que están en zoológicos, o en otras instituciones que ahora los llaman centros de conservación, cumplen una función de educación para conocer las especies. Pero por ley, todas las instituciones zoológicas del país tienen que estar registradas y cumplir unos estándares mínimos para mantener animales en cautiverio, según sus condiciones biológicas y zoológicas”, acota.
Esto se debe a que los animales silvestres actúan como reservorios naturales de enfermedades que no les afectan directamente, pero que pueden transmitir a otros animales e incluso a los seres humanos, como es el caso de la tuberculosis.
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