La Unidad Educativa Valero Hostos enfrenta un deterioro generalizado en su infraestructura. Filtraciones en las aulas, baños dañados, fallas de agua y la suspensión del comedor tras un robo.
Caracas. La Unidad Educativa Valero Hostos, ubicada en la parroquia Caricuao, no tiene una cancha propia para las actividades recreativas y los actos escolares. Los 500 alumnos de educación inicial y primaria no tienen un espacio adecuado para hacer deporte.
La materia de Educación Física depende de la buena voluntad de la comunidad, ya que las clases se dictan en una cancha prestada que pertenece a los edificios vecinos.
Sin embargo, cuando la cancha de la comunidad no está disponible los niños y niñas hacen las actividades en un terreno de tierra cubierto de monte, expuestos al sol.
”La escuela tiene un espacio en el patio y es lo que utilizan los alumnos, pero cuando pega el sol no pueden estar ahí. Deberían tener algo techado donde puedan jugar tranquilamente, donde puedan tener sus actos, todo que sea en pro de ellos”,
señala Carmen*, madre de dos estudiantes del plantel.


Las deficiencias en el área deportiva son apenas la superficie de una crisis estructural que las madres, padres y representantes denuncian a diario. Carmen agrega que los niños y niñas tampoco tienen un lugar para tener sus recesos y siempre deben estar en sus salones.
Filtraciones en los salones
La humedad y las filtraciones de los salones son otro problema para la comunidad escolar de la Escuela Valero Hostos.
En uno de los salones el olor a humedad es denso y penetrante. En las paredes se forman manchas oscuras, mientras que las capas de pintura se desconchan y caen al suelo en pedazos.
Según Alejandra* esta situación obligó a la maestra a modificar la dinámica dentro del salón, los alumnos solo pueden sentarse agrupados del lado derecho, lo más lejos posible de la pared, para evitar tener contacto con las filtraciones y así evitar que los niños y niñas continúen con cuadros constantes de alergias, tos o gripe.

”Lo que está a la vista no es mentira. Esto es dañino para ellos, viven con una constante alergia por esto, por la humedad junto con la profesora. Por muy bonito que pinten la escuela, siempre termina esto así, horrible. Afecta a los niños, hubo un momento en que todos tenían gripe”,
sentencia la representante.
Añade que la escuela fue arreglada con bombillos y pinturas el año pasado, pero “fueron paños de agua tibia y mal hecho”.
Como representantes manifestaron su temor por las condiciones de los techos, los cuales se encuentran deteriorados.
Baños colapsados y botes de agua
La situación de los servicios internos empeora la jornada de cinco horas que los estudiantes pasan en la institución. En los baños de los alumnos el mobiliario está inservible desde los lavamanos hasta las pocetas.
”Ningún lavamanos sirve. Si ellos se van a lavar las manitos tienen que ponerle un tobo o salir y lavarse donde se bota el agua. Las pocetas no bajan, hay que echarle agua con todo”,
relata Deisy*, otra de las representantes afectadas.

De acuerdo con Deisy, mientras los niños y niñas deben cargar tobos para usar los sanitarios, el agua se desperdicia por fallas de plomería en la tubería principal de la institución. El servicio llega a la zona los miércoles y se corta los viernes por la mañana. Durante esos días, dos chorros internos presentan botes continuos que nadie repara.
Sin especialistas ni comedor
A pesar de que la Unidad Educativa Valero Hostos mantiene su plantilla de docentes de aula completa, en el horario de 7:00 a. m. a 12:00 m., no hay servicio psicológico, psicopedagogía ni docente de informática, el centro de computación de la escuela permanece cerrado.
“La deserción de personal en este momento es notoria en la institución, pero no hago nada con sacar a mi hijo cuando no tengo para pagar una escuela privada. Aunque como madre me gustaría que está escuela fuera acondicionada y tenga todo el personal”.

Según los representantes tampoco hay comedor, luego de que hace aproximadamente tres años, después de la pandemia de COVID-19, hubo un robo en la escuela.
Los delincuentes se llevaron los motores de las neveras, los refrigeradores grandes y desvalijaron la cocina, que estaba equipada. Desde ese momento el Programa de Alimentación Escolar (PAE) no volvió a activarse y los estudiantes perdieron ese beneficio.
Añaden que ante la falta de presupuesto oficial, la autogestión es la vía para resolver las contingencias en la institución. Son los propios padres quienes compran los bombillos cuando las aulas se quedan a oscuras y colaboran con la limpieza para intentar mantener un espacio mínimo de comodidad para los estudiantes.
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