El exdiputado opositor Américo de Grazia cumplió un año detenido en El Helicoide sin que se tenga certeza de los delitos que se le imputan, el estatus de su proceso judicial y su condición de salud, complicada por un padecimiento pulmonar.

Caracas. María hace una pausa antes de empezar a hablar, cómo quien necesita un momento para tratar de llevar a palabras la desazón que le embarga porque este 7 de agosto su papá, el opositor Américo de Grazia, cumplió un año entero detenido. 

“Mi papá cumple un año ya preso, un año sin recibir visitas, un año sin ningún tipo de comunicación, aislado del exterior, de la vida, ni con nosotros, ni con sus médicos, ni con Italia”, dijo a Crónica Uno María Andreina de Grazia, hija del dirigente político. 

En todo este tiempo, el exdiputado tampoco ha podido hablar con sus abogados, ni siquiera su familia ha tenido acceso al expediente y todo “ha ido para atrás”, en cuanto a la escasa información que reciben de él o la comida y ropa que pueden pasarle. 

“Nada ha ido para adelante, pero hay cosas que se han ido para atrás”, cuenta María Andreina en referencia a la medida reciente por la que los funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), en El Helicoide, pasaron de recibir paquetería tres días a la semana, para recibir solo una vez cada siete días. 

En las palabras de María Andreina, el enojo y la preocupación se mezclan con un tono de resignación aprendido en un año de visitas frustradas y trámites sin respuesta. Su testimonio no llega desde un lugar específico —no hay pasillos de tribunales ni barrotes a la vista—, pero sí desde el peso acumulado de las ausencias y las horas de espera.

La salud

En 365 días, la familia tampoco tiene información sobre el estado de salud del político originario del estado Bolívar. Solo unos récipes entregados recientemente por funcionarios del Sebin a la familia en los que solicitaban medicinas por una supuesta “bronquitis crónica” son la señal de que las cosas no están bien. 

Dos infecciones, un hongo en las vías respiratorias, hernias discales, trastornos prostáticos y varias patologías gástricas asociadas a su condición de paciente bariátrico son los padecimientos del político de 66 años de edad. 

Ese listado médico, que la familia repite de memoria, es también un inventario del tiempo que pasa sin atención adecuada. Los médicos de cabecera del exdiputado manifestaron a la familia la preocupación de que el padecimiento actual de De Grazia signifique “un avance crítico” del hongo pulmonar que padece. 

La familia ha intentado, con mediación del Gobierno de Italia, pedir que se conceda una visita médica al dirigente y comunicación con ellos, pero sus esfuerzos y peticiones ante instancias nacionales no han sido escuchadas. 

La detención

El exdiputado fue detenido el 7 de agosto de 2024, después de las elecciones presidenciales, cuando se dirigía a una consulta médica de emergencia por el problema respiratorio que lo aqueja. Su familia asume que está en El Helicoide, porque es allí donde les reciben la paquetería. 

“A mi papá lo secuestraron en Caracas, cuando iba camino al hospital. Justamente porque se sentía mal por el tema de los pulmones. Él estaba resguardado desde el 29 de julio y le tocó salir de emergencia por esa razón”,

contó su hija.

Desde entonces la familia solo tiene la opción de llevar ropa, sábanas limpias, comida y algunas vitaminas tres veces a la semana al Sebin, donde asumen que se encuentra detenido.

Antes de su arresto, De Grazia no solo era un dirigente opositor del estado Bolívar; había sido alcalde de Upata, diputado a la Asamblea Nacional y figura clave en las protestas y campañas electorales opositoras.

Durante las elecciones presidenciales, Américo se encargó de la logística de los testigos opositores en los centros de votación de Upata, en el estado Bolívar.

Foto: archivo.

Sin certezas

Ni la familia del exdiputado ni sus abogados de confianza tienen acceso al expediente del caso. Tampoco saben los hechos por los que acusan a De Grazia, aunque insisten en que la detención es parte de la persecución política que se desató luego de las elecciones presidenciales de 2024. 

La única información que tiene la familia es la que aportó el defensor público asignado al caso, en una cita en octubre, a la que accedió tras la insistencia de la Embajada de Italia.   

El funcionario les dijo que a De Grazia “le están dando los mismos delitos que le están dando a todos los presos políticos, instigación al odio, rebelión, traición a la patria”. 

“Él explicó que la audiencia preliminar de mi papá se había llevado a cabo el 28 de octubre del año pasado, vía telemática alrededor de las 9:30 p. m. en El Helicoide. Supuestamente él se declaró inocente de todos los cargos”, contó.

De acuerdo con las cifras más reciente del Foro Penal, en Venezuela hay 807 presos políticos, de los cuales se desconoce el paradero de 44 y 83 tienen nacionalidad extranjera.

Pero los números, fríos y duros, no cuentan lo que pasa en la casa de los De Grazia: una silla vacía en las comidas, una habitación cerrada que ya huele a ropa guardada y el teléfono que suena solo para traer noticias incompletas.

María Andreina termina la conversación con solo una certeza clara: sabe que volverá a repetir esta historia, palabra por palabra, hasta que algo cambie.

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