El Gobierno anunció que ha empezado a implementar un nuevo esquema “precios justos” en alimentos como el pollo y los huevos. Aunque busca contener la inflación, expertos y consumidores temen escasez, distorsiones y el regreso del “bachaqueo”, como ya ocurrió en el peor momento de la aplicación de la Ley de Precios Justos de 2015, aún vigente.
Caracas. En una calle del populoso sector Pinto Salinas, en el oeste de Caracas, la vicepresidenta Delcy Rodríguez hizo un anuncio que revivió viejos fantasmas en la memoria del consumidor venezolano: el Gobierno ha alcanzado nuevos acuerdos con sectores productivos para establecer “precios justos” en alimentos esenciales.
Lo dijo el sábado, 31 de mayo, durante una jornada social, y dejó claro que el primer paso ya está dado: pollo y huevos han sido los primeros rubros en ser regulados. Ahora irán por la carne.
“Seguimos trabajando con el sector cárnico donde hemos avanzado, pero tienen que bajar más los precios. Una de las formas de lograr esto son los mercados a cielo abierto”, afirmó Rodríguez. La medida, explicó, busca frenar el alza descontrolada en los precios de rubros básicos que afecta el bolsillo del venezolano.
Dos días después, al inicio de esta esta semana, el lunes, 2 de junio, el diputado y presidente de la Subcomisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Ramón Lobo, ofreció más detalles sobre el alcance de esta iniciativa. En entrevista con Últimas Noticias, adelantó que “próximamente será anunciado un nuevo esquema de precios acordados en bienes esenciales”, que se publicará en Gaceta Oficial.
No es la primera vez que el Ejecutivo lanza una medida de este tipo. En 2015, la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Precios Justos, todavía vigente, que en su artículo 27 establece el “precio justo” fijado por el Estado, así como un precio máximo que puede ser definido por productores o importadores. Además, esta normativa impone un tope del 30 % en la ganancia sobre los costos. Lo que genera dudas sobre el enfoque del nuevo esquema.

Temor a la escasez
Pero si algo dejó claro la última década es que el control de precios no siempre garantiza abastecimiento. Ante los anuncios del Gobierno, algunos consumidores consultados por Crónica Uno manifestaron su preocupación, al considerar que este tipo de medidas pone en riesgo el abastecimiento de ciertos productos.
“No podemos volver al control de precios, eso debe desaparecer, porque vamos a caer en lo mismo que vivimos en el 2015 y 2016, que uno debía pelearse por una harina de maíz, por un litro de aceite o por una lata de atún”, expresó Carmen Laya, consumidora caraqueña.
Aunque considera que debe castigarse la especulación, hace una clara distinción: “Yo estoy de acuerdo en que metan presos a los especuladores, porque hay algunos que de verdad se pasan, pero algo muy distinto es controlar los precios, porque nadie quiere vender a pérdida y con ese control se desaparecen los productos y vuelven los bachaqueros que venden al precio que les da la gana”, comentó.
El mercado se autoregula
Elio Graterol también se mostró escéptico ante este tipo de controles. Cree que la solución pasa por liberar la economía. “Fijar precios no sirve de nada, porque el venezolano, que siempre ve la oportunidad de ganar dinero, compra a precio regulado y más adelante lo vende con sobreprecio. Eso es algo que ya vivimos”, manifestó.
A su juicio, el mercado tiene su propia dinámica y el comportamiento del consumidor es clave para regular precios, pese a las distorsiones de la economía nacional.
“El mes pasado (mayo) un cartón de huevos te costaba $8 en la calle, la gente dejó de comprarlos y ahora se consiguen nuevamente en $5. El fin de semana los compré en $4,5 en un supermercado en la avenida Libertador (en Caracas)”,
relató.
También recordó que en 2023 ocurrió algo similar con la carne: los precios subieron drásticamente, pero al bajar las ventas, también cayó el precio.

Distorsiones sin reforma
Desde la perspectiva técnica, el economista y profesor universitario Aarón Olmos advirtió que sentarse a fijar precios sin abordar problemas estructurales genera distorsiones.
“Es importante que el gobierno se siente con los empresarios para definir los márgenes de ganancia, un poco para acallar la situación de especulación. No obstante, sabemos que cuando salen a la calle a fiscalizar precios, uno de los primeros efectos que suele ocurrir es que los productos comienzan a desaparecer”, alertó.
Aseguró que, actualmente, es más complejo para comerciantes y empresarios establecer “precios justos”.
“Debemos entender que no solamente se debe acordar o regular al minorista, esto también tiene que ir al mayorista, porque muchas veces pasa que fiscalizan al comerciante, pero el distribuidor sigue cobrando a una tasa del dólar no oficial y, además, exige divisas, lo que es una complicación a la hora de fijar el precio final”, expuso.
Control sin producción
Olmos insistió en que los “precios acordados” solo funcionan si todos los eslabones de la cadena se ajustan. De lo contrario, podrían desaparecer los productos, por lo que el control fracasaría.
“Lo ideal sería que el Gobierno se siente con los sectores productivos, no solo a discutir precios, también tienen que hablar sobre políticas públicas que permitan un aumento de la producción”,
sugirió.
En su opinión, las conversaciones con los sectores productivos deben ir más allá del precio, dado que el problema no es solo de márgenes, sino que se necesitan mejoras “en la política fiscal y monetaria, porque de lo contrario, pueden sacar fiscales, pueden controlar precios, pero si no hay un cambio profundo en el modelo económico del país, estas medidas de contención no tendrán el efecto deseado”.
Mientras tanto, muchos venezolanos ven con preocupación los recientes anuncios. El recuerdo de anaqueles vacíos sigue latente. Ante la posibilidad de un nuevo ciclo de controles, el temor no es solo al precio, sino a la escasez.
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