Los pequeños emprendedores de comida en Barinas enfrentan el impacto de un aumento de hasta cuatro veces en el precio del gas doméstico, insumo esencial para su negocio. Esta crisis, agravada por fallas logísticas y un mercado paralelo, amenaza su sostenibilidad en plenas festividades decembrinas, una temporada alta de consumo.
Barinas. El reciente aumento en el precio de los cilindros de gas doméstico —de hasta cuatro veces su valor— asesta un duro golpe económico a los pequeños emprendedores de alimentos preparados en Barinas, para quienes este insumo es esencial.
En una economía donde la venta de comida es una vía clave de ingresos, el ajuste inesperado ha sumido al sector en la incertidumbre en plenas festividades decembrinas.
Las bombonas de gas tuvieron un aumento significativo: la de 10 kg pasó de Bs. 50 a Bs. 250; la de 18 kg, de Bs. 65 a Bs. 500; la de 27 kg, a Bs. 750; y la de 43 kg, de Bs. 500 a Bs. 1000.
Estos incrementos, informados solo en los puntos de venta directa y confirmados esta semana por el medio regional La Noticia de Barinas, impactarán en los precios para los consumidores, adelantaron comerciantes.
Grandes y pequeños expendedores
Un vendedor de tequeños consultado por Crónica Uno explicó que generalmente acude a Barinesa de Gas, una de las empresas locales que distribuye bombonas, cuando necesita suplir los cilindros. Cuando escasean, puede llegar a pagar hasta $5 o más por los cilindros de 10 kg, en el mercado negro.
Para el sector comercio, el acceso al gas varía según la ubicación del local. Así lo explicó otro comerciante, propietario de un negocio de ensaladas y pasteles que inició y se consolidó durante la pandemia.
En los centros comerciales, los establecimientos cuentan con el beneficio de suministro directo de la empresa, a través de un sistema de gas por tuberías.
“En mi caso no es así obviamente, que es el caso de la mayoría de los venezolanos que no tenemos acceso a ese tipo de servicio, a menos que tenemos un centro comercial, yo tengo que trabajar con bombona normal, de hecho ahorita tengo un problema con eso”,
expuso.
Las fallas no solo abarcan los tiempos de espera o las limitaciones en la asignación, sino en la calidad de los dispositivos de almacenamiento. Durante un cambio de cilindro, contó el emprendedor, una de las bombonas que le suministraron presentaba un defecto de presión hidrostática (PH). Es decir, estaba en mal estado y resultaba insegura para su uso.
Aunque logró que se la reemplazaran, el trámite se alargó ante el consejo comunal, la organización vecinal que gestiona y coordina este tipo de recursos a nivel comunitario.
Este incidente ejemplifica los problemas de calidad y logística que ahora se suman al impacto económico. Entre las medidas implementadas localmente para evitar confusiones o intercambios indebidos figura la identificación de cada cilindro con el nombre y apellido del usuario, un parche doméstico a una falla del sistema de distribución.

Fallas sistémicas
Más adelante, el emprendedor enfrentó otro percance logístico: le intercambiaron la válvula de su bombona de 43 kg por una de 18 kg, un error que limita su capacidad operativa.
“Eso también obviamente me afectó. Entonces, bueno, el gas es un tema complicado. No tan complicado como antes. Porque es una realidad, antes era peor todavía”, dice el entrevistado recordando las largas horas de espera por un cilindro en colas.
De acuerdo con el informe más reciente de HumVenezuela, plataforma integrada por organizaciones de la sociedad civil, en 2023, aproximadamente 87,8 % de la población no disponía de gas directo en sus hogares para cocinar —es decir, dependían de bombonas o cilindros recargables—.
El estudio que documentó este fenómeno no incluyó a Barinas, lo que deja en la penumbra la realidad específica de la región. No obstante, los testimonios locales dibujan un escenario propio. Más allá de la escasez, emergen problemas de calidad, logística fallida y un mercado paralelo que se nutre del desabastecimiento.
Operativos comunitarios
Otra pequeña empresaria, propietaria de un puesto de perros calientes y un restaurante, adquiere las bombonas directamente a un proveedor en el mercado paralelo. Una bombona de 20 kg le cuesta $15 y le dura aproximadamente dos semanas.
“Ahorita le he bajado el ritmo (de compra) a la mitad, porque yo le compro a un revendedor que antes me la vendía en $30. Lo único bueno es que la llevo, la lleno y me la traigo el mismo día”.
En conjuntos residenciales y urbanizaciones, la distribución de gas depende de operativos coordinados por el consejo comunal. Los residentes deben enviar el pago correspondiente al tamaño del cilindro y esperar la confirmación del día de entrega a través de los canales de comunicación de la comunidad, como grupos de WhatsApp.
Estos operativos permiten la distribución ordenada de las bombonas, aunque requieren coordinación y son parte de los intentos de autogestión impulsados por el Gobierno.
Antes el proceso tardaba más. Ahora, la entrega se realiza en el mismo día, aunque en algunos casos, puede existir un retraso de varios días entre la fecha de pago y la recepción del cilindro.
Amenaza latente
La situación en Barinas condensa y agrava la precariedad energética que vive Venezuela. A la estricta cuota oficial —una bombona por familia al mes, gestionada por plantas estatales— se suma ahora una escalada de precios que multiplica por cuatro el costo del insumo vital.
Para los pequeños emprendedores, esta ecuación no solo significa márgenes de ganancia pulverizados, sino una amenaza directa a la sostenibilidad de negocios nacidos al calor de la emergencia.
Así, lo que comenzó la semana pasada como un incremento en una planilla de precios se revela como un nudo crítico. En cada cilindro de gas confluyen las políticas públicas, la economía informal, la supervivencia familiar y la viabilidad de pequeños comerios.
La bombona, con nombre y apellido escrito a punta de desesperación, no es solo un recipiente de gas. Es el símbolo de una cadena de suministro quebrada y de una adaptación forzosa, donde la resiliencia cotidiana choca, una y otra vez, con los límites de un sistema que no logra garantizar lo más básico.
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