La escasa educación vial entre conductores de motocicletas incrementa los riesgos en las calles de Venezuela. Especialistas consultados por Crónica Uno coincidieron en que la solución no es estigmatizar a los motorizados, sino implementar una reforma estructural con corredores exclusivos y fiscalización efectiva.
Caracas. Los accidentes de tránsito que involucran motocicletas se han convertido en una tragedia cotidiana en Venezuela. Cada día dejan un saldo de heridos y fallecidos que afecta tanto a conductores como a peatones. En Caracas, estas colisiones representan uno de los principales desafíos para la seguridad vial y se han instalado como una escena repetida en las calles del país.
Maniobras peligrosas como zigzaguear entre carriles a alta velocidad, adelantar en zonas prohibidas, ignorar semáforos y circular sin casco se repiten a diario y, en muchos casos, terminan en siniestros viales.
Aunque el Estado no publica estadísticas sobre la cantidad exacta de colisiones diarias en Caracas, la magnitud del problema puede dimensionarse al observar el grupo de Telegram de los Ángeles de la Vía.
Un balance de fin de semana en ese chat revela que las autoridades pueden atender hasta 20 siniestros en apenas 48 horas. Es decir, un accidente cada dos horas y media, en promedio, solo en Caracas.
Esta realidad también encuentra respaldo en las cifras del Observatorio de Seguridad Vial (OSV). En una publicación de Instagram en noviembre de 2025, la ONG señaló que 80 % de estos eventos se debe a la “imprudencia, impericia, inobservancia de las normas y negligencia”, tanto de los conductores como de sus acompañantes.
Las cifras, aunque son solo una proyección empírica basada en reportes en medios de comunicación y chats, proporcionan un marco cuantitativo que permite dimensionar la gravedad del problema.

Entre el estigma y la necesidad
Según Wilbani León, director de la escuela Moto Prevención y de los Paramédicos Viales del Ministerio de Transporte, la raíz del problema está en la limitada de formación académica. En Venezuela, la mayoría aprende a conducir sin método, bajo la guía de un pariente o por cuenta propia, sin pasar por instituciones certificadas.
“Las personas aprenden a los golpes porque no reciben clases en las escuelas. En otros países de la región, a diferencia de Venezuela, sí hay leyes que obligan a realizar cursos y especializaciones antes de comprar o manejar una moto”,
expuso.
Para León, esta carencia de educación se traduce en infracciones. Entre esas citó el no uso del casco protector o, en su defecto, la utilización de implementos de mala calidad, como los llamados cascos tipo Sandoval.

Juan Andrés Rondón, consultor en las áreas de transporte, agregó que el motorizado en Venezuela enfrenta una fuerte estigmatización. Sin embargo, a su juicio, el problema de fondo no es el vehículo en sí, sino la falta de educación vial que atraviesa a toda la ciudadanía.
Desde su perspectiva, el incremento en el uso de motocicletas responde a que sus precios resultan mucho más asequibles para el venezolano promedio frente al costo de un automóvil. Por ello, la moto se ha consolidado en el país como un instrumento de trabajo y también de transporte familiar.
“Estas personas tal vez viven en lugares donde el transporte público es complejo y con la moto resuelven su movilidad, pero podemos ver a papá, mamá y niños menores de dos años en una motocicleta y eso no es correcto”, advirtió.
El consultor enfatizó que, además del exceso de pasajeros, también es común ver motos con sobrecarga de mercancía, tanto en peso como en volumen. Ambos aspectos afectan la estabilidad del vehículo en una infraestructura que ya resulta hostil para los motorizados.
El sistema es parte del problema
Venezuela carece de una institucionalidad para la movilidad en dos ruedas, recalcó Rondón. Al respecto, señaló que sistema no ofrece formación en seguridad vial. Esto se refleja en múltiples irregularidades al momento de emitir documentos como la licencia de conducir. Este proceso administrativo se encuentra desvinculado de las exigencias de una movilidad responsable.
“A esta falta se suma una infraestructura obsoleta. Las calles están diseñadas exclusivamente para automóviles, ignorando que, durante años, la actividad de las motocicletas ha crecido de forma exponencial sin que la planificación urbana se adapte a esta realidad”.

En este escenario, la fiscalización por parte del Estado ha quedado reducida a una acción reactiva: las autoridades aparecen cuando ocurre el accidente, pero no existen medidas de prevención.
Rondón aseveró que el control de los motorizados es insuficiente. En ese sentido se refirió a la ausencia de campañas y acciones que contrarresten la normalización de conductas de riesgo.
Pasar del discurso a la acción
Rondón alertó que Venezuela se encuentra en una fase crítica en materia de accidentes de tránsito y diseño de políticas públicas. El principal obstáculo es la opacidad del Estado respecto a la siniestralidad vial desde 2016.
Sin datos precisos resulta imposible diseñar estrategias que realmente reduzcan las muertes, adujo. Este vacío de información oficial limita la creación de políticas efectivas de prevención.
Rondón subrayó que las soluciones deben ser estructurales e intervenir en la tipología urbana, con medidas como la creación de corredores exclusivos para motocicletas. Intervenciones estructurales basadas en evidencia podrían reducir significativamente los riesgos, propuso.

De acuerdo con León, uno de los errores más comunes y peligrosos es el desconocimiento de los ángulos ciegos. Muchos motorizados creen que al alejarse de los autos ganan seguridad. Pero el efecto es el contrario si terminan en las áreas laterales traseras que los espejos retrovisores no cubren.
El experto indicó que la mayoría de estos errores se pueden corregir si los conductores toman clases de manejo defensivo. También, si respetan las normas de tránsito y realizan mantenimiento preventivo a los vehículos.
Con estas medidas, se busca transformar una problemática social y de seguridad en una oportunidad de intervención educativa, preventiva y estructural en la movilidad de Venezuela.
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