Este viernes, 17 de abril, residentes de Caricuao, Coche, Catia y el estado La Guaira se concentraron una vez más frente a la sede de Hidrocapital en la avenida Casanova, en Caracas. Exigieron la regularización del suministro y garantías de potabilidad frente a la precariedad de un sistema que compromete la salud pública.

Caracas. En el barrio El Limón, ubicado en la carretera vieja Caracas-La Guaira, la rutina de Beatriz, quien convive con otras 16 personas bajo el mismo techo, gira en torno a un estricto cronograma marcado por la escasez de agua.

Solo dispone de servicio los viernes por la tarde y este se interrumpe el domingo al mediodía, una dinámica que refleja la crisis estructural del suministro en Caracas.

La baja calidad del agua que sale por la tubería es evidente: el color oscuro, el mal olor y la presencia de sedimentos obligan a la familia a comprar al menos siete garrafones de agua, un gasto que incrementa la presión económica y que supera con creces los 20 dólares por semana.

Sin embargo, para esta ama de casa, el racionamiento no es una novedad; se trata de una crisis de vieja data que se agravó mucho antes de 2009 y que no ha sido atendida, ni siquiera por la sala situacional de servicios públicos de su comunidad.

Una crisis de vieja data

Esta situación motivó a Beatriz a movilizarse este viernes 17 de abril hasta la sede de Hidrocapital, en la avenida Casanova. Junto a ella, vecinos de Caricuao, La Guaira, Coche y Catia asistieron a la convocatoria para visibilizar el colapso de la infraestructura hídrica, caracterizado por ciclos de racionamiento extremos, roturas de tuberías y la llegada de agua insalubre a los hogares.

A las afueras de la sede, el activista político Jesús Armas aseguró que la crisis actual constituye una violación sistemática al derecho humano al agua, con especial repercusión en los estados Nueva Esparta y Sucre. No obstante, en el Área Metropolitana de Caracas, el panorama resulta similar.

De acuerdo con el exconcejal del municipio Libertador, los ciudadanos pasan al menos el 67% del tiempo con las tuberías vacías. Armas atribuyó esta deficiencia a la desinversión, la corrupción y la mala administración de la hidrológica.

Desde enero de 2026, Hidrocapital anunció diversas paradas programadas en los sistemas Tuy para ejecutar labores de mantenimiento preventivo y correctivo en la red.

Los más afectados

Estas suspensiones temporales afectaron de forma directa a millones de ciudadanos en Caracas y el estado Miranda, quienes enfrentaron cortes de hasta noventa y seis horas consecutivas.

Al respecto, el dirigente indicó que los sectores más golpeados por la falta de suministro han sido San José, El Junquito, El Cafetal y El Hatillo. El vocero también criticó la centralización de las empresas hidrológicas regionales fusionadas bajo la administración de Hidroven por orden de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

Esta medida, establecida en el decreto publicado en la Gaceta Oficial N.º 43.304 del 27 de enero, anula la facultad que otorga la Ley Orgánica del Poder Público Municipal a las alcaldías sobre la distribución del recurso.

“En términos sencillos: si se necesita hoy un tornillo para atender el servicio de agua o una tubería en el Zulia, necesitan la aprobación desde Caracas. Eso no tiene ningún sentido. Lo que necesitamos es descentralización y participación de los entes privados”, enfatizó Armas.

Impacto en la salud ciudadana

Según el último informe de seguimiento de la crisis humanitaria compleja en Venezuela, publicado en 2025, de 17,8 millones de personas con severas restricciones de agua, 15,4 millones reportan agua contaminada, una condición que implica presencia de microorganismos, sedimentos o químicos fuera de los estándares de potabilidad establecidos para consumo humano.

Mírvida, vecina del sector, denunció que la calidad del agua que recibe en su hogar es peligrosa. El agua que llega por tuberías es turbia, tiene mal olor y, en ocasiones, llega saturada de cloro, un desinfectante utilizado en el tratamiento de agua potable que, en concentraciones elevadas, puede generar irritación o malestar gastrointestinal.

“Me la paso con malestar de estómago; a veces siento que se me quema algo por dentro. Yo pienso que es producto del agua sucia, porque antes, cuando el agua era de mejor calidad, no me ocurría nada de eso; y ahora que hay muchas tuberías rotas, estoy pasando por todo esto”.

La irregularidad del cronograma también agrava la crisis en su comunidad. Aunque en teoría el servicio funciona cuatro días a la semana, las horas de llegada son impredecibles, debido a fallas en el bombeo y variaciones en la presión del sistema de distribución, lo que impide una planificación estable del consumo doméstico.

Crisis progresiva

Esta incertidumbre, sumada a las constantes rupturas de tuberías en la zona, obliga a los vecinos a improvisar rutinas de limpieza y almacenamiento. Mírvida relató que, en muchas ocasiones, el suministro se interrumpe sin previo aviso, lo que deja a las familias desprovistas del recurso apenas a mitad de la semana.

La crisis del agua en Caracas no puede entenderse únicamente como un problema de distribución, sino como el resultado de un deterioro progresivo de la infraestructura hídrica, que incluye sistemas de captación, bombeo, tratamiento y distribución.

Los sistemas de captación son los encargados de tomar el agua desde ríos o embalses, mientras que las plantas de tratamiento eliminan impurezas antes de su distribución.

En el caso del sistema Tuy, principal fuente de abastecimiento del Área Metropolitana de Caracas, estos procesos dependen de estaciones de bombeo que requieren energía constante y mantenimiento continuo.

Cuando alguno de estos componentes falla, el suministro se interrumpe o pierde estabilidad, generando ciclos de racionamiento como los reportados por las comunidades.

Insalubridad y falta de inversión

Al ser consultado sobre la insalubridad del agua, Jesús Armas explicó que la mala calidad del líquido responde a dos factores críticos: la nula inversión en plantas de potabilización y la intermitencia del servicio.

Para el dirigente, ningún acueducto posee un diseño para operar con vacíos constantes. Cuando las tuberías permanecen secas, acumulan partículas y sedimentos que el flujo arrastra apenas se restituye el bombeo. Este proceso garantiza que el líquido llegue sucio a los hogares, lo que representa un problema generalizado en las 22 parroquias del municipio Libertador y en toda el Área Metropolitana de Caracas.

Aunque estudios de laboratorio recientes indican que los niveles de cloro se mantienen dentro de los rangos legales, Armas aclaró que esto no asegura la potabilidad. La presencia de residuos sólidos y la inestabilidad del sistema anulan la seguridad del recurso para el consumo humano.

“La situación en este primer trimestre de 2026 es crítica; la infraestructura actual no solo falla en su propósito, sino que se ha vuelto peligrosa para la ciudadanía”, expresó.

Sin respuesta

Pese a las denuncias presentadas, el vocero manifestó que no espera una respuesta favorable de las autoridades actuales de Hidrocapital. A su juicio, la gestión oficial prioriza la permanencia en el poder sobre la vocación de servicio.

Hasta el cierre de esta nota, no hubo ninguna declaración oficial de Hidrocapital ni respuesta directa a los vecinos sobre los reclamos expuestos por los manifestantes, lo que mantiene sin contraste institucional las denuncias presentadas.

Frente a este panorama, la petición de los residentes de las comunidades allí reunidas fue clara: exigieron la regularización del servicio y, sobre todo, garantías de potabilidad. Los ciudadanos coincidieron en que el acceso al agua dejó de ser un servicio básico para convertirse en un factor de riesgo que altera la cotidianidad y compromete la salud.

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