Grietas, tuberías rotas, filtraciones, paredes desconchadas, áreas verdes tragadas por el herbazal, canchas deportivas abandonadas y proyectos de construcción inconclusos son algunas de las fallas de infraestructura que aquejan a esta casa de estudios y golpean la rutina de su comunidad universitaria.
Caracas. A 27 años de la tragedia de Vargas la sede de la Universidad Simón Bolívar (USB), en La Guaira, muestra una realidad contradictoria. Por un lado conserva el orgullo de su excelencia académica y, por el otro, padece el acelerado deterioro de sus instalaciones que sucumben ante el abandono de las autoridades rectorales y los entes gubernamentales, tras la destrucción de su sede original arrasada por el deslave.
Aunque tras ese evento el proceso de reconstrucción de la universidad se ejecutó en la zona alta de la meseta y culminó su fase principal en el 2009, en la actualidad el salitre, la humedad y la maleza avanzan sin tregua por sus espacios, que aún resisten al clima costero bajo la sombra de proyectos inconclusos.
De la época de esplendor de la sede del litoral, a casi 49 años de su inauguración, solo queda el recuerdo, plasmado en fotografías que permanecen archivadas en la biblioteca de la institución. El recinto alberga una galería con material en blanco y negro que recibe a los visitantes y documenta la historia de la antigua sede, caracterizada por su diseño de vanguardia y orgullo de la entidad costera antes de la tragedia de 1999.


Hoy en día, el campus aún no se recupera de la catástrofe ni tampoco del abandono presupuestario.
Crónica Uno constató el estado de abandono en el que se encuentran los espacios e instalaciones del campus, en un recorrido el 21 de mayo.
Grietas, tuberías rotas, filtraciones, paredes desconchadas, áreas verdes tragadas por el herbazal, canchas deportivas abandonadas y proyectos de construcción inconclusos son algunas de las fallas de infraestructura que aquejan a esta casa de estudios y golpean la rutina de su comunidad universitaria.

Academia hundida por las carencias
La oferta académica de la USB es atractiva para los jóvenes que deciden abrirse paso hacia los negocios y la administración hotelera. El programa de formación abarca carreras técnicas e ingenierías industriales, como Mantenimiento Aeronáutico y Electrónica, junto con los programas de Comercio Exterior y Administración Aduanera.

Sin embargo, entre las carreras más demandadas destacan la licenciatura en Gestión de la Hospitalidad y Administración Hotelera. Ambas especialidades le brindan a los estudiantes la oportunidad de recrear la experiencia de trabajar dentro de un restaurante, lo que implica aprender a preparar recetas y cocteles, administrar negocios y atender comensales.
Para desarrollar estas prácticas la sede del litoral dispone de un taller académico llamado Restaurante Escuela Camurí Alto (RECA), que funciona como un laboratorio de producción de alimentos y bebidas. Pero para el desarrollo del programa se necesitan ingresos y espacios de los que no dispone la universidad.
Maríalejandra Cabrera, quien cursa Comercio Exterior y es dirigente estudiantil, explicó que las prácticas del RECA debieron mudarse de manera provisional a las instalaciones de una cocina menor en el área del cafetín, ante la falta de presupuesto.
En la actualidad los espacios de la planta del edificio donde se proyectó la construcción del RECA, con áreas específicas para la cocina, comensales y zonas de atención preferencial, se encuentra deshabitado e inoperante.

La representante estudiantil también explicó que durante el último trimestre los fondos económicos recaudados, por los propios alumnos para financiar estas evaluaciones técnicas, fueron retenidos en la sede central, bajo el argumento de que las autoridades de Sartenejas desconocían las necesidades de la sede técnica y que asumían que el recinto operaba sin contratiempos.
Obras y proyectos paralizados
El recorrido por el campus también evidencia el estado de abandono de varios proyectos de construcción que nunca se concluyeron.
Un claro ejemplo es el auditorio de la universidad. Esta estructura permanece en condiciones de obra gris y no cuenta con butacas ni con los acabados técnicos mínimos. Presenta filtraciones, acumulación de desechos y riesgo de colapso.


Estudiantes consultados para este trabajo explicaron que representantes de la gobernación, que examinaron el estado de estas estructuras, constataron que la acumulación de humedad debajo de las capas remanentes del techo requiere de una inversión de miles de dólares para su reparación.
“Con el auditorio en estas condiciones no podemos graduarnos en nuestra universidad. Aunque firmamos las actas y las defensas de pasantías ocurren en el litoral, nos vemos obligados a viajar a Caracas para recibir nuestros títulos universitarios. Nuestro sueños es poder graduarnos en nuestro campus”,
dice Maríalejandra Cabrera.
La parálisis de los proyectos de infraestructura se extiende también a los terrenos destinados a la recreación y el deporte. La universidad cuenta con dos áreas dispuestas para las canchas de fútbol y béisbol.



La primera está ubicada en la parte baja, a pocos metros de la entrada principal, y es un terreno baldío y árido en el que apenas de distinguen las ruinas oxidadas de una arquería de fútbol.
La segunda, de usos múltiples, nunca recibió los trabajos de nivelación de tierra necesarios para su uso. Aunque existen otras áreas deportivas con pavimento, las superficies son irregulares y tienen fracturas debido al movimiento del suelo.
El recorrido por los pasillos y salones también revela otras graves falencias en la infraestructura. En las aulas donde se realizan las prácticas de laboratorio, los ductos del sistema principal de ventilación están dañados, lo que obliga a los estudiantes a ver clases confinados bajo un sofocante calor.

Dentro de los edificios donde están las aulas, las áreas destinadas a jardineras internas están plagadas de humedad, moho y profundas filtraciones que conviven con escaleras rotas, tuberías colapsadas y paredes agrietadas.
A este deterioro físico se suma también el tecnológico: gran parte de las computadoras y equipos —muchos donados por los egresados— son modelos antiguos y desactualizados frente a las exigencias de las carreras técnicas. Esta situación se agravó durante la pandemia de COVID-19, cuando fueron robados materiales y herramientas clave que todavía no han sido restituidos del todo.



Los estudiantes atribuyen esta situación de abandono y precariedad a la centralización presupuestaria en Sartenejas y a la falta de comunicación con las autoridades rectorales, quienes no visitan la sede, desde los actos aniversarios del 12 de febrero pasado. Ante las fallas del presupuesto nacional, los profesores mantienen sus actividades académicas con remuneraciones mínimas por vocación profesional.
Cabrera señaló que aunque la sede cuenta con una dirección interna encargada de recibir las denuncias y de manifestar apoyo a las reivindicaciones estudiantiles, esta oficina carece de la autonomía financiera y administrativa para emitir respuestas resolutivas a las fallas de infraestructura, transporte y alimentación.
Identidad frente a la crisis
Pese a las limitaciones, la comunidad universitaria preserva el legado cultural que los hace únicos. En las zonas bajas del campus existen los vestigios de una antigua hacienda colonial dedicada a la producción de caña de azúcar, la cual preexiste a la fundación de la universidad. Entre las ruinas destaca el antiguo trapiche, un sistema de caminos de piedra y la llamada Casa Colonial.


El folclore universitario conserva como tradición el respeto a la tumba de Débora Gosling, quien fue la última propietaria de la hacienda fallecida en abril de 1830. La lápida erigida por su esposo en 1851 permanece intacta. Ningún estudiante se atreve a pisarla en respeto al mito que dice que caminar sobre ella impide la culminación de los estudios.
Pese al deterioro que sufren sus pasillos, aulas y laboratorios, la USB Litoral se sostiene por el empeño de estudiantes que financian sus prácticas y profesores que dictan clases por vocación.
Dirigentes y académicos exhortan a las autoridades rectoras a brindar una respuesta institucional que devuelva el presupuesto necesario y rescate el valor de un campus que se niega a quedar en el olvido.
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