Abandono institucional devora patrimonio e infraestructura de la USB. Foto cortesía: USB noticias

La crisis de la Universidad Simón Bolívar deteriora su patrimonio y su vida académica, con caminerías rotas, falta de luminarias y áreas deportivas en ruinas. Un recorrido de Crónica Uno evidenció daños y la pérdida de obras como el Laberinto Cromovegetal y el Espejo Solar, mientras docentes y estudiantes exigen acciones urgentes.

Caracas. El campus de la Universidad Simón Bolívar (USB), en Sartenejas, Baruta, estado Miranda, sucumbe a un abandono sistémico que se percibe desde el primer paso: el chirrido oxidado de las rejas anuncia el silencio de lo que fue un bastión académico vivo.

Lo que fue referencia de integración entre arquitectura, paisaje y conocimiento muestra un deterioro que azota el patrimonio artístico, las áreas verdes y las instalaciones deportivas, pilares de la identidad de una institución académica fundada en 1967 como referente tecnológico.

El deterioro de la USB es evidente antes de cruzar el primer umbral. La fachada principal exhibe paredes desconchadas y rejas que ceden ante la corrosión. Lo que antes fue la cara de una institución de vanguardia, hoy es un reflejo del abandono y la falta de mantenimiento, debido a los recortes presupuestarios aplicados desde 2016.

En un recorrido por el campus universitario, Cronica Uno constató que el acceso principal hacia la entrada de la universidad permanece restringido desde hace meses debido a un bache en el pavimento que impide el tránsito vehicular. Esta falla estructural obliga a toda la comunidad, profesores, estudiantes y trabajadores, a desviarse e ingresar por vías alternas.

Entre un laberinto de escombros

Dentro, el tránsito peatonal  también enfrenta obstáculos severos. En el trayecto que conduce hacia el Departamento de Estudios Generales, la acumulación de escombros, desechos y restos de árboles caídos bloquea las caminerías.

Estos elementos dificultan la movilidad y transforman los corredores académicos en zonas de riesgo. La naturaleza, sin control ni poda, se adueñan de espacios pertenecientes a la vida universitaria.

Solo la casa del rectorado y alrededores contrastan: mantienen estética cuidada con áreas verdes impecables, mientras el resto se ahoga en vegetación descontrolada por falta de poda.

En la semana once, de exámenes parciales, evaluaciones intermedias clave, cuando se hizo el recorrido, el campus parece desolado con pocos estudiantes. Proyecta una imagen desierta, lejos de su esplendor de las décadas de 1980 y 1990.

La crisis académica corre en paralelo al deterioro físico del campus. Según cifras de la Asociación de Profesores de la USB (Apusb), la universidad subsiste con una nómina que apenas supera los 1000 docentes activos.

Al cierre de 2025, la universidad requería de al menos 315 nuevos profesores para cubrir las áreas de conocimiento más esenciales, agravado por un déficit presupuestario que llega a 99 % en universidades públicas venezolanas y la imposición de autoridades interinas desde 2021 sin elecciones.

El desmantelamiento de la vida universitaria se extiende también a los espacios de bienestar y recreación. Sitios emblemáticos, como la Casa del Estudiante, residencia y centro social estudiantil, permanecen cerrados, lo que priva a los jóvenes de áreas de integración y descanso.

La situación en los comedores es igualmente precaria: de las tres infraestructuras disponibles, solo una funciona de manera parcial. Ante el recorte presupuestario, el sistema de alimentación gratuito desapareció, lo que obliga a los alumnos a pagar una tarifa de 2 dólares por almuerzo, un costo difícil de asumir para una comunidad estudiantil golpeada por la crisis económica.

El 9 de abril pasado, Crónica Uno remitió una solicitud formal de información a la Rectoría de la USB con el fin de obtener precisiones sobre el estado operativo de la institución; sin embargo, al cierre de esta edición, no se ha recibido respuesta por parte de las autoridades universitarias.

Patrimonio artístico en ruinas

El panorama es más desolador al examinar el patrimonio artístico de la institución. Las obras de arte que alberga la universidad sufren un abandono que raya en la desaparición, pese a esfuerzos recientes como la exposición “Obras Colección USB” en marzo de 2026 que resaltó piezas de Cruz-Diez y Otero, artistas cinéticos venezolanos reconocidos internacionalmente.

El caso más dramático es el del Laberinto Cromovegetal, una joya del arte cinético diseñada por el maestro Carlos Cruz-Diez. Esta estructura, que en su momento albergó más de 50.000 plantas ordenadas en forma geométrica para jugar con el color y la luz, hoy no existe.

No hay rastro de los árboles centrales que daban carácter a la pieza, ni de las especies vegetales que conformaban sus muros. En su lugar, solo queda una gramilla seca y descuidada.

Los estudiantes caminan por el área como si se tratara de un terreno baldío, ajenos a la importancia de la obra que alguna vez existió sobre ese suelo.

Pese a los esfuerzos institucionales, la decadencia del Laberinto Cromovegetal fue imparable. En el año 2017, la universidad reactivó una comisión para su recuperación, la cual contó con la intervención a distancia del maestro Cruz-Diez desde Francia.

 No obstante, el avanzado desgaste de la pieza y la crisis operativa limitaron el éxito de la iniciativa. Para esa fecha, la nómina de mantenimiento apenas contaba con 30 jardineros, una cifra insuficiente para la magnitud del complejo.

William Anseume, representante gremial de la institución, explicó que la ausencia de personal especializado aceleró la pérdida de estas obras. Según su denuncia, bajo la gestión de las últimas autoridades rectorales, la desidia es la norma.

“Desde hace cinco años no se realiza ningún tipo de mantenimiento a las áreas verdes ni a la infraestructura. No existen reparaciones de techos, pintura de fachadas, ni atención a las caminerías o luminarias”.

El dirigente enfatizó en que esta paralización responde a una falta de voluntad política y administrativa.

En un estado de deterioro similar se encuentra el Espejo Solar, la imponente escultura cinética del artista Alejandro Otero. Esta pieza que se ubica en el extremo norte del parque universitario con dimensiones que alcanzan los siete metros y medio de altura,  representó en su momento una de las adquisiciones patrimoniales más importantes de esta alma mater.

En la actualidad al examinar la obra de cerca, la devastación es evidente. Las aspas metálicas, diseñadas para capturar el movimiento y la luz, muestran un desgaste profundo, mientras que los segmentos de acero presentan una degradación acelerada por la falta de tratamiento. La pequeña laguna que servía de base y espejo para la obra se secó por completo.

El descuido alcanza también a la Fuente Hidrocinética, conocida entre la comunidad como la escultura hidráulica, un proyecto estudiantil de hidráulica. Esta pieza ornamental, además de ser la más grande es también la más llamativa. Consiste en una estructura circular similar a un carrusel con caídas de agua en cascada.

Debido a fallas mecánicas y corrosión severa, el sistema permanece fuera de funcionamiento. Un docente de la institución, quien solicitó el resguardo de su identidad, lamentó el estado de esta pieza inaugurada en 1991 como parte de un proyecto de ingeniería promovido por los mismos estudiantes de la USB.

“En sus días de operatividad, esta fuente ofrecía un espectáculo visual. Era bellísima, pero hoy no queda nada de ese atractivo”, lamentó.

Dos caimanes en la piscina

Abandono institucional devora patrimonio cultural e infraestructura de la USB
El acceso a la piscina está cerrado y lleno de escombros. Foto Cronica.Uno

Al desgaste del patrimonio artístico se suma el colapso de las instalaciones deportivas, ubicadas en el extremo final del campus. El caso más crítico es el de la piscina olímpica, de 50 metros, construida en los años 1970, que actualmente presenta un estado de abandono total.

Para el año 2015, el complejo ya permanecía cerrado debido a la imposibilidad de adquirir bombas de filtrado en el exterior. Hoy, la crisis es más notoria: el agua exhibe un tono verde intenso por la falta de tratamiento químico y el acceso a las instalaciones es casi imposible debido a la presencia de escombros, restos metálicos y basura acumulada.

Lo más desconcertante para la comunidad universitaria es la supuesta presencia de una baba o caimán que, según testimonios de trabajadores, habita en la piscina desde hace años. Nadie conoce con certeza su origen ni su fuente de alimentación, pero los avistamientos en distintas áreas del recinto son frecuentes.

“En realidad son dos babas que hay en la piscina y a veces salen a tomar el sol.Una de ellas ya mide más de un metro. Las autoridades rectorales están al tanto y han venido varias instituciones para llevárselas, pero al final nunca hacen nada. No es una leyenda”,

aseguró un empleado de mantenimiento.

Un potencial tragado por la maleza

El abandono también abarca las canchas de usos múltiples. En los tableros de baloncesto, la ausencia de aros dificulta las actividades deportivas. A pocos metros, un herbazal denso, contenido por las rejas perimetrales, oculta las ruinas de lo que  fue el campo de béisbol de la universidad. La maleza se tragó el diamante y los jardines de juego hasta hacerlos irreconocibles.

Ante las reiteradas exigencias de mejoras y elecciones, la recién nombrada ministra de Educación Superior, Ana María Sanjuan, negó a través de un tweet la asfixia del sector universitario y acusó al liderazgo estudiantil de “manipulación”.

Sin embargo, el lunes, 13 de abril, profesores, estudiantes y trabajadores entregaron una nueva solicitud de audiencia dirigida a la ministra para abordar los problemas universitarios y denunciar la presunta persecución que enfrentan los docentes de la USB por parte de las autoridades rectoras.

Hoy, la USB lucha por no convertirse en un recuerdo de lo que fue. Cada obra perdida y cada espacio clausurado representan un retroceso en la formación de las futuras generaciones. Sin una intervención urgente y una voluntad política real, docentes coinciden en que corre el riesgo de quedar sepultada bajo el olvido.

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