Durante un recorrido por el campus de Sartenejas, el equipo constató el deterioro de la estructura, lacerada por la corrosión y el déficit presupuestario. El departamento subsiste con 16 profesores que ponen en riesgo su salud para impartir clases en condiciones insalubres.
Caracas. Pasillos desolados, techos colapsados, filtraciones, contaminación y laboratorios en penumbra rinden cuenta de la situación que enfrenta el galpón de Biología de la Universidad Simón Bolívar (USB), reconocida en otros tiempos como referencia de excelencia académica y arquitectónica.
Durante un recorrido por el campus de Sartenejas, el equipo de Crónica Uno constató el deterioro de la estructura, lacerada por la corrosión y la desidia institucional. En el interior de los salones, las paredes, que en otros tiempos lucían el blanco impoluto, presentan manchas negras de hongos.
Esta proliferación biológica no solo degrada el patrimonio arquitectónico, sino que representa un riesgo inminente para la salud respiratoria de los pocos estudiantes y docentes que aún transitan las aulas.

En los espacios exteriores, los techos se caen a pedazos y el asbesto, un material prohibido por causar cáncer, se asoma entre las ruinas como recordatorio del peligro que se respira en el aire. Fuentes consultadas señalan que este conjunto de edificaciones, que incluso recibió premios de arquitectura por su diseño funcional, es una herida abierta en la academia.
El departamento subsiste con 16 profesores que ponen en riesgo su salud para impartir clases en condiciones insalubres. Lo que antes fue un hervidero de estudiantes y docentes de excelencia, hoy es un esqueleto metálico que languidece ante el peso del olvido y el déficit presupuestario.

Crónica Uno remitió una solicitud formal de información a la Rectoría de USB, el 9 de abril, con el fin de obtener precisiones sobre el estado operativo de la institución. Sin embargo, al cierre de esta edición, no se ha recibido respuesta por parte de las autoridades universitarias.
William Anseume, secretario de condiciones laborales de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (Apusb), denunció que la estructura conformada por cuatro pabellones está “fundida de hongos”, los cuales invadieron las paredes y las vigas de metal hasta el punto de enfermar al personal con problemas respiratorios.
También presenta filtraciones graves de agua y gas, además de la falta de iluminación.
El dirigente gremial explicó que, debido a eso, los docentes acuden a sus clases con tapabocas y productos de limpieza, solo así logran higienizar las mesas donde todavía intentan dictar sus clases de laboratorio.

“Hace meses subí a uno de los salones y tras hacer una inspección sin protección adecuada, presenté afecciones respiratorias por más de una semana. No podía respirar y los docentes que se atreven a dar clases se asfixian en esos salones contaminados”, recordó.
De acuerdo con el Centro de Control para la Prevención de Enfermedades los hongos y el moho en interiores provocan problemas de salud al liberar esporas, irritantes y alérgenos. Los efectos incluyen reacciones alérgicas (rinitis, estornudos, erupciones), irritación de ojos, piel, nariz y garganta, y la exacerbación del asma.
Entre ruinas y terrenos colapsados
Al problema de la humedad se añade el deterioro de más de 15 años que presentan los pabellones. Los techos de los galpones contienen asbesto, un material altamente cancerígeno cuyo proceso de remoción quedó paralizado hace más de una década.
Un empleado de la institución académica, quien prefirió mantener su nombre en anonimato, indicó que el pabellón cuatro, donde funciona Biología Celular, enfrenta una amenaza inminente por el asentamiento diferencial del terreno.

Durante el recorrido, Crónica Uno comprobó que el suelo de relleno ha cedido. Esto provoca que la estructura se doble, una deformación que se hace evidente al observar las escaleras desencajadas y las baldosas levantadas.


A pocos metros, entre monte y restos metálicos, aún prevalecen los vestigios de lo que alguna vez fue el pabellón tres, desmontado por su inviabilidad estructural. Otros, como el pabellón dos, muestran evidencias de que el terreno cede todavía, lo que compromete la integridad de los laboratorios que aún intentan mantenerse operativos.
Éxodo y fusión forzada
En su época de mayor esplendor la carrera de Biología se dividía en cuatro departamentos: Estudios Ambientales, Biología de Organismos, Biología Celular y Tecnología de Procesos Biológicos y Bioquímicos. Sin embargo, en los últimos años la crisis de talento humano obligó al personal de la universidad a fusionar esos cuatro departamentos en uno.
Anseume señaló que esta reducción provocó un hacinamiento de las áreas de conocimiento, donde divisiones operan “agolpados” en los mismos espacios.


En la práctica laboratorios enteros , como el de Ecología y Micología, están prácticamente en situación de abandono o bajo una operatividad mínima sostenida por el esfuerzo individual de los pocos profesores que permanecen.
El recorrido por las instalaciones también revela el esqueleto de proyectos que pretendían modernizar la universidad, como la sede del Instituto de Biología Marina, cuya construcción lleva 15 años paralizada por falta de fondos.

A la precariedad física se le suma la crisis de servicios: los estudiantes enfrentan jornadas sin comedor y la ausencia de servicios básicos como la unidad odontológica y el cierre de áreas emblemáticas, como la cafetería El Acuario.
Persecución en la sombra
Pese a que el deterioro de la universidad cala hondo en el ánimo de profesores y estudiantes, el sentimiento que prevalece en los pasillos es el miedo. Un empleado —quien solicitó el resguardo de su identidad por temor a represalias— denunció la existencia de un “clima de retaliación y persecución” ejecutado por las autoridades interinas de la institución.


“La gestión actual utiliza expedientes administrativos como mecanismo de presión contra los académicos que denuncian las irregularidades o que, por razones de fuerza mayor, no pueden cumplir con la presencialidad exigida en un campus sin condiciones”.
Esta crisis institucional también se agudiza por la ausencia de procesos electorales. En septiembre del 2021, tras el deceso de quien fuera rector de la USB, Enrique Planchart, el Consejo Nacional de Universidades (CNU) designó como rector interino a Jorge Stephany y a José Hernández y Víctor Theoktisto como vicerrector administrativo y vicerrector académico, respectivamente.

Anseume destacó que las autoridades actuales, designadas “a dedo” hace cinco años, excedieron el lapso de 180 días que establece la ley para convocar a elecciones. Desde entonces no se han realizado otros comicios para renovar a las autoridades rectorales.
Por el contrario, se modificaron los reglamentos internos de forma sin consulta. A esto se suma la asfixia financiera: el presupuesto aprobado por el Ministerio de Educación Universitaria en los últimos años no llega a 10 % de lo requerido, y de ese monto, solo se líquida cerca de 5 %. Esto imposibilita cualquier plan de mantenimiento o remodelación.

Anseume relató que han agotado todas las vías formales para exigir respuestas y soluciones a la crisis universitaria: desde cartas públicas hasta solicitudes de audiencia que nunca reciben respuesta. Incluso tras un contacto directo por redes sociales con la ministra de Educación Universitaria, Ana María Sanjuan, pero la comunicación se cortó sin explicaciones.
El gremio mantiene la firme intención de acudir nuevamente al ministerio el lunes próximo para exigir soluciones urgentes. Insisten en que no se puede permitir que la desidia oficial termine de sepultar a la universidad que fue orgullo científico del país.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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