Habitantes de sectores como Catia, Caricuao, El Paraíso, Montalbán y el 23 de Enero denuncian que los constantes anuncios de reparación por parte de las autoridades prolongan los esquemas de racionamiento. Esta falla estructural paraliza la rutina diaria y mantiene a los hogares en una situación de extrema precariedad.
Caracas. Para Carmen Querales, vecina del sector Prado de María, en la parroquia Santa Rosalía, el día a día transcurre entre anuncios oficiales e incertidumbre. En su comunidad suman más de 13 días continuos sin recibir una sola gota de agua por las tuberías.
Cada comunicado o video en redes sociales, en el que se promete el restablecimiento del servicio tras trabajos de mantenimiento, se traduce en más horas y días de sequía.
“Queremos agua para Santa Rosalía. Más de 13 días sin agua es algo inhumano. Estamos cansados de ver anuncios, políticos hablando y de vivir en esta zozobra. Anuncian que restablecen el servicio en Caracas y en las zonas en las cuales el ciclo empezaba, pero seguimos sin una gota. Las redes sociales deberían ser para informar de verdad y no para más propaganda”, reclamó.
La escasez de agua que padecen los habitantes en Prado de María no es un hecho aislado, sino el reflejo de un patrón que se repite en distintas zonas de la ciudad.
Pese a los recurrentes anuncios del Ministerio de Atención de las Aguas (MinAguas) e Hidroven sobre supuestas mejoras, trabajos de rehabilitación e intervenciones en el sistema de tuberías matrices, la realidad en los sectores populares contrasta con las promesas oficiales.

El último de estos anuncios lo hizo, este martes 13 de octubre, Claudio Bastiani, presidente de la empresa hidrológica Hidroven, al informar la culminación de 41 trabajos de optimización en el Sistema Tuy III. Sin embargo, el funcionario no precisó una hora exacta para la reactivación del servicio.
La contingencia comenzó a la medianoche del domingo 11 de octubre, cuando el MinAguas e Hidroven notificaron un corte programado de 48 horas. La medida dejó sin suministro diversas parroquias de Caracas y sectores de Miranda y La Guaira, lo que desató una ola de indignación y reclamos en redes sociales.
Vecinos consultados en zonas como Caricuao, Catia, 23 de Enero, Montalbán, El Paraíso, Santa Rosalía y San Juan denunciaron que cada parada programada o mantenimiento correctivo interrumpe los severos esquemas de racionamiento.
Esto deja a miles de familias en una situación aún más crítica, obligándolas a recurrir a la compra de cisternas a precios elevados, cargar pipotes desde tomas públicas o interrumpir sus labores cotidianas a la espera del suministro.
Promesas y más promesas
En el sector Monte Piedad del 23 de Enero la paciencia también se agotó. Alfonso Ricaurte, habitante de la zona, señaló que el agua le llega una vez a la semana, sin importar cuántos trabajos de infraestructura anuncien las autoridades.
“Llevan años diciéndonos que nos suministra agua el sistema Tuy y que ya lo repararon e pero seguimos recibiendo agua una sola vez por semana. En un día no podemos hacer todos los quehaceres: lavar, asearnos, almacenar. Para colmo el agua a veces llega con mal olor. Nos sentimos burlados, siempre hay una excusa mientras otros sectores cercanos tienen el servicio con más frecuencia. Seguimos como camellos viviendo sin agua”,
relató Ricaurte.
Una situación parecida padece Candelaria*, de 70 años de edad, en Los Frailes de Catia. Para ella, la rutina doméstica se convirtió en una carrera contra el tiempo y contra los malos olores. Desde 2016 vive bajo un esquema de racionamiento que actualmente le otorga agua tres días a la semana, pero sin un horario fijo.

“La vida se nos va en una zozobra constante por culpa del agua. El agua muchas veces viene putrefacta, con un olor horrible y cada bajón de luz corta el suministro sin aviso. Como paso todo el día en la casa me toca correr a llenar tobos a toda prisa, lavar ropa a medias y aguantar los malos olores a cañería que salen de las tuberías y del baño. Esta rutina me agota la energía, deteriora mi salud física y empeora mi artritis”, lamentó.
Sobrevivir a cuentagotas
El impacto de las fallas trastoca las tareas del hogar y también el desempeño laboral y la calidad de vida. El Índice de Precariedad de Servicios de ANOVA indica que durante este 2026 en 70,2 % de los hogares enfrenta una situación precaria por fallas en el suministro de agua o electricidad.
La misma investigación también revela que la precariedad de los servicios públicos sacó a 494.763 personas del mercado laboral.
En la unidad residencial 5 (UD5) de Caricuao, Joxber*, un diseñador gráfico de 30 años de edad, explicó que la comunidad se vio obligada a adaptarse a las severas restricciones del servicio.

En su edificio los vecinos cuentan con apenas 30 minutos para llenar sus recipientes desde el tanque aéreo, antes de que se corte el suministro. La distribución habitual por tubería ocurre solo entre miércoles y viernes, pero los cortes eléctricos agravan la crisis.
“Es un desvivir al que nos acostumbramos para poder sobrevivir. El agua que logramos almacenar la usamos principalmente para cocinar, bañarnos y bajar la poceta. En días de mucho calor preferimos privarnos de salir a caminar, o hacer ejercicio, para ahorrar agua. Para colmo en las últimas dos semanas se fue la luz durante casi dos horas en la UD5, lo que corta la señal telefónica y me impide avisarle a mi jefe que estoy desconectado”,
contó Joxber.
En parroquias como Santa Teresa, San Juan, La Vega y El Paraíso los habitantes exigen que las autoridades extiendan los ciclos de distribución para compensar los días perdidos, tras las paradas de mantenimiento.

En la urbanización Montalbán, de la parroquia La Vega, los vecinos también están bajo esquemas de racionamiento, desde los miércoles hasta los domingos. Cuando anuncian reparaciones la espera se alarga y los habitantes solo cuentan con un día y medio de agua, porque nuevamente coincide con los días de corte.
Tras más de cuatro años bajo esquemas rígidos de racionamiento la interrupción del servicio los obliga a recurrir al pago de camiones cisterna, un gasto insostenible para familias con niños pequeños o personas con enfermedades crónicas.
En crisis permanente desde 2009
La crisis hídrica en Caracas no es nueva, pero sí cada vez más profunda. En octubre de 2009 el Gobierno venezolano implementó un plan de racionamiento de agua en la Gran Caracas, motivado a supuestos cambios climáticos, entre ellos la sequía en el embalse de Camatagua.
Lo que se anunció como un plan transitorio, con cortes de entre 12 y 24 horas, se convirtió en una condición estructural que ya suma 17 años.
A pesar de que expertos advirtieron desde el principio sobre la falta de inversión y el deterioro de la infraestructura, la respuesta oficial se ha centrado en planes paliativos.
Iniciativas como la entrega de “súper cisternas”, el uso de la aplicación VenApp y la atención mediante el sistema 1×10 del Buen Gobierno, no lograron detener el deterioro progresivo de los grupos de bombeo y las tuberías matrices.

Datos de organizaciones independientes respaldan los reclamos comunitarios. Un estudio del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) reveló que, hasta 2023, menos de una cuarta parte de la población contaba con servicio de agua, mientras que la mayoría sobrevivía sujeta al racionamiento, el almacenamiento en tanques o la compra de camiones cisterna.
Mientras las autoridades anuncian paradas de mantenimiento en el Sistema Tuy III, como ocurrió la medianoche del domingo 11 de octubre, las tuberías de los hogares caraqueños continúan vacías. Para las comunidades afectadas cada anuncio de reparación no trae agua, sino una nueva prórroga que profundiza la desconfianza en las promesas oficiales.

