Carmen Teresa navas, la madre del preso fallecido en custodia del Estado, Víctor Hugo Quero Navas, fue acompañada en su entierro por personas de la sociedad civil, expresos políticos, activistas, estudiantes, periodistas y madres de otros detenidos que rogaron justicia y oraron por no correr la misma suerte que esta familia.

Caracas. “Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,

todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro

y el corazón afuera”.

Alguien rompió el silencio y entre la multitud que rodeaba el ataúd blanco leyó “Los hijos infinitos”, el famoso poema de Andrés Eloy Blanco que describe el amor de una mamá como la que estaba siendo enterrada. 

Foto Génesis Carrero Soto

Carmen Teresa Navas, la mujer que con 82 años a cuestas buscó a su hijo detenido, Víctor Hugo Quero, y lo encontró 16 meses después, muerto y enterrado, fue sepultada este martes, 19 de mayo, junto al cuerpo de ese hombre por el que tanto peregrinó. 

“La madraza”, el apodo con el que fue bautizada hace años en su trabajo y en su casa, por ser la abnegada mamá que era, es ahora el reconocimiento que miles de venezolanos le harán siempre por representar la lucha obstinada, terca, incansable, paciente y amorosa de cientos de madres que siguen esperando la libertad de sus hijos, considerados presos políticos. 

Foto Génesis Carrero Soto

La madre de todos 

La muerte de Carmen Teresa Navas, tras 16 meses en los que incansablemente buscó a su hijo detenido por fuerzas de seguridad y negado todas las veces que les preguntó por él, fue para muchos de los presentes “el cierre” de un ciclo de horror de la historia contemporánea venezolana, por eso al menos un centenar de personas fueron a despedirla. 

En su entierro, las mamás del Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (ClippVe) lloraron a Carmen con claveles blancos en las manos, mientras decenas de excarcelados y estudiantes universitarios cargaron su urna en distintos momentos y se abrazaron entre ellos dándose consuelo.

Foto Génesis Carrero Soto

Aunque la familia intentó mantener a un lado a las cámaras y a la multitud, fue imposible contener el amor por Carmen Teresa. Las lágrimas, las oraciones improvisadas, los carteles con su fotografía y la de Víctor Hugo venían de todas partes. 

Incluso los periodistas que fueron a contar los detalles de su sepelio se mostraron conmovidos al acercarse al féretro y ver a aquella mujer a la que tantas veces tuvieron frente a sus micrófonos exigiendo “una fe de vida” de su hijo Víctor Hugo.

Foto Génesis Carrero Soto

Allí, en la urna blanca estaba Carmen Teresa acompañada de las decenas de estampitas y rosarios que muchas de las madres dejaron para ella. 

“Podría ser cualquiera de nosotras, podría ser el caso de mi familia y no de la familia Quero Navas. El terror al que esta gente nos tiene sometidos es una lotería”, dijo al salir de la capilla de la funeraria Vallés la mamá de un preso político que aún sigue detenido en el Rodeo I, el lugar en el que estuvo recluido el hijo de Carmen Teresa. 

Los que se quedan

Entre su familia más cercana la incredulidad era la regla. Sus hijos Gabriel y Desiree, aunque reservados, se acercaban a algunos de los que se hicieron presentes y soltaban frases que dejaban ver el legado de Carmen Teresa. 

Foto Génesis Carrero Soto

“Ella estaba cansada de ir a todas partes, pero como no podemos abrazar a alguien que ya partió, ella se fue para poder abrazarlo y yo con eso estoy muy tranquila”, dijo Desirée a algunos presentes que se acercaron al funeral.

La describió como una mujer justa “buena gente”, de esas que enseñaba a compartir con gestos como la donación de comida, que enseñaba el valor de las cosas heredando la ropa entre hermanos o agradeciendo en la mesa por los alimentos de cada día. 

Para su ahijado y abogado, José Williams Loreto, Carmen Teresa era un sinónimo de perseverancia, de lo que es ser una buena madre. 

Foto Génesis Carrero Soto

“Era muy elegante y era muy: ¡no, espérate que yo me arregle porque yo no voy a andar por allí así! Era una persona muy jocosa, muy feliz, pero una persona de carácter, a la hora de decirte tus cuatro cosas, te las decía y no se aguantaba para decir lo que pensaba, fuera bueno o fuera malo”, contó. 

Quizá por eso la incómoda exigencia de “justicia” era la que más se repetía entre el centenar de personas que acompañaron o vieron pasar su último recorrido, uno que está vez no era para preguntar por Víctor Hugo, sino para encontrarse y quedarse con él en ese cementerio en el que hace apenas 11 días logró sepultarlo. 

Las personas que se acercaron con sus teléfonos para registrar los últimos momentos del entierro, fotografiaron el abrazo de sus familiares y el llanto contenido de su hijo mayor que le decía a sus hijos que allí también estaba su hermano.

Foto Génesis Carrero Soto

Retrataron también las placas de identificación de las tumbas del preso político fallecido en custodia del Estado Raúl Isaias Baduel y los participantes de la llamada “masacre de El Junquito”, que reposan justo al lado de la que desde hoy es la tumba de Carmen Teresa y de su hijo Víctor Hugo.

Grabaron conmovidos a la hija de Carmen Teresa mostrando en una videollamada el entierro a sus hijos y a la hija de 17 años de Víctor Hugo, que vive en Argentina. 

Hicieron también registro en su tumba del mensaje que fue enterrado junto a ella: Diosdado Cabello y Tarek William Saab son los responsables de estas muertes. 

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