Habitantes de Fuerza y Razón, Lomas de Oro e Iberoamericano exigen la presencia inmediata de las autoridades en El Junquito, Caracas. El doble sismo destruyó sus viviendas y la comunidad reclama evaluaciones estructurales para proteger a cientos de damnificados.

​Caracas. A medida que se asciende por la carretera de El Junquito, al oeste de la ciudad, el aire se vuelve más fresco. Sin embargo, el paisaje nublado de estos días ya no refleja paz. Refleja la peor catástrofe que ha vivido Venezuela en los últimos 125 años.

Tras el doble terremoto del pasado miércoles, 24 de junio, los movimientos telúricos de magnitud 7.2 y 7.5 transformaron la cotidianidad de esta parroquia, una zona propensa a deslizamientos por su accidentada topografía. El área se convirtió en un escenario de escombros, tierra y silencio.

Como consecuencia, desde entonces cientos de familias duermen a la intemperie en espera de una inspección técnica que evalúe sus hogares destruidos y estructuras agrietadas.

En el kilómetro 14, dentro de la urbanización Iberoamericano, la casa de Julia Villegas cambió por completo en cuestión de minutos. Donde antes se erigían sus paredes y los recuerdos de toda una vida, hoy solo queda desolación.

​Villegas y su familia no se encontraban en el inmueble al momento del siniestro, pues habían salido a realizar unas diligencias familiares. Fue una llamada telefónica de sus vecinos la que la alertó sobre el repentino desplome de su vivienda. ​

”Le doy gracias a Dios porque sigo viva junto a mi familia. Tenía 16 años en mi apartamento y verlo así es muy triste, lo perdimos todo”, relató Villegas a Crónica Uno.

La familia Villegas tenian 16 años en El Junquito/ Foto: Yandris Saldivia

Este fenómeno ha provocado un saldo trágico de más de 1943 fallecidos y 10.571 heridos hasta el momento de esta publicación, según el más reciente balance oficial ofrecido este martes, 29 de junio, por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. Además, detalló que el país registra un total de 15.866 damnificados y 855 edificios afectados a nivel nacional.

Vivir con miedo a las réplicas

Desde la tarde de aquella jornada, el automóvil familiar de Julia se ha convertido en el único techo disponible. Allí duermen mientras aguardan la inspección técnica de los organismos de seguridad y gestión de riesgos del Estado.

​En la vivienda residían ella, su esposo, sus dos hijos, un joven de 25 años y un adolescente de 16, y la mascota del hogar. Para ella, la situación ha sido devastadora. Sobre todo porque su esposo también afronta la desaparición de cuatro sobrinos en La Guaira, entidad costera que fue declarada formalmente como zona de desastre natural tras sufrir los impactos más severos del evento telúrico.

​Esta situación se repite varios kilómetros más abajo. Leida Sequera reside desde hace seis años en la comunidad Fuerza y Razón, ubicada en el kilómetro 4. Tras el segundo sismo, la vivienda que compartía con su esposo, su hijo de 12 años y su nieta se derrumbó por completo.

​Actualmente, el grupo familiar pernocta en el estacionamiento del edificio, específicamente en un área que funcionaba como iglesia y que perdió sus paredes laterales. Hoy solo se sostienen el techo y las vigas de soporte.​

Para Sequera, las precarias condiciones del refugio improvisado se suman a la constante preocupación por la salud de su hijo, quien es paciente oncológico. Es un niño en tratamiento médico especializado contra el cáncer.

El temor en la comunidad no cesa debido a las continuas réplicas, movimientos sísmicos de menor intensidad que ocurren en la misma región tras un terremoto principal. Estos eventos siguen desprendiendo sedimentos de la estructura y ya suman más de 609 eventos secundarios, según el monitoreo oficial.

​”Le doy gracias a Dios porque estamos vivos. Tengo bastante preocupación por mi hijo que es paciente oncológico y todo esto lo altera más, pero confío en Dios”, expresó Sequera.

277 familias damnificadas

Mariela, vocera del Consejo Comunal de la comunidad Fuerza y Razón, sector conocido como “La Toma”, explicó que en el edificio habitan 277 familias en situación de alto riesgo.

Los residentes denunciaron la urgencia de recibir asistencia en el sitio e instaron a los cuadrantes de paz, organizaciones de seguridad ciudadana comunal implementadas por el Estado, a coordinar ayuda humanitaria directa.

Mientras una parte de los residentes optó por retirarse temporalmente a casas de parientes en zonas aledañas, decenas de personas permanecen en las inmediaciones de la estructura por no tener a dónde ir o para salvaguardar sus pertenencias.

Vecinos duermen en el estacionamiento del edificio. / Foto: Yandris Saldivia

De acuerdo con Mariela y el censo preliminar levantado por los propios vecinos en una cartelera del sector, la cifra aproximada de personas que pernoctan a la intemperie, entre carpas y áreas semicubiertas del estacionamiento, incluye a 178 niñas y niños, desde recién nacidos hasta los 12 años, 70 adultos mayores y 269 adultos de entre 12 y 60 años de edad.

“También tenemos 10 personas con discapacidad incluyendo a un niño que es paciente oncológico. Nosotros no somos centro de acopio ni refugio, pero si necesitamos que las autoridades vengan”, añadió.

Los vecinos exigen que las autoridades competentes acudan al lugar para realizar una evaluación técnica del edificio. Esto se debe a que temen que las condiciones climáticas y las réplicas agraven la seguridad de quienes duermen desprotegidos.

Ante esto, el Ejecutivo Nacional anunció la activación de un “semáforo estructural”, un método de catalogación de daños mediante colores para medir el nivel de habitabilidad. El objetivo es priorizar los casos más graves en Caracas, Miranda y La Guaira.

Sector Lomas de Oro

En el sector Lomas de Oro, situado en el kilómetro 7, las pérdidas materiales también marcan la pauta. Jesús Moreno, habitante de la zona desde hace 18 años, quedó damnificado. Esto sucedió luego de que las columnas del primer piso de su vivienda de tres plantas se fracturaran por completo.

​Este lunes, funcionarios de Protección Civil, el organismo gubernamental encargado del estudio y la planificación de desastres y emergencias, acudieron a evaluar la infraestructura. Ellos dictaminaron que el inmueble es totalmente inhabitable, formando parte de las 189 edificaciones que sufrieron colapso total en la región central.

Las autoridades prohibieron el ingreso de la familia para retirar sus bienes debido al riesgo inminente de desplome por los movimientos secundarios. ​

En la casa se encontraban dos adultos, un adolescente de 17 años y una bebé de tres meses de nacida al momento del desastre. Ellos afortunadamente lograron evacuar antes del quiebre definitivo de las bases.​

En el sector Lomas de Oro colapasaron 5 casas y 7 tienen daños estructurales. / Foto: Cortesía

Un caso similar se registró con Gabino Azuaje en la calle Victoria del mismo sector. Su vivienda, de 25 años de antigüedad, se desplomó por completo. En ella residían el hombre, de 63 años, junto a su hijo y su comadre.

Ambos jefes de familia coincidieron en que la pérdida patrimonial es un golpe durísimo, pero agradecen que no se registraran pérdidas humanas. Sin embargo, manifiestan su profunda preocupación ante el adverso contexto económico del país. Esto lo ven como una gran limitante para reconstruir sus hogares por cuenta propia.

En suspenso

La gravedad de la situación motivó a la administración de Delcy Rodríguez a extender de manera oficial la suspensión de las actividades escolares en las zonas afectadas. El objetivo es resguardar a la población estudiantil.

“Mi familia está bien y eso es un milagro. Pero es muy duro quedarse sin hogar y empezar de nuevo. En mi casa también tenía mi negocio una fábrica de cortados y palmeras. Ahora sin nada quedamos”, dijo Moreno.

En Lomas de Oro, cinco casas colapsaron y al menos otras siete quedaron con graves daños estructurales, según los reportes de los propios vecinos y el Consejo Comunal.

El terremoto registrado en los kilómetros altos de la carretera de El Junquito es el de mayor magnitud en el país desde hace más de un siglo. Además, las réplicas persisten y las lluvias aumentan la inestabilidad del terreno fracturado. Por ello, las comunidades concentran sus esfuerzos en la reubicación de los afectados y la atención médica inmediata.

Para miles de damnificados en la región central del país, el camino hacia la reconstrucción material apenas comienza. Esto ocurre bajo la sombra de un luto nacional y la incertidumbre de un nuevo hogar.

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