Desfase entre inicio de síntomas y reporte de casos impide determinar la efectividad del 7+7

COVID-19 | reporte de casos

Según datos oficiales, el aumento de casos de la segunda ola de COVID-19 se empezó a notar en la tercera semana de marzo, cuatro semanas después de la flexibilización por Carnaval, y el pico más alto se evidenció empezando abril, en medio de las tres semanas consecutivas de cuarentena radical.

Caracas. En Venezuela determinar qué tan efectivas o no han sido las políticas públicas tomadas para contener la propagación de la COVID-19 es tarea complicada, al menos para el público en general, que está a merced de las pocas cifras oficiales de contagio y capacidad hospitalaria que dan las autoridades. 

Hasta el 18 de mayo de este año Venezuela acumula 217.603 casos positivos de COVID-19, 201.646 pacientes recuperados y 2428 fallecidos por la enfermedad, según registros del Ministerio de Salud, aunque personal de salud, sociedades médicas y ONG desde el inicio de la pandemia han alertado sobre la poca cantidad de pruebas que se realizan, lo que aumenta el subregistro de casos. 

Desde junio de 2020, momento en el que los contagios comunitarios aún no se habían expandido y el Gobierno acusaba a migrantes retornados de ser culpables de los casos que eran reportados, el esquema de flexibilización se volvió parte de la jerga cotidiana, aunque los problemas de notificación de casos ponen en duda el grado de efectividad del 7+7.

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De hecho, fue precisamente en junio cuando empezó a aumentar el número de casos dentro del país, con focos importantes en el estado Zulia (que para entonces permanecía en cuarentena radical) que fueron expandiéndose a estados cercanos e, incluso, al Distrito Capital y Miranda. 

Pero la baja capacidad diagnóstica que tenía y sigue teniendo el país impide conocer a ciencia cierta si el esquema de siete días de cuarentena radical y siete días flexibles siquiera surte efecto. Dependiendo de dónde sean tomadas las muestras para la prueba PCR, los resultados pueden tardar hasta más de dos semanas en ser notificados.

La presidente de la Sociedad Venezolana de Infectología (SVI), María Graciela López, advierte que la positividad de casos reportada diariamente por el Gobierno “no necesariamente refleja lo que pasó en esa semana, no sabemos si son resultados correspondientes a los últimos siete días”. 

Los datos oficiales reflejan que el posible inicio de la segunda ola de contagios se produjo en la semana del 15 al 21 de marzo, cuando se registraron 5170 casos, 43 % más que la semana anterior, y cuatro semanas después de que se flexibilizara el Carnaval y los días posteriores. Según investigaciones científicas, los síntomas de COVID-19 pueden aparecer de dos a 14 días después de la exposición al virus.

Si bien López afirma que “mientras más semanas o tiempo de cuarentena haya, menor cantidad de casos habrá”, menciona que es difícil implementar confinamientos estrictos en economías mermadas como la venezolana, lo que complica también evaluar la efectividad del 7+7 u otras medidas de aislamiento colectivo. 

De hecho, López destaca que, más que el 7+7, el impacto de la COVID-19 en Venezuela ha sido menor en comparación con otros países de la región por la poca movilidad que hay en el país, debido principalmente a la crisis económica. El problema del combustible sigue sin resolverse y tanto en Caracas como en el interior del país la merma del transporte público es notable.

Con la llegada de la pandemia y la cuarentena estricta, entre marzo y abril de 2020 la permanencia en casa aumentó 20 % respecto a tiempos de normalidad; este indicador tuvo disminuciones importantes en junio (menos de 15 %, con las primeras flexibilizaciones), diciembre (entre 10 % y 17 % por la flexibilización total) y febrero-marzo 2021 (entre 7 % y 9 % por flexibilización de Carnaval y relajo de medidas), según los reportes de movilidad de Google.

Posterior a esos períodos también se produjeron los picos de contagio más altos en lo que va de pandemia de COVID-19, aunque la opacidad gubernamental de datos impide determinar si se debieron enteramente a las flexibilizaciones. Entre agosto y septiembre de 2020 se registraron más de 1000 casos diarios, en enero de este año hubo un repunte de más de 500 diarios y, desde marzo, supera los 1000 al día.

Ya en abril, con el auge de contagios, tres semanas consecutivas de cuarentena radical y el pico máximo de 1786 casos reportados el día 4, la movilidad en zonas residenciales retomó niveles cercanos a 20 %, aunque con las flexibilizaciones ha disminuido hasta 6 % al 15 de mayo.

Las curvas y olas pandémicas reportadas por el Gobierno coinciden, al menos en cuanto a ritmo, con estimaciones de institutos independientes como el Imperial College de Londres (ICL) y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud. 

Según el modelo del ICL, entre agosto y septiembre hubo alrededor de 3000 casos diarios, en enero el ritmo fue de cerca de 2000 por día, a finales de febrero empezó a superar los 3000 contagios diarios, mientras que ya en marzo la cifra superaba los 5000, para llegar a picos de 10.000 a finales de abril, con todo y tres semanas consecutivas de cuarentena radical.

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La infectóloga María Graciela López destaca que la segunda ola de contagios que hubo entre marzo y abril sí respondió a las flexibilizaciones hechas en Carnaval, aunque añade que ese no fue el único factor, sino que se relajaron las medidas de protección personal, sumado a que las nuevas variantes y la búsqueda tardía de atención médica impactaron en la severidad de los casos y las muertes.

El epidemiólogo y exministro de Salud, José Félix Oletta, es enfático al señalar que no es posible relacionar aumentos o disminuciones de casos con la aplicación de semanas radicales o flexibles por el desfase de los reportes, el subregistro y la subnotificación de casos.

López coincide y añade que lo fundamental para prevenir futuras olas pandémicas es la prevención y educación en cuanto a medidas de protección, así como hacer entender a la población que la COVID-19 tiene características de múltiples olas de contagio por su rápida propagación.

Además, destaca la necesidad de que se vacune masivamente a la población para lograr controlar la pandemia, pues los países que tienen inmunizaciones contra la COVID-19 ya avanzadas apenas están empezando a relajar por completo las medidas preventivas, luego de vacunar a más de 50 % de la población.

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