Reciclaje en Ciudad Guayana
Foto referencial William Urdaneta/Correo del Caroní

El reciclaje de chatarra en Venezuela enfrenta dos grandes barreras: la falta de cultura ciudadana y el control estatal exclusivo desde 2016. Aunque su reutilización reduce impacto ambiental, la centralización y apatía traban la economía circular. Según el Ministerio de Ecosocialismo, el país recicla menos del 15% de metales.

Caracas. Entre calles y talleres mecánicos, toneladas de hierro, aluminio y cobre podrían tener una segunda vida. No obstante, en Venezuela, gran parte de esa chatarra termina en vertederos, debido principalmente a dos obstáculos que frenan su reciclaje: la falta de una cultura ciudadana y el control exclusivo del Estado sobre su manejo.

Con diez años recorriendo vertederos y talleres clandestinos, un recolector de metales —quien pidió el anonimato por seguridad— reivindicó los beneficios de su oficio: rescatar hierro, aluminio y cobre antes de que terminen en basureros.

Lo ejerce sobre todo en zonas populares, donde quienes lo practican son conocidos como chatarreros, aunque él insiste en que el trabajo implica mucho más que negociar chatarra.

“Buscamos garantizar el uso adecuado de estos materiales como hierro, aluminio y el cobre para evitar que terminen en basureros y se conviertan en agentes contaminantes», explicó a Crónica Uno el representante de los recicladores informales del sector.

Aunque el sector ha crecido en los últimos años, persiste una barrera importante: la falta de compromiso ciudadano. El representante apuntó que para muchos “es más fácil botar la chatarra en los contenedores que donarla o venderla, porque no saben los beneficios que tiene en el ambiente este reciclaje”.

Según la Asociación Mundial del Acero (World Steel Association), el uso de chatarra de acero reduce las emisiones de CO₂ en un 58 % y el consumo energético en un 75 % en comparación con la producción a partir de mineral de hierro.

Impacto ambiental

Para Joaquín Benítez, director de Sustentabilidad Ambiental de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), esta práctica es clave para disminuir el impacto de la minería y el gasto energético.

“Al reciclar chatarra, disminuimos la cantidad de metal que necesitamos sacar de las minas, que son conocidas por estar asociadas a importantes impactos ambientales”,

expone.

El especialista destacó que el reciclaje de aluminio, por ejemplo, requiere un 95 % menos de energía que su producción a partir de la bauxita. Esta diferencia contribuye a preservar ecosistemas.

Esta práctica es clave para reducir el impacto de la minería . / Foto: Cortesía de Anastasia.

La jornada de los recicladores se entrelaza con la de pequeños talleres y depósitos, donde cada pieza recolectada tiene un destino incierto: venderla si hay permiso o dejarla amontonada si no hay comprador autorizado.

En esas pausas, entre cargar y pesar el material, surgen conversaciones sobre lo que antes era un negocio más abierto y ahora está atado a un solo operador estatal.

Labor centralizada

Luisa Villalba, ingeniera agrónomo y especialista en reciclaje, detalló que la dinámica del sector en Venezuela cambió tras el Decreto 3.538 de 2016. En esta disposición se declaró la chatarra como “material estratégico” y se designó a la Corporación Ecosocialista Ezequiel Zamora (CORPOEZ) como única autorizada para su comercialización y venta.

Villalba recordó que antes de esa norma coexistían empresas formales y recolectores informales. Ambos encontraban en la venta de chatarra una fuente de ingresos y ayudaban a evitar que terminara en los botaderos. Su valor hacía que no acabara en los basureros, pero la centralización eliminó esa figura.

La especialista hizo referencia a economía circular, como denomina al modelo de producción y consumo que promueve la reutilización, reparación, renovación y reciclaje de materiales para alargar su vida útil y reducir el desperdicio.

“La actividad ahora es controlada por personas vinculadas directamente a la empresa estatal. Esto ha dejado a un lado un eslabón importante de la economía circular”, puntualizó.

Ese cambio no solo modificó la estructura del negocio, sino que también alteró las relaciones entre los actores del sector. Lo que antes se resolvía con acuerdos rápidos entre recolectores y compradores locales ahora pasa por trámites que, según ellos, frenan la cadena y encarecen el proceso.

Sin cultura de reciclaje

Expertos consultados por Crónica Uno insistieron en que, a diferencia de Alemania y Suiza, donde la gestión de residuos sólidos es vista como una oportunidad fundamental para el Estado, en Venezuela no se aprovechan las posibilidades de implementar políticas de reciclaje.

En ese sentido, recalcaron que aún falta mucho por hacer para fomentar una verdadera cultura de reciclaje en el país.

En Venezuela, apenas se recicla entre 5 % y 15 % de los residuos sólidos, de acuerdo con cálculos del propio Ministerio de Ecosocialismo (Minec).

El reciclaje de chatarra en Venezuela se volvio centralizado desde el 2016. / Foto: Abel Chatarra

Benítez sostuvo que no hay una “verdadera cultura de reciclaje” ni entre los ciudadanos ni en las instituciones. Aunque se hacen esfuerzos educativos, el problema radica en la falta de organización de los actores.

“La cultura del reciclaje va más allá de solo enseñar; implica dar ejemplos, facilitar el proceso y crear un entorno adecuado que estimule la práctica”,

afirmó.

Los testimonios coinciden en que la desconexión entre ciudadanos, autoridades y empresas ha generado un vacío: no existen suficientes puntos de acopio accesibles y, cuando los hay, no siempre reciben el material. Este quiebre en la cadena alimenta la apatía y normaliza la práctica de desechar sin clasificar.

Riesgos para los acopiadores

Pese a la centralización, algunos acopiadores privados continúan operando con otros materiales, pero sin respaldo oficial. Anastasia*, dueña de una recicladora en Guarenas, lamenta la falta de apoyo gubernamental.

“No recibimos ningún tipo de apoyo como uniformes e implementos de trabajo”, señaló.

La promotora del reciclaje añadió que la manipulación de chatarra oxidada sin protección expone a los trabajadores a cortes, infecciones y tétano. “Muchas veces nos hemos cortado y corremos el riesgo de una infección”.

Benítez concuerda en los riesgos sanitarios: el contacto con superficies oxidadas puede generar tétano y los depósitos de chatarra pueden albergar “animales ponzoñosos”. Además, advierte sobre los residuos químicos peligrosos presentes en ciertos plásticos, que representan un riesgo para la salud.

Las heridas, los olores penetrantes y la exposición constante al sol forman parte de un trabajo que, aunque invisible para gran parte de la sociedad, sostiene un eslabón crítico en la gestión de residuos.

Los recolectores informal no reciben apoyo del Estado. / Foto: Cortesía.

Intentos de un cambio

En 2024, la alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, presentó el Plan Chatarra. Con esa política gubernamental se busca retirar desechos ferrosos de espacios públicos, mediante los sistemas VenApp y 1×10 del Buen Gobierno.

Antes, el Gobierno había impulsado las Mesas Técnicas de Reciclaje y Aseo (Metras) para fomentar la participación comunitaria. Sin embargo, Benítez advirtió que, aunque existe un marco legal, la falta de coherencia entre las políticas y las acciones impide avances significativos.

“Es necesario acercar las opciones de reciclaje a la ciudadanía”.

No hay políticas públicas claras para implentar una buena cultura de reciclaje de chatarra en el país. / Foto: Cortesía.

Villalba resaltó la importancia de la educación para fomentar la cultura de reciclaje. “La falta de estímulo y la pérdida de normas y rutinas han deteriorado tanto la educación como la conciencia sobre el reciclaje, lo que se refleja en una apatía generalizada hacia la gestión adecuada de los residuos”.

Entre la espera y la falta de canales claros, el reciclaje de chatarra en Venezuela sigue detenido, como esas piezas inmóviles, que se acumulan en patios, terrenos, galpones y dépositos improvisados, a la espera de que alguien les devuelva una función.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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