A días del 27 de julio, ciudadanos tachirenses describen la campaña como “desdibujada, desigual y casi invisible”. Sin cuñas, recorridos ni contacto directo, crece el desánimo en una región donde la abstención superó el 73 % en las más recientes elecciones.

San Cristóbal. Ni grandes caravanas, ni banderas, ni bullicio en las calles. En Táchira, la campaña electoral transcurre como si no existiera. A días de elegir 29 alcaldes, en unos comicios pautados para el 27 de julio próximo, lo que domina no es la expectativa, sino una mezcla de apatía y escepticismo. En comentarios de calle y en redes sociales, muchos tachirenses describen el proceso como “una campaña desdibujada, desigual y casi invisible”.

Con la abstención del proceso electoral aún fresca —que llegó a más de 73 % en las regionales—, la desmovilización pesa, y la oposición intenta, a contrarreloj, animar a una población tan desmotivada como desmovilizada con una atípica campaña.

Carlos Taborda, concejal del municipio Pedro María Ureña, admite que la batalla no es sencilla. Desde su visión, enfrentan a un oficialismo que aprovecha cada resquicio posible para hacer proselitismo político. “No la tenemos fácil”, resume. Las condiciones no son equilibradas.

Uno de los escenarios más irregulares está en la zona fronteriza, donde escuelas y liceos han sido usados para actos políticos, en los que incluso se ha involucrado a niños, niñas y adolescentes. El caso más reciente ocurrió en la Escuela Nacional de la Frontera, donde el alcalde de Ureña, Yhon Carrillo, encabezó una actividad de campaña.

“El candidato hace un mitin político, cuando estas instituciones no son para ello. Deben respetar estos espacios que solo son de uso para fines educativos”, reclamó Taborda, quien considera que esos eventos deberían realizarse en sitios alquilados o espacios públicos como parques, calles o avenidas.

En su opinión, el gobierno tiene ventaja. Usa el poder y los recursos del Estado para impulsar su maquinaria, pero aunque esta situación puede ser denunciada, no existe una instancia institucional que reciba o procese dichas quejas e imponga sanciones.

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Escuelas en frontera son usadas para mítines políticos: Foto: cortesía vecinos

Sin casa a casa

La campaña no solo es desigual. También es distinta. Una de las estrategias más tradicionales, los recorridos casa por casa, ha perdido presencia. Ya no se ven candidatos caminando por los barrios, tocando puertas, hablando con vecinos.

Jean Carlos León, activista en el sector La Ermita, en San Cristóbal, lo lamenta. Él vivió muchas campañas en las que los aspirantes a la alcaldía recorrían la zona para conocer los problemas de la gente. Hoy, eso quedó en el pasado.

“(Ahora) ningún candidato se asoma por aquí, los vemos es por las redes o haciendo la denuncia de un hueco, así se está viviendo la campaña en todos lados”, expuso.

Y es que el tiempo no da para tanto. En apenas unos días, resulta imposible recorrer los más de cien barrios del municipio. Antes, los recorridos se hacían en horarios nocturnos, entre 6:00 p. m. y 9:00 p. m., cuando la gente estaba en casa. Pero eso también desapareció.

«Todo esto se acabó, aquí ya no hay campaña ni hacen como antes, entonces sí no lo hacen, cómo los ciudadanos se enteran quiénes son los candidatos para votar», expresó.

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El gobierno usa su poder para hacer campaña. Foto: cortesía vecinos

Sin cuñas en televisión 

La ausencia también se siente en el aire. En radios y televisores, donde antes abundaban las cuñas, hoy apenas se oye algo. Un líder vecinal del municipio Seboruco —que pidió no revelar su nombre— lo atribuye al alto costo de la pauta en medios tradicionales. Las campañas se mudaron a las redes sociales, pero no todos tienen cómo acceder a ellas.

“Hay personas que no tienen internet, entonces no tienen cómo ver ver estás cuñas que hacen por las redes sociales”, advirtió.

Agregó que otra alternativa sería el perifoneo, pero los vehículos con altavoces que solían recorrer las calles casi no se ven durante esta campaña.

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Denuncian que los menores de edad son usados para campaña electoral. Foto: cortesía vecinos

Desde las filas del sector abstencionista de la oposición, el tono es más ácido. Jesús Corona, dirigente de Primero Justicia, no se guarda palabras para describir lo que ve: una campaña sin contenido.

En ese sentido, insistió en que la campaña de los “payasos del PSUV y alacranes”, carece de sustento, al no presentar, según su criterio, propuestas claras ni soluciones efectivas para la población.

“Vemos a los candidatos corriendo por las calles, pero no vemos que brinden una propuesta verdadera al pueblo”,

agregó.

Para él, hay aspirantes que “no saltan charcos si no se incluyen en ellos”. Es decir, solo participan donde ya hay ventajas o comodidades.

El descontento en cifras  

En Táchira, la elección abarca 29 municipios clave. En 2021, la oposición logró 13 alcaldías pero perdió San Cristóbal, la capital, ante el Psuv; ahora lucha por recuperar feudos urbanos y áreas rurales.

La relevancia de San Cristóbal y otros centros urbanos como Ureña, San Juan y La Grita radica en que concentran el mayor número de electores y son termómetros del descontento social, razón por la cual el oficialismo busca consolidar su dominio territorial, mientras la oposición apuesta a recuperar presencia institucional.

Del grupo opositor, uno está prófugo: Rigoverto Ovallos, exalcalde del municipio Antonio Rómulo Costa. Otro, Yonnhy Lizcano, fue hospitalizado tras un infarto en plena audiencia. Había sido detenido el 20 de junio de 2024 por cargos de corrupción, apropiación indebida de bienes y omisión de funciones.

El oficialismo, por su parte, obtuvo 16 alcaldías. Varios de sus alcaldes van ahora a la reelección, algunos con más de cuatro períodos en el poder. Según cifras del CNE, para esas elecciones el registro de votantes era de 893.057 personas. De ellas, solo acudieron 341.151, lo que representó una abstención de 61,8 %.

Para estos comicios, el número de electores habilitados para votar se redujo a 859.000, distribuidos en 710 centros de votación.

Más allá del silencio electoral y el desgaste ciudadano, lo que está en juego es la legitimidad de la elección y la recuperación de la confianza en las instituciones. Una alta abstención o nuevas acusaciones de ventajismo podrían desgastar todavía más al sistema electoral, mientras que una movilización ciudadana de última hora podría cambiar el panorama.

Quedan pocos días para que se mida el pulso democrático de Táchira, donde el desafío no es solo ganar una alcaldía, coinciden dirigentes políticos, sino reconectar con una población desencantada.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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