El plantel es un patrimonio histórico del municipio. Fue fundado hace 75 años y desde hace mucho tiempo no recibe atención gubernamental. Las condiciones del techo se agravaron con la llegada de las lluvias, por ello en junio se vieron obligados a culminar el año escolar 2024-2025 en un liceo cercano por peligro de desplome.
Maturín. El timbre de la Escuela Básica Vicente Salias, en la ciudad de Maturín —capital del estado Monagas, al oriente de Venezuela— no sonó el pasado lunes 15 de septiembre, en el inicio del nuevo año escolar. La institución permanecerá cerrada por el estado crítico de su techo, con severas filtraciones y grietas.
El bullicio estudiantil fue reemplazado por silencio en pasillos y aulas cerradas, con pupitres vacíos y pizarras sin usar.
Solo tuvieron acceso el personal docente y algunos ambientalistas. El peligro latente dejó sin opciones a las autoridades del colegio que, en asamblea con padres y representantes, informaron que el regreso a clases sería a distancia, con el fin de resguardar la integridad física de los niños y docentes.
Fabiola* es represente de cuarto grado en el colegio, señala que en la reunión expusieron dos escenarios. El primero, esperar la intervención del gobierno regional, mientras se atiende la población estudiantil en otros espacios. La segunda, nada simpática, buscar un nuevo colegio para sus hijos.
Ante la incertidumbre sobre el futuro del colegio y de los estudiantes, representantes como Dulce Vegas decidieron retirar a sus hijos de la institución, muy demandada por su excelencia educativa.
Lamenta el actual panorama, pues considera que debieron tomarse medidas para evitar llegar a este extremo. La decisión fue dolorosa, pues se trataba de una escuela con prestigio en la ciudad, símbolo de calidad académica para varias generaciones.


Plazo de un mes
Una docente de la Vicente Salias contó a Crónica Uno que para el 15 de octubre el Centro de Desarrollo para la Calidad Educativa —antes llamado Zona Educativa, organismo estatal encargado de planificar el calendario escolar— decidirá sobre el desarrollo del calendario académico.
Confía que en esa fecha informen sobre una reubicación en planteles cercanos y puedan cumplir con la programación académica. Por ahora el método será clases virtuales. En este sentido, dice que la matrícula redujo un 30 % aproximadamente, al contrastar con el cierre 2024-2025.
De hecho, los representantes también recordaron que en el tercer lapso del año escolar pasado, los niños y niñas realizaron su cierre de proyecto en el liceo Sanz, ubicado a una cuadra de la escuela.
“Los fuertes aguaceros a finales de junio causaron que las fracturas en los techos se agravaran y por temor a una tragedia solicitaron el espacio prestado. Mismo lugar donde se llevó a cabo el proceso de inscripción y reinscripción de los alumnos”.
Desacuerdo con clases virtuales
El hijo de Mercedes Tovar* estudia en la escuela a Vicente Salias desde hace tres años. Aunque entiende la realidad del plantel, discrepa del método a emplear por las autoridades del colegio.
“Se debe buscar una mejor solución al problema y no justificar que tenemos la experiencia de cómo enseñar a los niños en casa”, expresa.
Detalla que se crearon grupos en la aplicación de mensajería WhatsApp —herramienta usada masivamente en Venezuela para comunicación escolar y comunitaria— para enviar asignaciones y realizar evaluaciones.
Agrega que esta metodología no garantiza al 100 % el rendimiento de los niños. Por eso, el resultado final es deficiente por la falta de pedagogía docente.
Los padres, aunque comprometidos, reconocen que no tienen las herramientas pedagógicas necesarias para sustituir la labor en el aula, lo que genera frustración y cansancio.

Sin una gota de amor
La Escuela Básica Vicente Salias tiene 75 años al servicio de los maturineses. Es un patrimonio del municipio, está ubicada en plena avenida Bolívar, una de las principales vías de la ciudad. Además, forma parte del casco histórico y del Túnel Vegetal de la ciudad, un emblemático corredor natural de árboles que cubre varias calles de Maturín.
En décadas pasadas, fue considerada una referencia educativa de la zona. Hoy, su deterioro representa un fuerte contraste con el valor histórico que conserva para la comunidad.
Aunque está a la vista de todos por encontrarse en el centro de Maturín, es reflejo de más del 60 % de las instalaciones educativas de Monagas que se encuentran desasistidas. Así lo alertó la Federación Venezolana de Maestros (FVM) en la entidad.
La profesora Odalis Level, refiere que el programa “Una Gota de Amor para mi Escuela” —plan del Estado anunciado en 2022 para rehabilitar planteles con apoyo comunitario— no se ha cumplido en el estado, y que más bien se necesitarían “cisternas y gandolas de amor” para reparar las instituciones.
En el caso específico de la Vicente Salias, como en muchas otras edificaciones, los problemas se extienden a la cablería, la iluminación y el agua potable. Aunque el deterioro también alcanzó a las cloacas y los pupitres.

Aseguran pronta atención
Tradicionalmente, los planteles eran intervenidos en temporada vacacional para que al regreso los estudiantes encontraran ambientes adecuados para el buen desarrollo educativo. Sin embargo, la esperanza de atención se agotó en septiembre, cuando los docentes encontraron la escuela en peores condiciones.
Mary Salazar, autoridad única de Educación en Monagas —figura designada por el Ministerio de Educación para coordinar la gestión educativa regional—, anunció recientemente la atención de 25 planteles en todo el estado, entre ellos la Vicente Salias, por su estado crítico.
La funcionaria aseguró que, con el despliegue de las Brigadas Comunitarias Militares para la Educación y Salud (Bricomiles) —organismos creados en 2022 que combinan personal militar y civil para reparar escuelas y ambulatorios—, se dará prioridad a este colegio.
Ahora, mientras los representantes se debaten entre la esperanza de una rehabilitación y la decisión de buscar otros planteles, el futuro de este año escolar pende de un hilo.
La comunidad estudiantil queda a la espera de que las promesas de las autoridades se materialicen en acciones concretas y transforme la preocupación actual en una oportunidad para rescatar no solo un edificio histórico, sino también el derecho fundamental de todos los niños a aprender en un entorno seguro y adecuado.
El 15 de octubre próximo no solo se definirá el calendario académico, sino que será la prueba de fuego para medir el compromiso real del Estado con la educación pública.
Ese día, la comunidad espera que no se limiten a anunciar decisiones administrativas, y que además devuelvan la esperanza de volver a escuchar el timbre que, por primera vez en años, permaneció en silencio.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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