El economista y exdiputado José Guerra presentó un plan para estabilizar la economía venezolana, enfocándose en controlar la inflación, ordenar el tipo de cambio y reactivar el crédito bancario. La propuesta busca reducir la pobreza, fortalecer la institucionalidad y generar un crecimiento sostenible.
Caracas. Frente a la inflación persistente, la caída del ingreso y el déficit fiscal que golpean a Venezuela, José Guerra presentó un conjunto de medidas económicas que buscan estabilizar el país y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, enfatizando la necesidad de acuerdos políticos amplios y apoyo de organismos internacionales.
Este plan, presentado en un foro especializado, este viernes, 5 de junio, se centra en controlar la inflación, ordenar el tipo de cambio y reactivar el crédito bancario, buscando crear condiciones para un crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza y la desigualdad. Para esto, Guerra insistió en la necesidad de propiciar consensos nacionales para enfrentar la crisis.
Para Guerra, ahora es el momento adecuado para discutir iniciativas cuyo eje central sea elevar la calidad de vida de la población, sumida desde hace años en un contexto macroeconómico desfavorable.
En este sentido, el economista subrayó que ninguna medida será sostenible sin la reconstrucción de la confianza en las instituciones y la recuperación del tejido productivo nacional, por lo que instó a todos los sectores políticos y económicos a priorizar el interés general sobre las diferencias particulares.
Del mismo modo, advirtió, de no adoptarse estas correcciones de fondo, cualquier esfuerzo a corto plazo quedaría nuevamente anulado por la inercia de la crisis estructural.

Diagnóstico de la economía real
Durante su análisis, el experto identificó que el principal problema de la economía nacional es la fuerte caída del ingreso per cápita, estimada en 60 % entre 2014 y 2022. Este aspecto que impulsó el aumento de la pobreza y la desigualdad en Venezuela.
«Además de la caída del ingreso, sufrimos de una inflación crónica; desde 1983 no se registra una inflación de un solo dígito anual. A esto debemos sumarle que entre 1999 y 2022 hubo un severo déficit fiscal. Para que se entienda de forma sencilla: a la economía entraban 100 bolívares y el gobierno gastaba 200»,
cuestionó.
La inflación crónica se refiere a aumentos sostenidos y prolongados del nivel general de precios, lo que reduce el poder adquisitivo de la población.
Asimismo, reconoció que, sumado a la dinámica previa, la producción de crudo registró una fuerte caída entre los años 2012 y 2019.
El economista también destacó la contracción de la producción petrolera entre 2012 y 2019, así como el impacto del endeudamiento y el default desde 2017. Ambos factores han limitado el acceso del país al financiamiento internacional.
«En el país hubo una destrucción de la institucionalidad fiscal y monetaria. Hemos tenido presidentes del Banco Central de Venezuela (BCV) sin credenciales en macroeconomía. Por eso, debemos devolverle la independencia, la profesionalización y la autonomía a los entes económicos», manifestó.

Propuestas concretas
El docente de la Universidad Central de Venezuela y expresidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional sostuvo que la prioridad macroeconómica debe ser el control de la inflación. Esto junto con la estabilización del tipo de cambio en una economía bimonetaria, donde circulan simultáneamente bolívares y dólares.
“La inflación siempre ha sido un problema fiscal y monetario. Es necesario acabar con el déficit fiscal y detener la emisión de dinero inorgánico. Para lograrlo, se requiere una política antiinflacionaria con continuidad y credibilidad, que trascienda al gobierno de turno”, razonó.
Guerra advirtió que, en una economía bimonetaria, estabilizar el tipo de cambio es el camino para estabilizar los precios de los bienes y servicios.
“Hay que fijar el tipo de cambio en una tasa de equilibrio justa y consensuada. De lo contrario, se podría generar un repunte inflacionario que terminará afectando severamente la capacidad de compra de la población”, explicó.
En cuanto a la obtención de ingresos, el economista señaló que el país debe apalancarse en el financiamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos multilaterales.
“No debemos tenerle miedo al FMI. Los organismos multilaterales están diseñados para prestar asesoría técnica y recursos que permitan salir de las crisis. Pero para lograrlo, debemos designar un equipo económico técnico con plenos poderes y un directorio del BCV totalmente autónomo”, precisó.
Además, propuso la creación de un Consejo de Asesoría Económica integrado por especialistas de alto nivel, así como una reforma urgente a la Ley del Banco Central de Venezuela para prohibir definitivamente el financiamiento monetario del gasto público.

Crecimiento y agenda social
Para lograr un crecimiento económico sostenible, Guerra planteó la necesidad de reactivar el crédito bancario. Para esto, añadió, es necesario disminuir el encaje legal del 73 % actual a un 12 %, además de permitir formalmente los préstamos en dólares.
“En la banca hay fondos en divisas paralizados que no se están utilizando; ese dinero debe prestarse para dinamizar la economía. También es necesaria una reforma fiscal e incentivos para que las empresas abran su capital y realicen nuevas inversiones”,
detalló.
Insistió en que el apoyo de los organismos internacionales es clave no solo para mejorar la infraestructura y las instalaciones petroleras, sino para atender de inmediato la crisis social.
“Los organismos multilaterales nos pueden ayudar a superar la pobreza y mejorar la equidad. Se puede diseñar un programa financiado internacionalmente para atender la emergencia humanitaria, restaurar el sistema de salud pública y optimizar la asistencia en la educación primaria y secundaria. Para eso es que se deben usar esos recursos”, afirmó.
En su intervención, recalcó un llamado a evolucionar hacia una economía moderna y digital, tras argumentar que la transformación tecnológica es clave para superar el rezago productivo, fomentar la inversión y generar empleos de calidad, lo que permitiría al país insertarse de manera competitiva en los mercados internacionales y romper con las dinámicas heredadas del control estatal y la escasez de divisas.
“Debemos tomar decisiones diferentes a las del pasado para dar respuesta a la gente y mejorar su calidad de vida, que es lo que el país necesita”.
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