El 16-N culminó sin grandes anuncios y mostró el descontento de algunos con Guaidó

16-N

Lejos de las multitudinarias marchas que lo acompañaron a principios de año, la del 16-N atrajo una asistencia superior a la del 24 de octubre, pero aun así no le permitió al presidente de la AN demostrar que tiene «la mayoría del país».

Caracas. El 16 de noviembre (16-N) llegó y con él también una nueva prueba para el apoyo al presidente de la Asamblea Nacional (AN) y encargado del país, Juan Guaidó. Una prueba que no dejó nada claro, salvo que un mes no fue suficiente para convencer a la gente de salir otra vez a la calle.

Desde temprano los puntos de concentración fijados en la capital para la marcha mostraban una presencia pobre de manifestantes. Pocos respondieron al llamado de Guaidó, algo que empeoró con el acoso de la Policía Nacional, que en La Candelaria, El Recreo y Las Tres Gracias dispersó a los opositores.

«Nos dijeron que teníamos 10 minutos para irnos y, si no, nos iban a dispersar. Ni nos dejaron que nos fuéramos, nos lanzaron gas y tuvimos que salir de ahí«, dijo Andrés, un joven que estuvo en La Candelaria y que finalmente se fue por su cuenta hasta Chacaíto, punto final de la concentración.

Fuese por las amenazas de los uniformados, o porque las personas optaron por ignorar el llamado de Juan Guaidó a participar en la marcha, lo cierto es que pasadas las 10:30 de la mañana, tres de los puntos de la convocatoria: Bello Monte, La Candelaria y Las Tres Gracias, se encontraban desiertos, y Chacaíto, el punto de llegada, no había reunido a más de 500 personas.

A las 10:30 a. m. era muy poca la presencia de opositores en la avenida Francisco de Miranda. Foto: Gleybert Asencio.

Mientras, en el este de Caracas los problemas de la convocatoria eran otros: el descontento de los opositores que, incluso, los hizo enfrentarse unos a otros en Altamira.

«Guaidó estafador»

La plaza Francia es por excelencia el punto más simbólico de todas las concentraciones opositoras en Venezuela. Ha sido, desde el año 2002, un buen termómetro de la opinión de los partidarios de la oposición, y este 16-N demostró algo nuevo: existen opositores que están hartos de su dirigencia.

Altamira tenía el mismo rostro que otras manifestaciones opositoras. Centenares de personas reunidas con gorras del tricolor nacional, pancartas reclamando desde la situación económica hasta la falla en los servicios públicos, y un grupo de curiosos que sin estar incorporados a la protesta se acercaban para arengar.

Algo atípico era la actitud de las personas presentes. Para las 11:00 de la mañana algunos encapuchados hablaban de enfrentar a la policía, y un grupo de universitarios cantaba en contra de los cuerpos de seguridad del Estado, pero, de resto, la gente, aunque estaba congregada, parecía dispersa. Sin embargo, en ese momento ocurrió algo que al menos «despertó» a quienes simplemente caminaban lentamente en círculos bajo el sol caraqueño. Carlos Caballero apareció.

Carlos Caballero tenía una camiseta amarilla y una gorra tricolor, nada que lo hiciera destacar de entre la multitud. Lo que sí tenía era un letrero improvisado hecho con cartulina blanca y marcador que tenía solo dos palabras, dos palabras que bastaron para que el joven llegara, incluso, a ser tendencia nacional en redes sociales, aun una hora después del final de la manifestación: «Guaidó estafador«.

Carlos Caballero siendo increpado por otros opositores en Altamira. Foto: Gleybert Asencio.

—¡Infiltrado! –gritó un hombre mientras empujaba a Carlos.

—¡Chavista! –agregó otro que le quitó de las manos la cartulina.

Poco a poco rodearon al joven que en ningún momento se tornó hostil, a pesar de recibir un sinfín de insultos y un coro de «fuera, fuera, fuera» que emanaba de la multitud que, al salir de su letargo, lo rodeó.

«Yo no soy chavista, solo quiero decir que estoy en contra de esta clase política que nos convoca y luego nos abandona«, dijo Caballero mientras se retiraba del lugar.

Él no fue el único al que no le importó cargar contra la dirigencia opositora durante la manifestación del 16-N.

Segundos después de lo ocurrido con Caballero, otro joven, esta vez de entre la multitud, también fue increpado por criticar a la dirigencia opositora. Se llama Manuel González y él no fue tan comedido a la hora de responder a los insultos que, sobre todo la gente mayor, le lanzaban.

Estoy en contra de Juan Guaidó y no lo estoy apoyando porque es un político opositor fracasado, y las personas que estamos hartas de tanto marchar, estamos obstinados de esa gente, estamos obstinados de gente que solo marcha«, llegó a declarar González mientras le gritaban al oído que se fuera de Altamira.

Varias «escaramuzas» se formaron en los minutos siguientes a la aparición de Caballero y González, todas protagonizadas por opositores que criticaban a otros opositores su posición sobre Guaidó. Luego del mediodía Altamira se vació y todos marcharon hasta el punto de llegada de la manifestación: Chacaíto.

A la Embajada de Bolivia y la decepción en Chacaíto

El punto de llegada original este 16-N era la plaza José Martí, en Chacaíto, pero, por algún motivo, para las 11:00 de la mañana no había ninguna tarima ni nada que se le pareciera, solo un camión con unos parlantes que fue el «escenario» desde el que Guaidó pronunció su discurso.

El presidente de la AN se enfrentaba a grandes expectativas de los presentes y terminó comandando a las personas a la Embajada de Bolivia en Caracas, pero incluso mientras hablaba se evidenciaba que para algunos la marcha no había sido lo que esperaban.

Hay mucha gente molesta, espero que anuncie algo y que se mueva, pero si solo va a venir para hablar y más nada, coño, hermano, entonces no me convoques para la calle«, comentó un joven en la calle Mohedano, a unos pocos metros desde donde Guaidó pronunciaba su discurso.

El discurso del presidente encargado ni siquiera se podía escuchar más allá de una cuadra desde donde se encontraba, y allí la actitud de las personas era distinta a la de aquellos que sí estaban cerca de él y que sí le manifestaban plena confianza.

Personas sentadas en las aceras tomando agua, otros comiendo un raspado –los cuales se llegaron a vender a precios de tres por un dólar– parecían ignorar no solo las palabras de Guaidó, sino también que era él el que hablaba a lo lejos.

—¿Quién está hablando? –preguntó una señora a otra mientras esperaban sentadas en la entrada del estacionamiento de la Torre Galipán.

—Creo que son los universitarios, no sé –le contestó la otra.

Para las 2:30 de la tarde la jornada de protesta de este 16-N había concluido y la oposición había anunciado en boca de Guaidó una nueva agenda de protestas que comenzará el lunes con una serie de manifestaciones en varios puntos del país, seguirá el martes con actividades en apoyo a los profesores venezolanos, y se extenderá hasta el jueves 21, con una marcha de estudiantes universitarios.


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