El conjunto residencial ubicado en Maracay es muy solitario. Los habitantes temen que Matías Salazar salga de la cárcel o que algún cómplice visite el edificio, por eso son reservados al momento de comentar acerca de él. En ese lugar mantuvo cautiva a Morella por 31 años, y a Fanny y su hija por 23 años.

Caracas. La luz del pasillo del piso 4 de la torre C es tenue. La reja marrón oscuro destaca entre las demás. Ahí estuvo cautiva Morella*, en silencio, invisible para los vecinos del Conjunto Residencial Los Mangos, en Maracay (Aragua), quienes durante 18 años no notaron su presencia.

El edificio está descuidado. Las solitarias escaleras, algunas sin iluminación, huelen a basura en varios pisos. El ascensor tiene una luz amarilla muy tenue, es angosto y las puertas no abren completo. Ahí cada persona estaba pendiente de lo suyo hasta el 24 de enero de 2020, cuando Morella escapó y gritó:

“¡Llamen a mi mamá, llamen a mi mamá!”.

Matías
Las cortinas del apartamento donde tenía cautiva a Morella eran gruesas. Foto: Luis Morillo

Ese día Matías Enrique Salazar Moure olvidó las llaves dentro del apartamento. De los 31 años que la mantuvo cautiva, 18 los pasó en ese conjunto residencial. Morella comenzó su noviazgo con este hombre, siete años mayor que ella, cuando tenía 17 años de edad.

Su familia no estaba de acuerdo con la relación y él la convenció de irse a vivir juntos a Maracay. Las agresiones físicas, la violencia sexual y psicológica comenzaron poco después, hasta que la encerró.

Desde el 27 de enero Matías Enrique Salazar Moure, su captor, está detenido en los calabozos de Poliaragua. Le dictaron privativa de libertad y ordenaron su traslado al Centro de Atención al Detenido Alayón, muy cerca del edificio donde ahora le temen.

Matías Salazar, de 56 años. La fotografía no es actual: Foto: Cortesía

El 6 de febrero hubo un motín en esos calabozos, que tienen una población de 1000 personas y capacidad para 200. Asesinaron a seis personas y cinco resultaron heridas en una disputa por el control del penal, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP).

Luego de la reyerta corrió el rumor de que el gordo Matías, como le llamaban los vecinos, se había fugado. Incluso los vecinos dijeron que lo vieron comiendo hamburguesas y otros que les había pasado por al lado. Es falso, pues los familiares de Morella confirmaron a Crónica.Uno que no se ha logrado su traslado a Alayón, presuntamente por hacinamiento.

Yo cargo este tubo, cualquier cosa ¡pum! me defiendo. Qué va, si ese monstruo me aparece por ahí voy a responder, contó un vigilante a Crónica.Uno, quien no será identificado por  protección.

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Vecinos contaron que antes los jóvenes usaban las áreas comunes, pero la mayoría emigró. Foto: Luis Morillo

Las seis torres del conjunto residencial Los Mangos son solitarias. Casi nadie se asoma por el balcón y pocas personas caminan por las áreas comunes. Ahí también hay un centro comercial con el mismo nombre y solo un ala mantiene abierta varias oficinas y locales. La iluminación es escasa: aunque sea muy temprano, no lo parece.

En las rejas de entrada hay avisos que prohíben que los niños jueguen en esas áreas, pero la realidad es que esos niños, hoy jóvenes, emigraron del país.

Entre lo paranormal y lo real

Morella no existía para los vecinos. Tiempo atrás un adolescente le insistía a sus amigos que ahí había alguien, aunque su dueño aseguraba que estaba vacío. Les contaba que escuchaba un radio prendido, pero muy bajito. Incluso, se plantearon que podría ser una actividad paranormal.

Siempre que estábamos en su casa él nos contaba toda la curiosidad que le causaba ese apartamento, siempre le causó muchísima intriga. Una vez duramos como 20 minutos pegados a la puerta para ver si escuchábamos algo, pero no oímos nada, contó uno de sus amigos.

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Algunas torres del conjunto tienen poca iluminación en sus áreas. Foto: Luis Morillo

En dos ocasiones la vio. Sus ganas por descubrir el misterio de ese apartamento lo llevaban a inclinar su cuerpo a través del balcón para tratar de hallar respuestas. Y Morella estuvo cerca, pero se echó hacia atrás apenas lo vio.

Esa vez él pensó que era la mamá de Matías. Siempre se le hizo raro ver que iba a ese lugar si supuestamente la casa estaba sola, las pocas veces que lo veían entrar con una cava, con comida. Un diciembre llevaba pan de jamón en una bolsa.

Una madrugada el adolescente, siempre atento a lo que sucedía en el apartamento de al lado, escuchó a alguien abrir una puerta en el pasillo. Se asomó sigilosamente y, a través del ojo mágico, vio a Matías entrar.

Óscar Hernández, sobrino de Morella, contó a Crónica.Uno que su tía tenía prohibido asomarse a las ventanas o hacer ruido. La amenazaba y, si no cumplía, la agredía.

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El conjunto, además de solitario, carece de buena iluminación. Foto: Luis Morillo

El apartamento no tenía sócates. No había nevera y las cortinas eran muy gruesas. En el balcón hay una matica que siempre se mantuvo verde, y aquel adolescente se preguntaba cómo sucedía eso si supuestamente ahí no había nadie.

Del “gordo Matías” al “monstruo”

En las áreas comunes los vecinos no tocan el tema. Y si lo hacen hablan muy bajito. Temen que algún cómplice de Matías aparezca en las residencias o su mamá, Margarita Moure.

Siempre hemos hablado por los grupos o por los celulares, poca gente se pone a hablar de eso en los pasillos porque nos da miedo, no sabemos quién estará por ahí. Es un monstruo, ese hombre es un monstruo, dijo una vecina a Crónica.Uno, y pidió no revelar su nombre por temor.

Morella no fue la única víctima del gordo Matías. En el piso 4 de la torre D mantuvo cautiva durante 23 años a Fanny y a su hija, María. Desde ese balcón vigilaba a Morella.

Fanny quedó embarazada de María. La pequeña asistió al colegio y, posteriormente, a la universidad, siempre acompañada por Matías; la esperaba afuera hasta la hora de salida.

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En la torre D Matías Salazar sometió a Fanny y su hija María. Foto: Luis Morillo

Entre los residentes fue un secreto a voces que el gordo Matías tenía a una mujer sometida en la casa. Pero no lo pudieron comprobar.

El miedo se incrementó en Los Mangos, porque desde el rescate de Fanny y María han visto una luz prendida en ese apartamento.

“El miércoles (5 de febrero) vi unos bóxer color negro guindados ahí. Y he visto una luz encendida”, contó una vecina con voz baja, casi al oído.

La cuarta víctima de Matías era Ana María, su esposa desde los 18 años. A ella la mantuvo sometida durante 32 años en la vivienda de su mamá, en el sector Las Mayas de El Limón.

El viernes 7 de febrero lograron sacarla de ese lugar. Cuando acudieron la primera vez se alteró y no pudieron llevársela. Se investiga si a Ana María la mantenían bajo sedantes.

El Ministerio Público lo imputó por los delitos de violencia sexual, violencia psicológica, amenazas y esclavitud sexual.

(*) Se omitió el apellido de la víctima por medidas de seguridad. 


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