Una investigación reciente de la UCAB señala que más de 70 % de los estudiantes de bachillerato en el país presentan deficiencias en comprensión lectora y producción escrita, lo que limita su capacidad de análisis en diversas áreas del conocimiento.

Caracas. En el salón de clases de un colegio privado ubicado en el estado Miranda, las manos de Rafael rara vez se alzan. Mientras sus compañeros comentan con soltura sobre los textos de Castellano y Literatura, él guarda silencio. No es timidez. Es algo más profundo: no entiende lo que lee.

Mientras sus compañeros desglosan ideas y argumentan sobre las intenciones del autor, Rafael se enfrenta a una batalla silenciosa y constante: la incomprensión de los textos. A sus 17 años, las palabras escritas representan un muro que dificulta su avance en el bachillerato.

“Leo las oraciones, pero después no sé de qué trataba el texto. Es como si mi cabeza no conectará las ideas y no logro entender lo que me pide la profesora”,

confiesa.

Rafael no está solo. El último informe del Sistema de Evaluación de Conocimientos En Línea (Secel) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) reveló que 70 % de los estudiantes de bachillerato en Venezuela reprueba competencias clave como comprensión lectora, ortografía, gramática y producción escrita. Un dato que dibuja una radiografía preocupante del sistema educativo nacional.

Lizette Martínez, directora de la Escuela de Letras de la UCAB, es clara: los estudiantes saben leer, pero no entienden lo que leen. Es decir, no logran llevar esos conceptos al mundo real. Es una desconexión que trasciende la clase de Lengua. Sin comprensión, no hay posibilidad de resolver un problema matemático o escribir un ensayo coherente, añade.

Existe, de acuerdo con Martínez, una dificultad para entender el uso del lenguaje y una brecha entre los lenguajes técnicos y las competencias de lectoescritura.

“Los alumnos que no entienden un texto van a tener debilidades en otras áreas del conocimiento. Quien no compre la lectura no va a poder entender un problema de matemática y no podrá resolverlo”, asevera.

La raíz, recalca Martínez, está en una enseñanza anclada en métodos arcaicos y una educación básica deficiente. Rafael lo sabe. Su paso por una escuela pública en Guarenas no le dio las herramientas necesarias. Ahora, en el exigente entorno de un colegio privado, el abismo se nota más.

Apoyo de sus compañeros

A veces, son sus propios compañeros quienes le ayudan. Le explican los textos con sus palabras, y entonces —dice— “se me prende un poquito el bombillo”. Pero no basta. Para sobrevivir a las evaluaciones, ha recurrido a resúmenes en internet y a herramientas de inteligencia artificial. Lo sabe: no aprende así, pero aprueba.

Durante el segundo lapso en el colegio privado, Rafael ha desarrollado estrategias como buscar resúmenes en internet o utilizar la inteligencia artificial para obtener análisis completos del texto.

“No es lo ideal, porque no estoy aprendiendo realmente, pero es la manera que he encontrado para no raspar”,

admite.

José Javier Salas, coordinador del Secel, advierte que la dependencia tecnológica ha afectado el pensamiento crítico. “El enfoque en mensajes breves y directos afecta la capacidad de análisis y escritura de los estudiantes”.

Salas considera la tecnología como uno de los factores por los que niños y jóvenes han perdido interés por la lectura y la comprensión lectora, pues dependen demasiado de correctores de texto e inteligencia artificial, por lo que descuidan las habilidades lingüísticas.

Martínez, magíster en Literatura Latinoamericanao, lo resume sin rodeos: promover sin competencias es una mentira. Y la solución, aunque compleja, pasa por un cambio profundo en el paradigma de enseñanza. Porque leer —de verdad— es mucho más que juntar letras.

“Si los estudiantes llegan a bachillerato sin tener competencias en habilidad verbal, van a enfrentar un reto mayor para realizar las tareas y proyectos escolares por no haber obtenido las herramientas necesarias en sus primeros años”, afirma.

A su juicio, al ingresar a la universidad, estos estudiantes enfrentarán dificultades para identificar elementos clave en un texto, algunos llegarían incluso a depender de la inteligencia artificial para tareas básicas.

Hacia un cambio de paradigma

Según Salas, la enseñanza del castellano debe centrarse en desarrollar competencias de comprensión lectora y producción escrita, en vez de enfocarse en aspectos tradicionales como la gramática y el vocabulario.

El profesor considera que la enseñanza de la lectura en primaria y bachillerato ha permanecido estática durante los últimos 30 años, mediante métodos obsoletos y libros antiguos.

“El cambio en la educación no radica solo en ajustar la malla curricular, sino en transformar el paradigma de enseñanza. Es crucial que los docentes promuevan habilidades que fomenten el pensamiento crítico”.

Para Martínez, superar la crisis del sistema educativo “no es sencillo”, dada la influencia de las nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje y las dificultades que esto representa para los maestros en su propia actualización.

La especialista señala que las competencias de comprensión lectora deben desarrollarse desde las primeras etapas. “Enseñar a leer y entender textos desde pequeños. Son edades en las que se aprende casi por ósmosis”.

Desde su visión, enseñar a leer bien implica fomentar la comprensión desde la infancia, con cuentos, preguntas y creatividad. De lo contrario, miles de adolescentes como Rafael seguirán condenados a fingir que leen en un sistema que también finge enseñarles.

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