Karin Ortiz, psicopedagoga, explica que los niños y niñas con autismo se pueden adaptar a las dinámicas de un colegio regular, pero deben aplicarse los contenidos académicos acorde a sus necesidades.
Caracas. La búsqueda de un colegio inclusivo para Luis Gonzalo, un niño con autismo leve a moderado, se convirtió en una odisea para su madre Wendolline Dugarte. En 10 escuelas le cerraron las puertas, alegaron falta de herramientas para atender a personas con Trastorno Espectro Autista (TEA).
Luis Gonzalo tuvo una experiencia positiva en preescolar, donde recibió adaptaciones curriculares y apoyo personalizado. Sin embargo, la transición a la primaria reveló la realidad del sistema educativo: la falta de recursos para integrar a niños y niñas con neurodiversidad.
“En las escuelas me decían que sería un honor tener a Luis Gonzalo, pero carecían del personal capacitado”,
recuerda.
La búsqueda de Wendolline terminó en el Colegio Nuestra Señora de la Consolación, en Cumbres de Curumo, donde encontraron un entorno inclusivo, con personal capacitado y adaptaciones curriculares.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) uno de cada 100 niños tiene autismo. Pero en Venezuela no se conocen las cifras oficiales desde 2016.

Además, la organización destaca que las intervenciones psicosociales pueden mejorar las aptitudes sociales y de comunicación, lo que representa un impacto positivo en el bienestar y la calidad de vida de las personas con autismo.
Adriana Campos, coordinadora del área de formación en la Organización Venezolana de Autismo, precisa que de acuerdo con el nivel de la condición algunos niños y niñas con TEA pueden asistir a colegios regulares.
No obstante, detalla que el docente debe tener los conocimientos para saber enseñar y atender a los niños y niñas con esta condición.
“Es fundamental que los educadores comprendan el estilo cognitivo de los alumnos. Además, deben saber cómo orientar a los padres hacia el diagnóstico correcto, comenzando por un psicólogo clínico”.
La inclusión: más que una palabra
La exclusión que sintió en los colegios generó un impacto emocional en Wendolline y su esposo. “Nos llenamos de frustración y tristeza al ver cómo nos cerraban las puertas. Uno sueña con la educación, la independencia y la felicidad de su hijo y cada negación te frustra”.
La madre considera que aceptar no es incluir. “Muchos colegios excluyen a los niños con neurodiversidad en las aulas. La inclusión es compartir el mismo espacio, aprender y con respeto a la diversidad”.
Cada 2 de abril se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, establecido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para visibilizar a las personas con esta condición y promover el ejercicio efectivo de sus derechos.

El artículo 16 de la Ley para Personas con Discapacidad establece que toda persona con discapacidad tiene derecho a asistir a una institución o centro educativo para obtener educación, formación o capacitación.
No obstante, Campos afirma que la educación tradicional segrega a las personas con autismo porque no tienen la capacidad y la paciencia para incluirlos.
“La inclusión no es meterlo en un colegio y que después sea un objeto depositado en el aula de clases. Debe ser de verdad, que a la persona la atiendan y que los otros alumnos también se vean beneficiados”,
dice la psicopedagoga.
Las terapias son fundamentales
Para Yulianys Blanco, madre de un niño de nueve años con TEA moderado, las terapias son clave en la adaptación de su hijo al colegio regular. Aunque le cuesta bastante debe pagar $50 semanales.
“Desde que combinamos el colegio con las terapias, mi hijo ha mejorado mucho. Ahora lee, se expresa mejor y comprende más, pero es un trabajo en equipo”,
destaca.
La especialista señala que la sociedad tiende a delegar la responsabilidad de la adaptación y el desarrollo del niño o niña únicamente en psicólogos o terapeutas, pero este es un trabajo conjunto partiendo de la formación de los docentes.

Aunque hay personal capacitado a veces falta disposición, de acuerdo con Campos, porque se subestiman las capacidades de estás personas.
“Se piensa que las terapias son para enseñar habilidades básicas, pero su propósito es facilitar la adaptación y la inclusión social”.
Adaptaciones curriculares
Yulianys recuerda que en el colegio anterior excluyeron a su hijo de las actividades escolares. Por eso lo cambió de institución al comenzar segundo grado, ya que no mostraba avances. “La maestra ignoraba sus necesidades”.
Karin Ortiz, psicopedagoga, confirma que los docentes carecen de herramientas para realizar adaptaciones curriculares para niños y niñas con TEA porque, aunque el niño no tenga un compromiso intelectual, a nivel sensorial puede tener algunas dificultades.
“Se deben aplicar los contenidos académicos acorde a sus necesidades.Es necesario implementar accesibilidad cognitiva: libros con lenguaje sencillo, clases prácticas y señalización clara en todos los espacios”.
Añadió que las adaptaciones curriculares benefician a todos los alumnos, ya que los refuerzos de atención para niños y niñas con TEA no perjudican a sus compañeros regulares.

Falta más sensibilización
Ortiz explica que hay algunos avances en la concienciación sobre el autismo, pero queda mucho por hacer en términos de educación.
“Es importante que desde conductores de transporte hasta el personal de colegios estén capacitados para atender a estas personas”.
Wendolline insiste que en Venezuela se deben crear no solo espacios de esparcimiento sino de oportunidades laborales para las personas dentro del espectro.
“Tenemos que sensibilizarnos como sociedad, aceptar la neurodiversidad, comprender qué más allá de las etiquetas todos somos distintos”,
añade Yulianys.
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