Cuna de la libertad americana y con el puerto marítimo más próximo a la capital de la República, La Guaira llega este 29 de junio a 431 años de fundada, en medio de un rosario de calamidades agravadas por la pandemia del coronavirus COVID-19. El presidente de la Asociación Nacional de Agentes Aduanales, Hugo Mijares Flores, precisó que actualmente no llega un barco en promedio al mes.

La Guaira. De aquellos días en que la concibiera el gobernador y capitán general de la provincia, Diego de Osorio, aún permanece intacto el río que hoy lleva su nombre y en cuya margen occidental se asentaron sus primeros pobladores, así como las construcciones coloniales que la distinguen ante la comunidad internacional. “A La Guaira la queremos de gratis, aquí respiramos el aire fresco del mar, aquí superamos la tragedia de 1999 y ahora hacemos frente, con mucho sacrificio, a ese virus”, comentó Felipe Rodríguez, a un costado de la Catedral de La Guaira, desde donde se divisa la bahía El Placer, en pleno mar Caribe, uno de los pocos lugares en el mundo en el que se pescan todas las especies pico: aguja azul, marlín blanco, pez espada y pez vela.

Como Felipe, la mayoría de los guaireños debe caminar diariamente largos trechos a lo largo de la avenida Carlos Soublette, en dirección a Maiquetía o Macuto, para adquirir alimentos y medicinas.

“Pero esto no es de ahora con ese virus, ya tenemos muchos años en este trajín. Aquí los servicios públicos son un desastre y lo que hacen es por donde pasa la reina”, agregó Rodríguez, quien se refería a la nueva plaza Bolívar y al segundo terminal terrestre en la entidad federal. El primero está ubicado en el sector La Zorra de Catia La Mar.

La Guaira
Foto: Cortesía Mirna Montemayor

En Guamacho, Cabrería, El León y la calle Bolívar de La Guaira, donde sobresalen las casas con balcones coloniales como en la Ciudad Amurallada de Cartagena de Indias (Colombia), se evidencia el deterioro de calles empedradas y del legado patrimonial, además de las dificultades de sus moradores que reclaman el servicio eficiente de agua potable y aseo urbano, el cese de las interrupciones de luz eléctrica, la mejora del sistema de aguas servidas, la presencia policial en lugares intrincados y hasta un mejor acceso a Internet.

No es extraño tampoco apreciar vestigios de la tragedia natural de 1999 en algunos callejones detrás de la Casa Guipuzcoana y otras edificaciones antiguas. Una iglesia icónica, la Ermita del Carmen, aún no ha sido restaurada desde el deslave.

El mejor regalo que pudieran dar es atender nuestros problemas, porque La Guaira se lo merece. Aquí hay historia para toda América”, dijo Antonia Sojo, de 66 años, quien se prepara para disfrutar los tambores en honor a San Pedro y San Pablo.

En torno a la festividad afroamericana, las autoridades locales han anunciado que habrá más restricciones para el tradicional repique de tambores, aún cuando este lunes 29 inicia otra semana de flexibilización de la cuarentena.

Andan metiéndole miedo a la gente con el COVID-19, amenazando con pruebas rápidas, como hicieron en Naiguatá, y no ven lo que nos cuestan los alimentos, que nuestros hijos pequeños sufren porque no podemos pagar un kilo de leche a un millón de bolívares”, manifestó Ramona Aranda, quien regresaba a su casa desde el mercado de Punta de Mulatos.

Sin barcos ni agentes aduanales

No pocos guaireños han venido perdiendo sus empleos por el cierre progresivo de agencias de aduana y la escasa actividad en el puerto de La Guaira, el segundo más importante del país debido a su ubicación estratégica para Suramérica.

El presidente de la Asociación Nacional de Agentes Aduanales, Hugo Mijares Flores, precisó que actualmente no llega un barco en promedio al mes.

No hay buques con importaciones como en el pasado reciente. El puerto está lleno de militares, su maquinaria paralizada y la gran mayoría de los agentes aduanales están quebrados; los pocos que sobreviven es porque trabajan con lo que trae el gobierno”, explicó.

La Guaira
Foto: Cortesía Mirna Montemayor

La situación portuaria, sumada a la pandemia, ha llevado a otros a ingeniárselas para sostener a sus familias. En este sentido, en calles de La Guaira y la avenida Soublette, algunos procuran vender distinta mercancía, entre las que destacan mascarillas de colores y alimentos básicos. Todo a riesgo de perder los artículos ante las rondas de vigilancia policial.

“Vivo en Cerro Los Cachos y no me queda otra opción que vender en la vía. Como no hay barcos en el puerto, no se puede negociar con la policía o con la guardia para hacerlo adentro, que era cuando tenía trabajo en una almacenadora privada”, relató un joven que quiso no ser identificado.

Así va la vida a 30 kilómetros de Caracas, en la capital de un estado que se creó en 1998, llamó la atención del mundo con la rebelión republicana de Gual y España, y parió al primer presidente civil de Venezuela: José María Vargas.


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