El pueblo pesquero del norte de Maracaibo lamenta el poco sustento que pueden darle a su familia. De 100 kilos de pescado y unos 70 de camarón que llegaban todos los días al puerto, hoy no es ni la mitad.

Maracaibo. La pesca que hace unos cinco años era abundante en la zona costera norte de Maracaibo con hasta 100 kilos por embarcación al día, hoy se traduce a casi nada. Los más afectados son los pescadores y sus familias.

Aquella producción que cubría la venta local de peces, camarón y cangrejas a los restaurantes de la ciudad, pescaderías y otros clientes al menudeo, también alcanzaba para la alimentación familiar, pero ahora esas familias comen una vez al día.

Ronier Matheus, de 44 años, es pescador desde los 15 años. Sus tíos le enseñaron el oficio para que aprendiera a defenderse y con el paso del tiempo se especializó en la pesca de camarón. Sentado en la calurosa habitación de su casa materna, que comparte con su esposa y sus seis hijos, contó:

Tenemos dos años pasándola mal, la pesca ya no es una actividad rentable porque además de la contaminación, que hace que los peces huyan de aquí, tenemos serios problemas de seguridad en el lago. Hace dos semanas que estoy parado, estamos comiendo una vez al día”, dijo.

Contó que hasta hace dos años la cantidad de pesca era de unos 70 kilos de camarón al día y su ganancia diaria era de 70 dólares:  “Con eso comíamos bien, aquí nunca se pasó hambre, pero ahora todo es diferente, hay mucha necesidad”.

La contaminación por petróleo, verdín y basura, según el pescador, solo afecta la costa, pero reconoce que el cambio de vientos ha ocasionado la huida de la especie hacia zonas más lejanas. “Hay temporadas donde el camarón se pierde. Este año tenemos que buscarlo del otro lado del puente, cerca de La Cañada de Urdaneta”, dijo.

Embarcaciones lago de Maracaibo
La inseguridad en el lago de Maracaibo por la presencia de piratas y bandas delictivas aumentan el hambre en las familias de pescadores/ Mariela Nava

Esta movilización implica actualmente un riesgo para la integridad de los pescadores porque deben enfrentarse a la inseguridad. Hay piratas en el lago que operan en la franja de la costa oriental.

La noche del 25 de agosto de 2024, tres pescadores fueron asesinados por una presunta banda de extorsionadores, en aguas del lago. A las víctimas las ejecutaron con disparos en la cabeza y quedaron grabadas por sus asesinos, quienes luego rodaron el audiovisual por redes sociales para amedrentar a los pescadores y exigir el pago de vacunas a dueños de lanchas del municipio La Cañada de Urdaneta.

El miedo paraliza

Luego de este suceso, varios dueños de embarcaciones decidieron paralizar sus actividades, lo que redujo el sustento de los pescadores. Aunque no niegan que tienen miedo de pescar, la necesidad de alimentar a sus familias prevalece.

En el caso de Ronier, para conseguir camarón, debe cumplir su faena en zona de peligro; es decir, aguas de La Cañada de Urdaneta. Pero hace dos semanas que el hambre estruja el estómago de su familia y amenaza la vida de sus tres hijos de uno, dos y cuatro años de edad, que están bajos de peso desde su nacimiento.

“El trabajo está parado y ahora tampoco puedo salir a pescar porque me robaron la cédula y el carnet de la patria en el agua hace unas semanas. Si no tengo papeles me puede detener la Guardia Costera. Es complicado porque aquí en tierra tampoco se consigue trabajo cerca. Para ir lejos también necesito mis documentos por los operativos que hay en la ciudad”, lamentó.

Perder el tiempo

Hace unos días, en medio del desespero y el llanto de sus hijos por hambre, Ronier le pidió a su hermano acompañarlo en la faena. “El día que más trajimos fueron dos kilos de pescado y él también tiene que alimentar a su familia, así que no alcanza. Pasamos horas aguantando sol por días y no trajimos nada”, soltó.

En el caso de su hermano que practica la pesca artesanal en una canoa, antes podía traer a puerto hasta 70 kilos de pescado como la corvina, uno de los más vendidos, pero ahora solo trae tres kilos al día con jornadas de hasta seis horas.

Me voy a volver loco. ¿Qué voy a hacer?, salgo a buscar a Dios pero no consigo. Ayer comimos arepa con un revuelto de tomates hervidos”, dijo el hombre conteniendo el llanto.

Pobreza extrema

Ronier vive junto con su familia en pobreza extrema. Dos camas cubiertas con gomaespuma cubren la mayor parte del espacio de la habitación que también es cocina. El calor es insoportable, pero lo disimulan con un ventilador y el poco viento que entra por un hueco que quedó en la pared después de la avería del aire acondicionado.

Él, su esposa Elena y sus hijos Daylin, de 11 años de edad; Alberto, de 9 años; Albert, de 8 años; Luciana, de 4 años; Erik, de 2 años, y Fabián, de un año de edad, duermen juntos. Ese día tampoco habían comido nada.

Antes de despedirse, el pescador tomó a su hijo menor en brazos y soltó: “Me siento ahogado, pero no hay que perder la fe, de esta nos levantamos, pero es difícil pasar tanta amargura”.

Pobreza Lago de Maracaibo
La mayoría de las familias pesqueras de Santa Rosa comen entre una y dos veces al día desde hace más de dos años/Mariela Nava

Para Elena, los años de bonanza en su hogar son cosa del pasado. La madre, de 37 años, confesó que la contaminación del lago también ha mermado la posibilidad de conseguir trabajo como cocinera en la zona.

“Antes era mejor que ahora, comíamos tres veces al día y la pesca de mi esposo daba hasta para merendar. Ahora no, ahora hacemos una comida a media tarde para que no pegue tanto el hambre en la noche, hasta el otro día.  Ya los muchachos ni me piden comida, los más chiquitos son los que lloran porque no saben, pero los otros ya se acostumbraron”, lamentó mientras mostraba unas hojas de vida con las que pretende conseguir trabajo.

Pesca en baja

Jesús Piña, dueño de un restaurante del parador turístico, asegura que la calidad del pescado se mantiene a pesar de la baja pesca.

“Yo recibo pescado para revender porque el restaurante solo lo abro los domingos, que es más concurrido. Antes un pescador regular traía en cayuco, trabajando medio día, hasta 30 kilos de pescado, ahora a lo sumo llega aquí con ocho kilos”, reveló.

Los peces que más se comercializan en la zona para ofrecer en los restaurantes son lebranche, corvina y bagre, todos pescados con anzuelo. Jesús los compra para hacer churrascos que luego vende a siete restaurantes de mayor nivel donde ofrecen cebiche y croquetas.

“La realidad es que ahora hay menos pescado, son condiciones naturales que tenemos en contra”, sentenció.

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