La Asociación de Educadores Jubilados y Pensionados de Aragua detalló que al menos 39 adultos mayores sufren de problemas de cataratas y pterigion, pero aún no son atendidos por el Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación.

Maracay. Ismael Fernández, profesor jubilado de 64 años, vive desde hace dos años entre la espera y el deterioro progresivo de su visión. Diagnosticado con cataratas, aguarda una cirugía a través del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (Ipasme) Maracay que no llega, pese a haber cumplido con los exámenes exigidos y a las promesas oficiales de intervención.

Mientras el tiempo pasa y la vista se le reduce, su caso resume la incertidumbre de decenas de jubilados que dependen del sistema público de salud para recuperar algo tan básico como ver con claridad.

En 2023, el adulto mayor logró que lo intervenieran quirúrgicamente de uno de sus ojos. En ese momento le aseguraron que, tres meses después, lo operarían del otro. La promesa, sin embargo, nunca se concretó y hoy continúa aguardando entre la paciencia y la frustración.

Pese a la falta de información clara por parte del Ipasme, Ismael ya se ha sometido a dos exámenes preoperatorios exigidos por el organismo. Aun así, la cirugía que necesita sigue sin una fecha definida.

“Cuando vamos al Ipasme nos dicen que dependen de Caracas. Hace seis meses nos dijeron que ya nos iban a operar, pero seguimos esperando”, denunció Crónica Uno.

Opción lejana

Jubilado desde 2006, el docente explicó que podría recibir atención quirúrgica en el Hospital Central de Maracay, en el Hospital Militar o en el Centro Oftalmológico Regional Aragua (CORA), ubicado en el Hospital Los Samanes. No obstante, continúa a la espera de una autorización que debe llegar desde Caracas.

Percibe 130 bolívares de pensión y cerca de 1000 bolívares como jubilado. Con esos ingresos, acceder a un centro de salud privado para tratar sus cataratas resulta económicamente imposible.

“Cada cierto tiempo solicitamos información en el Ipasme. No quede bien del ojo operado y en el otro estoy perdiendo la vista. Lo que gano no me alcanza para nada”,

recalcó.

La situación se repite en otros casos. El Ipasme Maracay mantiene desde hace más de un año en lista de espera a Jhon Ceballos, pensionado de 74 años, sin ofrecerle hasta ahora una respuesta favorable para su intervención quirúrgica.

Hace dos meses, Ceballos acudió a la sede del organismo, ubicada al norte del municipio Girardot. En esa ocasión le informaron que su cirugía por cataratas podría realizarse en Caracas, a más de 70 kilómetros de distancia.

“¿Cuánto es el costo para trasladarse a Caracas? Sin contar la alimentación. No es que llegamos y de una vez nos van a atender. Esperamos que el Ipasme active las intervenciones”, dijo Ceballos, quien es jubilado de la gobernación de Aragua.

Al menos 39 adultos mayores a la espera

La Asociación de Educadores Jubilados y Pensionados de Aragua registra al menos 39 adultos mayores con problemas de visión, entre ellos cataratas y pterigion.

“25 son docentes y el resto son ciudadanos que buscan apoyo en la Asociación. Aspiramos que el gobierno regional haga las diligencias para que los operen”, destacó Teodomiro Aguilar, presidente de la organización.

La Asociación Civil de Educadores Jubilados y Pensionados Unidos del estado Aragua tiene un listado de personas que necesitan intervenciones. Foto: Crónica.Uno

El Ipasme Maracay arrastra desde hace años una situación crítica con jubilados y pensionados. En octubre de 2024, los docentes protestaron de forma reiterada para exigir la reinauguración de unas instalaciones que aún no responden a sus necesidades.

El cierre prolongado y la reapertura pendiente de la sede local, así como la percepción de paralización de servicios médicos, han sido temas recurrentes en las quejas públicas de educadores jubilados y pensionados en Aragua.

Aguilar agregó que, fuera del registro de la Asociación, existen unos 500 trabajadores inscritos en el Ipasme que también requieren operaciones de la vista. Este dato se enmarca en una crítica más amplia sobre la capacidad de respuesta del Ipasme en todo el país, un organismo que atiende salud a docentes, administrativos y obreros adscritos al sector educativo desde hace décadas.

Desde las entradas de las sedes hasta las salas de espera, la falta de respuestas y la acumulación de casos como el de Ismael y Jhon parecen confirmar una tensión entre las necesidades de los afiliados y la operatividad real de la institución, una tensión que permanece sin resolverse.

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