La película Rosemead está basada en un hecho real que fue divulgado en el año 2017 por el periódico Los Angeles Times.
Caracas. Rosemead es la más reciente película protagonizada por Lucy Liu. Basada en hechos reales, la cinta cuenta la historia de Irene, una madre con una enfermedad terminal que apenas logra manejar la incertidumbre de su condición. La situación se complica cuando descubre los embates de la esquizofrenia de su hijo, Joe (Lawrence Kao).
Los delirios y la paranoia del adolescente tensan aún más la dinámica de un hogar ya afectado por la muerte del esposo de Irene. Es un registro actoral para Lucy Liu quien se desempeña de manera desgarradora como una madre que ve cómo su mundo se desmorona. Todo un conflicto de la vida real, un hecho que originalmente fue registrado por el periódiuco Los Angeles Times en 2017.
Sus esfuerzos por mantener el control y proteger a los suyos se desvanecen cuando aquello que escapa a su voluntad se convierte en una realidad ineludible. Vía Zoom, la actriz conversó con Crónica Uno sobre Rosemead , al cual considera necesario para la comunidad asiática en Estados Unidos.

— Rosemead es una gran película, muy triste, pero con una historia potente. Vemos a una madre enfrentando dos frentes: su salud y la vulnerabilidad de su hijo. Durante tu trabajo, ¿hubo alguno de estos dos problemas que te conmoviera más que el otro?
— Gracias por ver la película y recibirla de esa manera. Siento que la tensión entre la pérdida de su esposo y el deterioro de su salud fue el detonante emocional de cómo ella también empezaba a perder a su hijo. El tema del duelo sienta las bases para el ritmo de la película hacia el final. Emocionalmente, la urgencia de intentar mantener todo bajo control mientras se desmorona físicamente crea un elemento de suspenso: ¿Podrá con todo? ¿Cómo va a terminar esto?
Creo que el público tiene la esperanza de que haya una salida, especialmente cuando encuentra a su hijo tras su desaparición, pero no es el final de la historia. Ella pensó: «Ya está en casa, se duchó, le di la medicina, todo estará bien». El momento en que se da cuenta de que no hay esperanza fue cuando supo que él seguía mal a pesar de sus esfuerzos; no podía recomponerlo todo porque le faltaba información para entender el diagnóstico.
— Es una decisión difícil. ¿Cómo llegó a esta historia? ¿Leyó el reportaje publicado en 2017 por Los Angeles Times?
— Me enviaron el guion y el artículo. Leí primero el guion porque a veces leer el libro antes de ver la película puede decepcionar; quería recibir la historia tal como era. Es casi increíble cuando lees el guion porque no puedes creer el desenlace. Si no estuviera basada en una historia real, la comunidad asiática no la creería; pensarían que se intentó forzar un mensaje y se fue demasiado lejos. Es vital ver lo desesperada que estaba esta mujer, cuánto amaba a su hijo y cómo vivía sumida en un mar de miedo.
— ¿Cómo fue trabajar con Eric Lin en su debut como director y cómo manejaste la presión de adaptar una historia tan delicada como Rosemead ?
— Eric Lin creó una película hermosa. Aunque es su primer largometraje como director, él viene de la dirección de fotografía; es amable, gentil y entiende profundamente a los actores. Esta película necesitaba eso. Estoy muy orgullosa de él y sé que tiene mucho por explorar en la narrativa.
Para mí, la importancia de esta historia radica en que no teníamos algo así en nuestra filmografía. La salud mental en la comunidad asiática no existe en el cine estadounidense. Saber eso me llenó de tristeza. Es una invisibilidad que debe detenerse; no se puede borrar lo que existe. Tenemos la responsabilidad de compartir esta historia. Fue un proyecto difícil de financiar —tuvimos 16 inversionistas— porque la gente dudaba de su rentabilidad. Pero a veces no se trata de dinero, sino del impacto, del legado, de salvar vidas y generar diálogo.
— Esa urgencia parece ser lo que te mantuvo comprometida durante siete años. ¿Cuál es el mensaje más urgente para la comunidad asiático-americana sobre la salud mental en Rosemead?
— El mensaje es comprender que existe un estigma real y mucha vergüenza cultural. No podemos permitirnos perder a nuestros jóvenes por no comprender lo que les sucede. La esquizofrenia tiene un componente genético y hereditario que la gente no siempre entiende. Si ella hubiera tenido más educación o alguien que la orientara, probablemente habría tomado decisiones diferentes y el resultado habría sido distinto.
— ¿Cómo trabajaste con Lawrence Kao para representar la enfermedad de Joe en Rosemead ?
— Lawrence tenía una conexión emocional muy fuerte con el personaje. Transmitía una sensación auténtica, sin magnificar la esquizofrenia ni sobreactuar. Esa sutileza fue fundamental para mi capacidad de conectar con él como madre. Dije: «Puedo hacer la película, pero si no encontramos al actor adecuado para el hijo, no hay proyecto». Tuvimos la suerte de encontrar a Lawrence. Él aportó mucha historia a su personaje y logró transmitir ese dolor de forma natural. Tiene una carrera brillante por delante.
— Por último, ¿puedes saludar a la gente de Venezuela?
— Me encanta Venezuela. Nunca he estado allí, pero todas las personas que he conocido de allá son cálidas, hermosas y llenas de sol. Me alegra mucho saludarlos a todos.
— Muchas gracias, Lucy. Un gusto.
— Gracias, me alegró verte. ¡Adiós!
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