El alto costo del calzado y del vestido obliga a las personas a cuidar más sus prendas y en otros casos a remendar las que se les dañen.
Gabriela Berroterán / @gabyestibalys
Caracas. Con 36 años de trabajo en la esquina El Conde, Wilfredo Coronado, asegura que en los últimos meses sus ingresos se incrementaron, porque “las cosas están muy caras y la gente manda a pulir o limpiar los zapatos, para tratar de mantenerlos en buen estado. Por eso me va bien, trabajo desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la tarde”.
Los elevados precios de los zapatos y de la ropa han llevado a más venezolanos a reparar sus prendas, por ello, algunos negocios y personas que trabajan haciendo arreglos tienen una mayor demanda.
Coronado, que vive en El Junquito, cada mañana se traslada a su lugar de trabajo, donde muchos de sus clientes —además de recibir el servicio de limpieza y lustro del calzado por 200 o 300 bolívares— “aprovechan para desahogarse por alguna situación personal, o incluso por la del país”.
“Hablan de las colas y lo complicado que todo se ha vuelto, muchos creen que están en la silla de un psicólogo, yo solo hago mi trabajo y eso sí, los escucho atentamente, eso me ha servido para mantener una gran clientela”, contó.
Aunque atiende hasta 15 personas por día, afirma que no es suficiente para sus gastos diarios por la inflación y la escasez de los productos básicos.

Para Alfredo Vera, también limpiador de zapatos y con su puesto ubicado a pocos pasos del Teatro Principal de Caracas, la situación no es muy diferente. En su caso, dice que el clima puede determinar qué tan movida será su jornada laboral, pero sin duda “son muchas las personas que prefieren cuidar lo que tienen, porque comprar cosas nuevas ahorita, es casi imposible”.
En el punto de trabajo de Vera los costos para limpiar y pulir oscilan entre 250 y 300 bolívares cada uno.
María Quintero emprendió su negocio de arreglo de zapatos hace un año. Tiene un local en la avenida Universidad donde ofrece los servicios de costura y pegado entre 1.000 y 3.000 bolívares. Asimismo, a quienes desean cambiar la suela de su calzado les toca desembolsar 10.000 bolívares y para hacer un cambio en el modelo o color de sus trenzas deben invertir 400 o 500 bolívares.
Quintero indica: “hay más gente que repara porque es más accesible y ya muchos no tienen la posibilidad de comprar porque no les alcanza el dinero ni para comer”.
Para adquirir un par de zapatos nuevos las personas deben destinar por la medida chiquita casi dos salarios mínimos (30.000 bolívares).
Arreglo y Costura ante la crisis
La señora Carmen se dedica desde hace más de 15 años a los arreglos pequeños de ropa desde su casa en San Martín. En principio, solo atendía a conocidos, amigos y familiares, pero durante los últimos años su cartera de clientes aumentó.
En la actualidad ofrece sus servicios a través de las redes sociales y mantiene precios competitivos con el mercado, toma los ruedos de los pantalones por 2.500 bolívares, arregla cierres en 3.000 bolívares y si falta un botón en la camisa, lo coloca por 1.000 bolívares.
A pesar de los precios, muchas personas optan por los arreglos, dado los costos que tiene la ropa. Una prenda sencilla no baja de los 15.000 bolívares.
Estefani López, trabajadora de una escuela pública, cuenta que ha mandado a coser pantalones viejos que usaba para trabajar “porque comprarlos ahorita es casi imposible. Como si no fuera suficiente la preocupación por la comida, ahora también debo pensar en qué me pondré para trabajar y en este país ¡antes muerta que sencilla!”
Recientemente, algunas personas optaron por comprar tela y mandar hacer su propia ropa. Tal es el caso del estudiante de administración, José Cárdenas. El joven de 19 años y residente de Catia, señala que, por el alto costo, “prefiero comprar la tela, así puedo decidir el modelo y el color exacto de lo que quiero usar. Tengo la facilidad que mi hermana sabe cortar y coser. La verdad no tengo la plata para comprar una camisa en más de 30.000 bolívares”.

Cárdenas añadió: “con sólo 8.800 bolívares estoy llevando material para que me hagan al menos dos suéteres y una franela, con ese dinero no me compro nada en una tienda”.
Un pasatiempo que se convirtió en su sustento
Raquel Márquez nunca pensó que el regalo que recibió de su suegra hace más de 25 años, hoy le serviría para ganarse la vida. Graduada como periodista, con cuatro hijos, tuvo que abandonar su profesión por la situación coyuntural que vive el país, “tomé esa pequeña máquina de coser que tenía en una esquina de mi casa y la puse a producir”.

Motivada por su destreza con las manualidades y empujada por una de sus hijas, cuenta Márquez: “hago pantalones por 10.000 bolívares, blusas en 7.000 bolívares, shortcitos en 22.000 bolívares y hasta accesorios playeros por la temporada vacacional. Ahorita la gente está mandando a coser, porque saben que así es mucho más económico”.

Confiesa que “se dedica a la ropa de mujeres porque la de hombre es mucho más complicada y para eso necesita una máquina especial”.
Fotos: Miguel González

