Para Nicmer Evans la lucha por el derecho al voto debería ser el motor detrás de la estrategia de la oposición

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El politólogo y dirigente del Movimiento Democracia e Inclusión, mantiene que centrar la lucha en el derecho al voto permitiría darle un sentido político a la movilización y la protesta opositora, algo que cohesionaría al bloque democrático y le daría más fuerza para presionar por condiciones electorales.

Caracas. Las realización de las elecciones parlamentarias, la designación de nuevos integrantes del Consejo Nacional Electoral (CNE), y la escogencia de la directiva de la Asamblea Nacional (AN) son los temas top de la opinión pública desde que inició el año.

Para el politólogo Nicmer Evans, quien también es secretario político del partido Movimiento Democracia e Inclusión (MDI), esto es algo que la oposición debería aprovechar para poner como punta de lanza en su estrategia de la lucha por el derecho al voto y mejores condiciones electorales.

Evans sostiene que esto podría dar sentido político y un objetivo claro a las movilizaciones de la oposición venezolana, lo que a su vez le permitiría llegar en mejores condiciones a unas eventuales negociaciones con el gobierno de Nicolás Maduro.

En una entrevista concedida a Crónica.Uno, el politólogo explica además que resulta necesario analizar los errores cometidos para plantear una nueva estrategia, en especial en un año en el que el tiempo es crucial para los dos principales sectores de la política venezolana.

¿Qué lectura le das a lo que ha ocurrido en la AN con las dos directivas?

—El objetivo es debilitar a Guaidó. El objetivo era poder fraccionar y dividir aún más a la oposición. El Gobierno tiene algo muy claro: la oposición es diversa.

Sigue existiendo el problema de que la oposición sigue atendiendo al problema de confrontar a una dictadura como si estuviéramos en una campaña electoral y eso deforma la posibilidad de atender todas las artimañas que idea el corruptor.

Pero una cosa que hay que tener en cuenta es que cada paso que avance hacia la profundización de la dictadura genera contradicciones en el gobierno porque les exige a sus militantes más violencia y eso va en contra del sostenimiento porque lo hace en una condición de minusvalía económica.

¿Cuál podría ser la estrategia de la oposición ante lo que pareciera ser una nueva etapa de ofensiva del oficialismo?

—Principalmente, analizar cuales han sido los errores y cuáles han sido los aciertos, y sobre eso profundizar en el cambio de giro de las estrategias. Yo creo que se ha intentado, creo que la gira de Guaidó en este momento es parte de eso. Incluso pronunciamientos como el de Mike Pompeo y Elliott Abrams en relación con la necesidad de la salida del conflicto por una vía negociada o electoral, van anticipando el hecho de controlar esa ansiedad por la resolución inmediata del conflicto a través de unos drones o un misil. El reforzamiento de la presión internacional se ha fortalecido muy bien y creo que una de las grandes debilidades ha sido el no poder hacerlo viable a lo interno del país.

¿Qué ocurre con las elecciones Parlamentarias dentro de la estrategia de la oposición?

—Hemos estado muy claros en coincidir que hoy la disputa y la lucha en la calle debe estar acompañada por la disputa del derecho al sufragio. No caemos en el dilema de confrontar sobre si debemos ir o no ir a unas elecciones porque eso pasa por un elemento previo: la disputa de las condiciones. Esa disputa puede permitir que en algún momento podamos pensar en participar electoralmente al menos en el caso del MDI, y creo que también debe ser un dilema por parte del sector de la oposición.

¿Sientes que el chavismo busca promover un escenario de abstención?

—Por supuesto. Pero creo que la presión internacional a la que ellos son susceptibles, aunque no lo parezca, coincide con el hecho de que por más que ellos jueguen a estimular la abstención, llegado el momento crucial tengamos que definir por una vía electoral. Ellos, por supuesto, halarán hacia sus conveniencias. De hecho, lo que se hace en la AN con Parra es un claro atentado en contra de lo que se había avanzado en cuanto a la designación de los nuevos miembros del CNE.

¿Consideras que la abstención es una ruta válida para la oposición?

—Es todo un debate. Hay precedentes muy fuertes de fraude. No solamente en la construcción de la elección hacia el 20 de mayo de 2018, sino en las elecciones de la Constituyente. Creo que la decisión que se tome debe ser una que genere el mayor consenso posible y atendiendo la demanda de la gente. Cuando se decidió no participar en 2018 no fue que la cúpula política decidió y el pueblo obedeció, sino al contrario: en aquel momento la gente no hubiese votado así se le hubiese dicho que lo hiciera. Hoy esa misma gente quiere votar con ciertas condiciones. Un estudio de la consultora Poder y Estrategia que saldrá próximamente señala que más del 70 % de la población posiblemente participaría si hay cambio en el CNE y observación electoral. La dirigencia tiene que hacer una lectura de esa opinión.

¿Qué puede hacer la oposición para conseguir esas y otras garantías para las elecciones?

—Son varias cosas. Una es tener claro que ninguna condición va a ser conseguida solo a través de un proceso de negociación porque ellos (el Gobierno) se burlan de la negociación y un error claro es que cada vez que se va a negociar se desmoviliza la gente. Si no logramos conseguir mejores condiciones eventualmente vamos a seguir con el juego trancado y en la expectativa de la solución del dron o el misil.

¿Pero cómo mantener a la población movilizada si en las últimas convocatorias opositora se ha visto una caída en la cantidad de personas que asisten?

—Es fluctuante. En el 2018 nuestra preocupación era cómo generar manifestaciones y protestas para poder calentar la calle, pero ese año fue de las mayores cantidades de protestas, pero anarquizadas, sin sentido político ni orientación. Lo que hay que entender es que no se trata de un problema de desprecio a la posibilidad de movilizarse. Lo que la gente está demandando es movilizarse con sentido, con orientación y con la confianza de que se va a lograr algún tipo de resultado concreto para el bienestar colectivo. Cuando Guaidó apareció en 2019 mucha gente tomó como suya su agenda, ahora hay vaivenes, hay momentos en los que convoca y no llena media cuadra y otros en los que convoca y mueve el país. Un elemento que no se ha usado antes y que puede ser un detonante es la lucha por el derecho al sufragio.

¿Crees que existe una propuesta en caso de que la ruta que se escoja sea la abstención?

—La abstención traería como consecuencia la alimentación de la expectativa de la invasión, del sueño de que van a venir los marines, y esa tesis muchas veces desestimula la movilización. Si yo creo que va a venir alguien de afuera a resolverme los problemas, yo me echo en la hamaca, compadre, a esperar a que vengan a resolverme. Creo que la abstención haría más compleja la lucha y obligaría a un proceso de negociación parecido al del 2017 al que se fue en condiciones de debilidad.

¿Si la oposición centra su estrategia en la lucha por el voto, no es posible que desde el otro lado se busque estimular más aún la abstención?

—Por supuesto. El asunto es que mientras tú más disputes la posibilidad de que la resolución sea a través del voto, y mientras el Gobierno atente contra eso, vas a tener razones concretas para estimular a que la gente salga a la calle. Es más fácil movilizar a la gente después de un fraude, pero también hay precedentes de la necesidad de elecciones. El 23 de enero de 1958 se mueve en torno a la búsqueda de un sufragio transparente. Además, en esa lucha por el derecho al voto, te puedes encontrar a las Fuerzas Armadas, que no la encuentras en este momento porque para ellas la pugna es hoy un ‘quítate tú para ponerme yo’.

En el supuesto de que el TSJ sea el que decida cuáles serán las nuevas autoridades del CNE ¿Se puede participar en esas elecciones?

—Va a depender mucho de los nombres, pero en un principio te diría que no. Puede ser que el TSJ con el mandato de designar a los miembros del CNE entre en un proceso de negociación con uno o varios sectores de la oposición para escuchar nombres y aparentar diversidad y neutralidad. Eso pudiese ayudar a mejorar las condiciones electorales. Sin embargo, lo que planteamos en este momento es que eso no va a suceder. Si eso no sucede, se tensa aún más la condición de presión en la calle y de conflicto.

¿Es el tiempo una variable crucial? ¿Qué pasa si se llega al 5 de enero de 2021 y la oposición se queda fuera de la AN?

—El tiempo va a ir modificando la realidad de acción.

Lo que busca el Gobierno es que haya un sector de la oposición que se vaya a las armas. Los violentos buscan violencia, para eso corrompen, y todas las acciones de violencia contra la oposición lo que buscan es eso. Pero no hay condiciones para que la oposición se arme, no hay voluntad de ningún sector para ello.

El tiempo y la acumulación de violencia puede conducir a una exacerbación del conflicto que vaya más allá de la posibilidad del plano político y eso es grave.

¿El tiempo solo es crucial para la oposición?

—El Gobierno pensó que la burbuja económica iba a durar más tiempo para distraer a la gente, pero reventó muy rápido. Eso atenta contra el tiempo de ellos porque cada vez que se agudiza más la ingobernabilidad crece la posibilidad de un quiebre interno. No solamente juega Guaidó y la oposición, a lo interno del Gobierno hay otros factores, uno de los más importantes es el económico, cada vez hay menos que repartir del botín que han saqueado y eso hace que se agudice el conflicto entre los pranatos internos. Eso también lleva a pensar que Maduro debe ser sustituido antes de que lo sustituyan los gringos o la oposición. El tiempo amenaza a los dos factores y mientras se va alimentando la opción de Otro. Cuando buscas en la opinión pública por quién está dispuesta la gente a votar primero está ‘Otro’ con 38 %, luego Guaidó con 21 %, ‘Ninguno’ con 19 % y después viene Maduro con 10 %.


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