La falta de unidades de transporte público en Ciudad Guayana, el combustible racionado y las tarifas en alza obligan a ciudadanos de a pie a salir de madrugada para ir a su trabajo y regresar a casa de noche, tras horas de espera y colas interminables.
Puerto Ordaz. A las 5:30 a. m., cuando la ciudad apenas empieza a moverse y las calles siguen medio vacías, Juliana ya camina rumbo a la parada. Su día comienza antes que el ruido del tránsito y mucho antes que el amanecer para miles de trabajadores de Ciudad Guayana que, como ella, dependen de un transporte público cada vez más reducido y un sistema colapsado.
Desde Unare debe llegar hasta Alta Vista para hacer el primer trasbordo, un trayecto que antes era rutinario y hoy se ha convertido en un recorrido incierto, marcado por colas, esperas prolongadas y la constante pregunta de si podrá llegar a tiempo a su trabajo a las 7:30 a. m.
Con frecuencia, esa hora pasa y ella aún permanece en la parada, a la espera de una unidad que transite por su ruta. Su viacrucis no termina allí. A las 5:30 p. m. sale de su jornada laboral. Pero a esa hora son pocos los autobuses que circulan —una situación común en ciudades donde la poca rentabilidad reduce las operaciones en horas pico nocturnas—.
La empresa dispone de un transporte que solo llega hasta Alta Vista. Desde ese punto, el calvario vuelve a empezar: largas colas de usuarios que esperan por una unidad o ruegan por alcanzar un puesto en la que está cargando pasajeros.
“Por lo general agarro autobús rápido porque me quedo en la parada donde justamente empiezan a cargar pasajeros. Pero aún así llego a mi casa a eso de las 7:00 p. m. Hasta los carros por puestos se han puesto difíciles, y eso que cobran un dólar. La semana pasada opté por irme en pistero porque estaba lloviendo y tuve que esperar cinco carros”, relató a Crónica Uno.
Largo retorno
Las paradas de autobuses evidencian la crisis del sector. Faltan unidades: algunas por problemas con el despacho de combustible —un suministro que suele distribuirse de forma limitada y bajo cronogramas de control—, otras por daños mecánicos cuyos dueños no tienen recursos para cubrir el mantenimiento.
Para quienes deben tomar la ruta hacia San Félix, la situación suele ser peor. En Torre Caura —un punto de transferencia clave donde confluyen varias rutas de la ciudad—, hay días en que se observan hasta tres filas de pasajeros.
En las inmediaciones de la Plaza Monumento, donde se toma la ruta Macagua, el panorama no mejora. La espera se multiplica, y con ella la frustración de quienes solo quieren volver a casa.
“Llego a las 6:00 p. m. a la parada y a mi casa casi a las 8:00 p. m. Y eso porque no vivo en una zona de San Félix tan metida. Tengo compañeros que llegan como a las 9:00 p. m. y pagan más caro porque a partir de las 6:40 p. m. te cobran el pasaje hasta en 80 bolívares algunas unidades”, contó Marcelo.
Un servicio sin rentabilidad
Choferes y colectores consultados por Crónica Uno atribuyen el problema no solamente a la falta de combustible, pues para ellos se mantiene un listado con las unidades que deben acudir cada día a la estación de servicio Borges, designada para el transporte público.
Cada autobús recibe 70 litros diarios de diésel o 50 litros de gasolina. Por ello, muchos recurren al mercado negro para completar la jornada, pues el despacho por unidad ocurre solo cada dos o tres días. También alegan que la inflación consume los 40 bolívares que pagan los usuarios por pasaje.
“No hay unidades, eso es una realidad. No hay cómo mantenerlas, ni uno mismo se puede mantener, Diariamente tenemos que entregar al dueño de la unidad 80 dólares. Ponte que diario hagamos 100 dólares. Quedan 20 para el chofer y el colector”, detalló el colector de una unidad de la ruta Unare-Sierra Parima.

Actualmente cobran el pasaje en 40 bolívares si es en efectivo. En caso de pago móvil, la tarifa sube a 50 bolívares —diferencia que responde a las comisiones bancarias y a la preferencia de los transportistas por efectivo—. “Nosotros pedimos que el pasaje sea de 0,50 dólares, con ajustes cada dos meses, igual que sube el dólar”, dijo un representante del gremio de transportistas.
15 años de antigüedad
Aunque no existe información oficial sobre la cantidad de unidades operativas en Ciudad Guayana, el gremio calcula alrededor de 1500 en todo el municipio Caroní. Una cifra que refleja la magnitud del parque automotor pero no su operatividad real.
No todas se activan a diario. Además de las dificultades mencionadas, muchos conductores prefieren trabajar en servicios privados que resultan más rentables —como empresas, rutas escolares o transporte por encargo—.
“El parque automotor tiene más de quince años sin renovación. Las unidades están deterioradas, quemando aceite y sin repuestos. Los conductores no pueden cubrir los costos con las tarifas actuales”,
dijo Aliana Estrada, coordinadora del Observatorio de Servicios Públicos en Ciudad Guayana.
Las autoridades regionales y municipales no se han pronunciado sobre el colapso del transporte público en la ciudad. La última información proviene de junio de este año. Entonces, la gobernadora Yulisbeth García se reunió con transportistas para evaluar propuestas y estrategias orientadas a mejorar el servicio —un encuentro que, hasta ahora, no ha tenido resultados visibles para los usuarios—.
Al final del día, la crisis del transporte público no solo retrasa viajes: afecta la rutina, la tranquilidad y la calidad de vida de quienes dependen de él. No es solo un servicio que falla, sino un desafío que atraviesa la vida cotidiana de la ciudad.
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