Durante la Semana Santa, muchas familias enfrentan el desafío de mantener la tradición de consumir pescado en lugar de carne. La búsqueda de precios competitivos marca la pauta del consumo de productos del mar, y en los mercados populares de Caracas la sardina se corona como la alternativa que le gana la partida al bolsillo, un año más.
Caracas. La Semana Santa no solo se celebra con fervor religioso, sino también con un ritual que une tradición y sacrificio: sustituir la carne por pescado. No obstante, el alto costo y la inflación obligan a muchos caraqueños a recorrer la ciudad y ajustar su presupuesto, convirtiendo una costumbre milenaria en un desafío económico.
En mercados populares de Caracas, el pescado dejó de ser una alternativa accesible para convertirse en un gasto que obliga a priorizar, reducir cantidades o sustituir productos, según coinciden compradores y vendedores consultados, en medio de una economía marcada por la inflación sostenida, el aumento generalizado de precios y la devaluación de la moneda.
Crónica Uno recorrió los mercados de Quinta Crespo y el Mayor de Coche, dos de los principales centros de abastecimiento de alimentos en la capital venezolana, para pulsar la opinión de los compradores, quienes realizan verdaderos esfuerzos económicos para adquirir esta proteína proveniente de las costas nacionales.
Las sardinas, el coro coro, la cojinúa y el bagre rayado figuran entre las especies preferidas por los consumidores, peces de consumo masivo por su bajo costo y alto rendimiento en preparaciones familiares, por su rendimiento y porque sus precios se ajustan al presupuesto familiar al ser relativamente competitivos.

Peregrinar contra la inflación
Ernestina vive en Caricuao y decidió emprender el viaje con su hijo hasta el mercado mayorista de Coche, ubicado en el suroeste de Caracas y conocido por ofrecer precios más bajos al detal, para comprar el pescado que ella y su familia consumirá en la Semana Mayor.
“Atravesé toda la ciudad para venir a comprar el pescado aquí en Coche. Desde hace muchos años lo hago porque se consigue el pescado fresco y a buen precio. Me traigo mi cava con hielo y me llevo un buen surtido sin gastar mucho”, contó.
La usuaria señaló que el mercado de Coche tiene una ventaja que, a su juicio, otros establecimientos no ofrecen: una amplia variedad de productos.
“Aquí hay pescado para todos los bolsillos. El kilo de sardina entera está en Bs. 800, el tahalí me costó Bs .2.000 el kilo, la raya Bs. 1.800 y lo más caro que llevo es el cazón que me costó Bs. 3.100 el kilo. En otras pescaderías me hubiesen quitado un ojo de la cara para comprar el pescado”, señaló.
El monto de su compra rondaba los Bs. 13.000, que al tipo de cambio vigente del Banco Central de Venezuela (BCV), ente emisor encargado de fijar la referencia oficial del dólar en el país, representarían unos $30.
El recorrido evidencia una constante: mientras más económico es el producto, mayor es su demanda, lo que desplaza a especies tradicionalmente consumidas hacia un segundo plano.

Un viacrucis diario
Rolando Carrasquel hace sus compras en el patio de pescaderías de Quinta Crespo y aseguró que cada día es más costoso adquirir productos del mar.
“Siempre compro pescado aquí en Quinta Crespo porque lo consumo mucho, muchas veces sale más económico que comprar carne o pollo. Lo único malo de esta época, es que siempre lo aumentan y luego que pasa el asueto, lo vuelven a bajar”, explicó.
Reveló que en febrero compró lomo de atún rojo a $10 el kilo y en esta oportunidad tuvo que pagarlo en $13,9. “La diferencia entre el mes pasado (febrero) y marzo es de casi $4, a eso tenemos que sumarle que el dólar está mucho más caro, porque uno paga en bolívares a tasa BCV”, indicó.
Este aumento equivale a un incremento cercano a 39 %, una variación significativa en un período corto de tiempo, en apenas un mes, según el propio testimonio del consumidor, lo que refuerza la percepción de encarecimiento acelerado.
Según su cuenta, se requiere un presupuesto mínimo de $50 para comprar no solo pescado, sino también mariscos y moluscos, productos considerados de mayor valor dentro del consumo de proteínas marinas.
“Hay pescados de todos los precios, pero los tradicionales como el atún, el pargo rosado, el mero, el carite sierra, son pescados costosos. Si a eso le sumas un medio kilo de camarones y un medio kilo de calamares, fácil se te van unos $50 y hasta más, dependiendo del sitio donde lo compres. Ya si quieres comer salmón, con solo 2 kilos ya gastaste los $50”,
precisó.
Así, el consumo de pescado durante la Semana Santa deja de ser una práctica generalizada y pasa a depender de la capacidad de gasto de cada hogar, en un contexto de ingresos limitados y precios al alza.

Sardinas y atún de lata
“La Semana Santa la voy a pasar con unas latas de atún y de sardinas, porque no me alcanza para comprar pescado fresco, eso está muy caro. Si me alcanza compraré unas pepitonas picantes con galleta de soda, para que no pase por debajo de la mesa”, respondió con ironía Asdrúbal, un parquero que se gana la vida en una reconocida cadena de farmacias ubicada en las inmediaciones del Mercado de Coche.
Su caso ilustra un patrón crecientel, especialmente en estas fechas tan importantes en la tradición católica: la sustitución del pescado fresco por opciones procesadas o enlatadas, es decir, productos industriales de mayor duración y menor costo inmediato, como mecanismo de ajuste ante la inflación.
Para él, el precio de los alimentos está sumamente alto, y espera que la economía del país mejore para volver a reencontrarse algún día con alimentos frescos como los que consumía cuando era niño.
“Mi vieja (en alusión a su madre) siempre compraba sardinas, bagre, hacía sancocho de curito porque nosotros somos de oriente, pero eso se acabó desde hace bastante tiempo, nos agarró la crisis y uno ahora tiene que comprar hasta donde la alcance la cobija. Ojalá esto mejore algún día, porque ya hemos pasado demasiado trabajo”, dijo.

Contraste de precios
En el mercado mayor de Coche, la sardina es el producto más económico, con un valor de Bs. 800 por kilo. Especies como el tahalí, el bagre rayado, la cojinúa, el coro coro y la lizca se cotizan en Bs. 2000 el kilo, mientras que el cazón se consigue entre Bs. 3000 y 3200.
El filete de corvina asciende hasta Bs. 4000 el kilo, mientras que el lomo de atún tiene un valor de entre Bs. 6000 y 6500. Los precios de los mariscos son los únicos expresados en dólares en el mercado de Coche, una práctica común en Venezuela para protegerse de la devaluación del bolívar, y van desde $12 el kilo de camarón hasta $14 el kilo de calamar y de camarón precocido.
Dentro del mercado de Quinta Crespo, el lomo de atún rojo y blanco tiene un valor de $13,9; el mero en ruedas cuesta $8,9 el kilo; el carite sierra $4,9; la merluza $9,9 y el pargo grande $12.
La diferencia de precios entre especies evidencia una segmentación clara del consumo, es decir, una división del mercado ajustada a la capacidad de pago de los consumidores: mientras los productos más económicos sostienen la tradición, los de mayor valor quedan restringidos a un grupo reducido de compradores.

Las ventas han mejorado
El encargado de una pescadería en el mercado de Quinta Crespo, quien pidió mantener su nombre en resguardo por motivos de seguridad, destacó que las ventas en la semana previa al asueto religioso han mejorado con respecto al mismo período del año pasado.
“El año pasado lo que se vendió bastante fue la sardina, la cojinúa, el bagre, el cazón, que era lo más económico, ahorita la gente está invirtiendo un poco más y se llevando atún, filet de merluza y de curvina, el cazón y la sardina siempre se vende. El mixto para hacer arroz a la marinera también se está vendiendo bien”.
Este repunte, sin embargo, no implica una recuperación del consumo, sino un leve ajuste en los patrones de compra dentro de un contexto aún restrictivo, marcado por ingresos limitados.
Con respecto al incremento de precios, aclaró que en Semana Santa siempre se aplica un ajuste, tanto en el comercio minorista como en el mayorista.
“Si los distribuidores nos aumentan, nosotros también ajustamos. El gran problema ahorita, para todo el mundo, es la devaluación, porque si pagas en bolívares sientes cómo todos los días aumentan los precios, pero si te pones a ver, los precios en dólares básicamente siguen siendo los mismos. El mejor ejemplo que te puedo dar es la sardina, tiene más de un año costando $1,6 el kilo”, detalló.

Peor que el año pasado
Carlos, quien tiene un puesto en La Playa, lugar donde se comercializa pescado en el mercado mayor de Coche, aseveró que las ventas para esta Semana Santa están bajas con respecto a otros años.
“Las ventas siento que han bajado si las comparamos con años anteriores. Tu puedes ver mucha gente, pero la gran mayoría está mirando, comparando precios y si compra algo, entonces tratan de llevarse lo más económico para cumplir con la tradición”,
opinó.
Indicó que los productos de mayor venta son las sardinas, el jurel, el bagre rayado, el coro coro y la raya. “Antes se vendía bastante cazón, para hacer empanadas o pastel, pero en esta oportunidad las personas prefieren llevar pescados más baratos. Ahorita no estoy vendiendo ni lomo de atún, ni lomo de aguja, tampoco mero, porque es poca la gente que lo compra”, expuso.
Justificó la disminución en las ventas por la limitada capacidad de compra de los caraqueños y la inflación.
“Uno es comerciante pero también es consumidor y sabe que las inflación y el alto costo de los alimentos no están asfixiando a todos. El gobierno tiene aumentar el salario mínimo a $ 200 o $ 300 para que la gente pueda gastar, el comercio se normalice, se estabilice el dólar, hace falta una mejora en la economía para recuperar la calidad de vida”, reflexionó.
De este modo, la Semana Santa en Caracas ya no solo refleja una tradición religiosa, sino también las tensiones económicas de un país donde mantener las costumbres conlleva, cada vez más, hacer sacrificios, incluso en alimentos básicos asociados a la identidad cultural.
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