La familia de Yon lamenta que los organismos policiales no tengan respeto por las personas que viven en sectores populares, en donde se saltan los protocolos previos y “disparan a matar” sin mediar palabras.

Caracas. “Por favor, no me maten delante de mis hijos”, suplicó Yon*, antes de recibir varios disparos por parte de presuntos funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas (Cicpc), cuando estaba en su casa ubicada en la parroquia El Paraíso.

El hombre, de 35 años de edad, fue acusado de estar implicado, supuestamente, en el asesinato de un residente de San Agustín del Sur. No obstante, su familia asevera que él no tiene nada que ver en ello.

Su madre, quien desde el martes, 15 de abril, espera en la sede del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), en Bello Monte, agradece a Dios porque salió de la casa 20 minutos antes, por lo que no tuvo que presenciar el asesinato de su hijo ni el llanto de sus cuatro nietos, tres de ellos, menores de edad que quedan a cargo de su madre.

Es por ello que desmiente la versión que indica que su hijo murió durante “un enfrentamiento” con los uniformados.

“Ellos entraron a la casa a las 6:00 a. m. sin mediar palabras. No les importó que los niños estuviesen ahí. Después se los llevaron descalzos, como unos locos, al Cicpc de El Paraíso. Menos mal y yo me había ido a trabajar, creo que me hubiese hecho matar junto a él. Mis nietos de seis y tres años están acudiendo al psicólogo por lo que vieron”, manifiesta la madre.

Una de sus mayores críticas es contra la actuación de los cuerpos policiales que, además de entrar a su hogar sin una orden judicial, presuntamente robaron varias de sus pertenencias y llevaron a cabo otras acciones que significan para ellos “una burla” por parte de quienes deben hacer que la población se sienta protegida.

“Hicieron lo que les dio la gana: me quitaron 150 dólares, unas botellas de licor, colonias, crema de manos, desodorantes. También se tomaron un jugo que había en la nevera y el café que había dejado para el desayuno”, denuncia.

Disparar antes de hablar

El hermano de Yon lamenta que los organismos policiales no tengan respeto por las personas que viven en sectores populares, en donde se saltan los protocolos previos y “disparan a matar” sin mediar palabras ni respetar los hogares a los que entran. Como si para este sector no existieran las garantías, o derechos.

“Independientemente de lo que se le culpe, se trata de un ser humano. Las cosas no pueden hacerse de esa manera. Lo peor es que uno no puede ir a denunciar porque quienes cometen estos actos, son los mismos que te atienden”, insiste.

Los familiares aseguran que Yon sí tenía antecedentes penales. Sin embargo, no estuvo implicado en el hecho del que se le acusa puesto a que durante ese tiempo se encontraba en el proceso de “iyaworaje”, como practicante de la religión yoruba esperaba por culminar su primer año de iniciar en esta doctrina.

Provea documentó que entre 2013 y 2023 al menos 10.085 personas fueron asesinadas por agentes de seguridad, la mayoría de estos casos continúan sin ser investigados.

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