Polvo del Sahara y escombros de los terremotos  no guardan relación ni representan un peligro
"persisten concentraciones leves a moderadas de Polvo Sahariano en el país". Foto: Inameh

La llegada del fenómeno sahariano coincide con la preocupación ciudadana por el polvo que generan las toneladas de escombros de los edificios colapsados. Sin embargo, el meteorólogo Valdemar Andrade descartó una interacción peligrosa entre ambos eventos y destacó que octubre será el mes más caluroso por  la llegada del Niño que se extenderá hasta febrero de 2027.

Caracas. A la sofocante sensación térmica que se vive en las calles se le suma un horizonte blanquecino que genera dudas: ¿afectan los restos del reciente sismo la calidad del aire que se respira en la ciudad? La respuesta científica es un rotundo no.

El polvo del Sahara atraviesa el Caribe, que está en su temporada lluviosa habitual. Allí genera la calima típica de estas fechas, sin que los recientes derrumbes afecten su densidad.

El meteorólogo e investigador de la Estación Hidrometeorológica de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Valdemar Andrade, explicó a Crónica Uno que el comportamiento de este evento sahariano y aclaró que, aunque ambos fenómenos liberan material en suspensión, o pequeñas partículas sólidas que flotan en la atmósfera, el impacto de cada uno es completamente distinto.

Cada año, este fenómeno, una masa de aire seco cargada de partículas minerales que se levanta en el desierto africano, cruza el océano Atlántico y alcanza a Venezuela. El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) reportó el pasado lunes, 10 de agosto, que esta nube de aire seco se extenderá hasta el 17 de agosto próximo sobre la franja del Caribe.

Este evento, que ocurre al menos una vez al mes durante la época de lluvias, es también el causante de la calima, una bruma densa formada por partículas en suspensión que disminuye la claridad del aire. Esta concentración de polvo da al cielo un tono opaco o blanquecino, reduce la visibilidad y altera de forma temporal la calidad del aire.

Sin embargo, en el contexto a casi 50 días del doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5 registrado el 24 de junio pasado en el norte de Venezuela, con epicentro cercano a La Guaira y graves afectaciones en la Región Capital y el centro del país, la llegada de la masa sahariana coincide con la preocupación ciudadana por el polvo que generan los destrozos y escombros. Esto encendió las alarmas por posibles afectaciones respiratorias y oculares.

Dos fenómenos distintos

Al respecto, Andrade aclaró que la cantidad de polvo que producen los escombros tras un sismo representa un hecho puntual de corta duración. En comparación con la masa gigante de aire que viaja desde África, el volumen de polvo de los derrumbes resulta insignificante. Es decir, no altera los niveles ni la concentración del fenómeno sahariano.

El experto señaló que la nube del Sahara visita el territorio nacional por períodos que van de cinco a siete días. Su impacto se concentra en la región norte costera con niveles de densidad bajos, por lo que no exige una alerta sanitaria extraordinaria.

A este panorama se suma el impacto de la quema de vegetación en el país. En febrero se detectaron 9052 focos de calor, puntos del terreno que registran temperaturas anormalmente altas asociadas a incendios o quemas de vegetación, a escala nacional.

De estos, 5367 focos se registraron en cuatro estados, liderados por Apure (2066 – 22,8 %) y Bolívar (1248 – 13,8 %). Estas quemas e incendios de temporada incrementan sustancialmente el humo y la calima en la atmósfera antes de la llegada formal de las lluvias.

En cuanto al comportamiento del clima, este material actúa de dos formas en la atmósfera. Por un lado, absorbe la humedad a su paso y se la resta a las ondas tropicales, canales de baja presión que se desplazan de este a oeste produciendo lluvias y tormentas, lo que frena la formación de nubes de tormenta e impide que se transformen en ciclones de mayor intensidad.

Algunas recomendaciones

Por otro lado, la acumulación de partículas crea una barrera que retiene la radiación solar y genera un efecto invernadero, un fenómeno por el cual el calor queda atrapado en las capas bajas de la atmósfera en lugar de escapar al espacio.

Esta combinación de falta de lluvia y calor atrapado explica el aumento de la temperatura y la sensación sofocante que han reportado los ciudadanos en los últimos días. Las mediciones del especialista confirman que el paso de esta nube mantiene hasta ahora sus parámetros habituales de frecuencia y duración.

Asimismo, reportes epidemiológicos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y del Ministerio de Salud coincidieron en que, aunque la concentración actual es baja, la exposición prolongada al material particulado, polvo fino y contaminantes invisibles suspendidos en el aire, puede intensificar las molestias oculares y los cuadros de asma o rinitis.

Pero, en situaciones donde se registren concentraciones densas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere tomar las siguientes previsiones:

  • Las personas con enfermedades respiratorias crónicas, adultos mayores, mujeres embarazadas y niños deben utilizar mascarillas o protectores respiratorios.
  • Ante resequedad o cuerpos extraños en los ojos, lave con abundante agua y use lentes de protección.
  • Es necesario cubrir los depósitos y tanques de almacenamiento de agua para evitar la contaminación con partículas en suspensión.
  • Conviene humedecer el suelo antes de barrer en el hogar para impedir que el polvo asentado se levante de nuevo en el aire.

Continuará el calor

Las proyecciones para los próximos meses también muestran un escenario complejo para el país. Andrade advirtió que Venezuela y la región caribeña enfrentarán una temporada con lluvias escasas debido a El Niño. Este evento climático consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales en el océano Pacífico.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) clasifica al fenómeno de El Niño en cuatro niveles según su intensidad: leve, moderado, fuerte y muy fuerte.

El especialista indicó que El Niño que está por llegar al país entra en la última categoría debido a un aumento superior a los dos grados Celsius en la temperatura de la superficie del agua en el océano Pacífico. Este incremento térmico se registró antes de la fecha prevista dentro de sus ciclos habituales.

“Desde el año 1950, la historia climática registra cuatro eventos de intensidad muy fuerte. Dos de esos períodos cerraron con precipitaciones por debajo del promedio, mientras que uno superó los niveles normales de agua. Esta estadística demuestra que la presencia de un episodio fuerte no provoca siempre una sequía extrema”,

detalló.

No obstante, los modelos de pronóstico actuales apuntan a una clara disminución de las lluvias en el país. Andrade agregó que las estimaciones fijan el inicio de este período seco en agosto de este año y proyectan su extensión hasta febrero de 2027. Durante este ciclo de temperaturas altas, el mes de octubre registrará los picos de calor más altos sobre el territorio.

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